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Pensamiento filosófico y actitud ante la vida, 12 de marzo de 2011

Pensamiento filosófico y actitud ante la vida, 12 de marzo de 2011

UNIVERSIDAD CARLOS III DE MADRID

Universidad para mayores, primer curso, 2010-2011

Asignatura: HISTORIA DE LA FILOSOFÍA

Pensamiento filosófico y actitud ante la vida

 

Francisco Limonche Valverde

flimonche@coitt.es

INDICE:

1 – Introducción

2 – Inicios de la filosofía

3 – Conclusiones

 

1 – Introducción

La filosofía (philosophia), amor por la sabiduría, es el hambre sutil que experimenta el Ser, que no sacia ni el conocimiento ni la observación mecánica del mundo externo.

Si el Ser busca alimento para el alma es por una necesidad no satisfecha. Si halla este alimento y la necesidad no se le aplaca es porque los nutrientes no resultan adecuados y ha de seguir en la búsqueda.

Buscamos a Dios como al Todo que complete la mayor de nuestras necesidades nutritivas. Lo paradójico es que aún teniéndole cerca sigamos teniendo hambre de él. Esto se convierte en una búsqueda extraña que probablemente no nos satisfaga hasta tanto no nos fundamos en la esencia misma de su origen. De igual modo buscamos el Amor, camino que allana la búsqueda, hasta tanto no enfoquemos la mirada hacia el centro del propio ser, donde es seguro habitan el uno y el otro.

En todo caso parece haber consenso entre los buscadores en que sea el Amor el lugar donde se halle la sabiduría.

Se busca de esta manera el amor como estela segura hacia Dios, asumiéndole suma de todas las intuiciones de las que el Ser es capaz de sentir.

Contraponer filosofía frente a ciencia experimental, espíritu o materia resulta un despilfarro para el sentimiento, y más en estos tiempos del 2011 cuando la humanidad se debate entre la subsistencia o el cambio de paradigma. Lo experimental surge siempre de la pregunta, del pensamiento manifestado en voluntad, vehiculada a través de la palabra, que culmina en la experiencia por la observación.

El espíritu por el contrario se manifiesta en el anhelo de la conciencia a través de lo profundo que nos habita, desde el lenguaje del amor, transparencia y deseo de compartir con los demás.

 


 

2 – Inicios de la filosofía

La filosofía surge como lenguaje del alma. Su origen se remonta al primero de los hombres, cuando en mitad de la nada alza su vista a los cielos, en noches de estrellas y firmamento infinito y se pregunta ¿quién soy y que he venido a hacer aquí?

De estas dos preguntas surge sin duda una tercera ¿quien da orden a todo esto?

La filosofía ha cambiado lo virginal de la Tierra. El hecho de haber elegido un sistema conceptual frente a cualesquiera otros ha situado la trayectoria vital de la humanidad en el sendero en el que ahora se encuentra.

La historia de la filosofía occidental se remonta a la Antigua Grecia, y se la puede dividir en cinco períodos: la filosofía antigua, la filosofía medieval, la filosofía renacentista, la filosofía moderna y la filosofía contemporánea.1 La filosofía antigua va desde el siglo VI a. C, hasta la decadencia del Imperio Romano, e incluye pensadores como Platón y Aristóteles. El período medieval llega hasta finales del siglo XV, cuando deja lugar al Renacimiento. La filosofía moderna va desde finales del siglo XVI hasta el período de principios del siglo XIX. La filosofía contemporánea comprende el desarrollo filosófico del siglo XIX hasta la actualidad, que incluye pensadores y escritores postmodernos.

FUENTE: http://es.wikipedia.org/wiki/Historia_de_la_filosofia_occidental 

La filosofía quizás sea una ruptura del sentido común. No obstante, también es cierto que esto ha sido en parte programado y condicionado por quienes en algún momento y por causas que al menos a mí me resultan desconocidas, han tenido el privilegio de ser conscientes de la panorámica en la que se desarrolla el teatro de la vida, desviando a su antojo y conveniencia el natural discurrir de la evolución de la conciencia.

Evolución entendida como próxima o no a la teoría de la evolución humana darwiniana, impuesta esta sí a sangre y fuego por los vencedores para justificar el orden establecido, desde los albores de la civilización de los hombres, sin que entonces supiéramos de su existencia.

El hombre se ha hecho preguntas siempre, cuando el hambre y el miedo no se lo han impedido. Las respuestas hasta ahora han sido más temor y más obediencia ciega a la autoridad impuesta, que seguir preguntándose.

No obstante, las mismas cosas que preocupaban a Platón siguen vigentes. Empero la rapidez de los nuevos usos conllevan y así también ha sucedido en alguna medida en los tiempos antiguos, el anteponer la emoción a lo esencial del Ser: que no es otra cosa sino la experimentación de la conciencia.

Platón (en griego: Πλάτων ) (ca. 428 a. C./427 a. C. – 347 a. C.) fue un filósofo griego, alumno de Sócrates y maestro de Aristóteles, de familia noble y aristocrática. Platón (junto a Aristóteles) es quién determinó gran parte del corpus de creencias centrales tanto del pensamiento occidental como del hombre corriente (aquello que hoy denominamos "sentido común" del hombre occidental) y pruebas de ello son la noción de "Verdad" y la división entre "doxa" (opinión) y "episteme" (ciencia). Demostró (o creó, según la perspectiva desde donde se le analice) y popularizó una serie de ideas comunes para muchas personas, pero enfrentadas a la línea de gran parte de los filósofos presocráticos y al de los sofistas (muy populares en la antigua Grecia) y que debido a los caminos que tomó la historia de la Metafísica, en diversas versiones y reelaboraciones, se han consolidado. Su influencia como autor y sistematizador ha sido incalculable en toda la historia de la filosofía, de la que se ha dicho con frecuencia que alcanzó identidad como disciplina gracias a sus trabajos. Alfred North Whitehead llegó a comentar:

 

Platón, que realmente se llamaba Aristocles, y cuyo seudónimo Platón significa el de espalda ancha -debido a que en su juventud había sido atleta-, era hijo de una familia que pertenecía a la aristocracia ateniense, concretamente a la familia denominada Glaucón. Su nacimiento habría ocurrido el 7 del mes de Thargelión (Mayo) en el 428-427.1 Su padre se llamaba Aristón, descendiente de Codro, último Rey de Atenas, y su madre Perictione, descendiente del legislador Solón y prima de Critias 

FUENTE: http://es.wikipedia.org/wiki/Platon

 

Hay sin embargo un algo que es eterno, repetitivo y constante en cada uno de nosotros. La distinción entre el SER y el ESTAR.

La esencialidad del SER la establece lo profundo y conciencial. La cualidad del ESTAR por el contrario tiene que ver con la adaptación al medio a través de la emoción.

Platón establece un paralelismo entre el Ser del mundo inteligible y el ESTAR del mundo de las apariencias, manifestado en lo sensible.

Las cosas en realidad no son lo que parecen. El mundo se mueve. La Tierra gira alrededor del Sol y las estrellas lo hacen alrededor de las galaxias. Pero si uno se detiene a contemplar esto, inmediatamente percibe que tiene que ver con el lugar desde donde observa las cosas. Bien pudiera ser que fuésemos máquinas conectadas experimentando los sentidos. En realidad sólo sé que soy el que Soy; más allá de esto la única certeza es la de mi mortalidad física y fecha de caducidad. De igual manera que el Ser exterioriza la emoción y su vida gira en torno al mundo de las ideas, mi vida mecánica queda sujeta a lo caprichoso de un destino que me marca el límite de esta experiencia.

El cuerpo puede entonces asemejarse a una cárcel, en la que el alma barrunta en soledad cómo recibir los rayos benéficos de entre los barrotes que la aprisionan.

Aprender es recordar; descorrer visillos que impiden a la conciencia recostada asomarse a la ventana desde la que contemplar el horizonte infinito aguardando en prados de verdura infinita el pasear del amado.

En realidad es seguro que el SER sabe en lo interno quién es y qué ha venido a hacer; pero son numerosas las cautelas impuestas para salvaguardar el recorrido de nuestra experiencia.

Somos en esencia seres de luz, fractales que contienen todas las cualidades prístinas de Dios, en la experiencia de vivenciar dimensiones que nos pertenecen en una medida que probablemente resulte difícil siquiera intuir desde lo racional.

Se produce así un desdoblamiento de dimensiones, manifestada en el ensueño o la meditación fundamentalmente, que nos conectan al tubo primordial de la luz del origen, de manera que en ocasiones esto se expresa en destellos o estrellitas fugaces, donde por unos instantes se nos permite aventurar a Dios en forma intuititiva y conciencial.

Todos los hombres aspiramos a la felicidad como camino seguro al Padre. Ocurre que el camino tortuoso elegido o impuesto nos evita la visión de la totalidad y sitúa a nuestro Ser en una situación de desventaja tal, que sólo el Amor puede calmar.

La felicidad entendida como conexión a Dios nos hace en algún momento sentir lo mejor de los dos mundos. El de la experiencia terrenal y el del regazo de Dios. Se es Tierra y se está en el Cielo a un mismo tiempo.

La palabra a él dirigida puede en algún momento activar resortes en los que el Verbo se haga morada y acogimiento. Si se descubre o se encuentra esto es como el candil que ilumina el camino.

Esta sería la palabra clave-llave que permite el acceso a voluntad en la casa del Padre, pero esta será palabra que sin duda surja del centro de la conciencia que no vocaliza sino emita, antena de conexión que pasamos toda la vida afinando.

La emisión desde el centro de la antena, en perfecto alineamiento coherente, pone cielo y tierra en conexión. Tal vez sea esto y no otro el fundamento de toda experiencia.

Sin embargo, ingenuamente todavía pensamos haber dado en la clave con la ciencia del método filosófico. Pero es la pregunta adecuada desde la palabra impecable la que conduce a la respuesta de lo que realmente es.

El pensamiento científico proviene del temor y este nos lleva una vez más a esta civilidad, en un girar sinfín de ciclos interminables.

La civilidad o civilización es la auténtica cárcel para el espíritu. El hombre no debería de sufrir para experimentar la vida, ¿a qué conduce si no el análisis y el método? A olvidar el corazón, la conciencia; la conexión con Dios.

 

 

SAN AGUSTÍN

 

  

 

FUENTE: http://es.wikipedia.org/wiki/Agustin_de_hipona

 Dios y el hombre

La filosofía agustiniana se centra en dos temas esenciales: Dios y el hombre.

  1. 1.      Dios. Para llegar de la mente a Dios primero tenemos que preguntar al mundo, después volverse hacia uno mismo y por último trascenderse. El mundo responde que él ha sido creado y el itinerario continua; se procede a la ascensión interior, y el hombre se reconoce a sí mismo intuyéndose como ser existente, pensante y amante. Puede por ello ascender a Dios por tres vías: la vía del ser, de la verdad y del amor. Se trata de trascenderse a uno mismo, de poner nuestros pasos "allí donde la luz de la razón se enciende". Ahora bien, llegaremos a un Dios incomprensible, inefable. Este Dios es el ser sumo, la primera verdad y el eterno amor.
  2. 2.      El hombre. Agustín explora su misterio, su naturaleza, su espiritualidad y su libertad. Es un grande profundum y una magna quaestio.

El compuesto humano está formado por el cuerpo y el espíritu. A pesar de lo que se dice de él, superó el espiritualismo helénico. La cárcel del alma no es el cuerpo humano, sino el cuerpo corruptible; el alma no puede ser sin él dichosa. Ésta fue creada de la nada.

La tesis fundamental que ayuda a entender el misterio del hombre es su creación a imagen de Dios, que es propia del hombre interior, de la mente. Pero ha sido deformada por el pecado y será la gracia la encargada de restaurarla.
El hombre sólo adhiriéndose al ser inmutable puede alcanzar su felicidad. En este encuentro de Dios y el hombre, Agustín examina la delicada cuestión de la gracia y la libertad.
Agustín defendió la libertad contra los maniqueos y la existencia de una sola alma y una sola voluntad: era yo mismo quien quería, yo quien no quería; yo era yo. Por último, también exploró el tema de las pasiones, reduciéndolas a la raíz común del amor. En las pasiones advierte tres posibilidades: ausencia de pasiones, orden en las pasiones y desorden o concupiscencia, la cual le hace llegar a una guerra civil.

Ser, conocer, amar

A los grandes problemas del ser, conocer y amar, le da tres soluciones, que son la creación, la iluminación y la sabiduría o felicidad.

  1. 1.      Creación. Explica el problema del origen de las cosas, diciendo que Dios creó todas las cosas de la nada. Existen tres maneras de proceder una cosa de otra: por generación, por fabricación o por creación. Esta última sólo es capaz de hacerla Dios.
    La creación ha tenido lugar en el tiempo. Dios crea de la nada y crea según razones eternas (ideas ejemplares existentes en la mente Divina). Pero no todo es creado de la misma manera, Dios ha creado todo simultáneamente, pero unas cosas las ha creado en sí mismas y otras virtualmente, en sus gérmenes invisibles. Esta es la teoría de las rationes seminales.
    Todas las cosas son buenas porque las ha creado Dios, y las ha creado porque ha querido. Por ello el mal no puede ser una sustancia sino que es defecto, privación. Hay dos especies de mal: el mal que el hombre sufre contra su voluntad y el mal que comete voluntariamente. El primero es el mal físico y el segundo es el mal moral. Los dos provienen de la deficiencia de la criatura. Sin embargo Dios no es la causa de ningún mal, solamente lo permite, ya que Él puede sacar bien del mal.
    Otro tema es el del tiempo, éste es un “enigma intrincadísimo”. Podemos decir que es una distensión del alma que recuerda, intuye y aguarda.
  2. 2.      Iluminación. Nuestra iluminación es una participación del Verbo, es decir, de la vida que es luz de los hombres. Dios, causa del ser, es también luz del conocer. Los hombres percibimos la verdad de nuestras afirmaciones en la verdad inmutable. El alma intelectiva es capaz de contemplar las cosas inteligibles en una luz incorpórea especial, la verdad inmutable. Así pues, la mente humana es iluminada divinamente y esto es el fundamento de la certeza de nuestros juicios.
    Por último, podemos tener tres especies de conocimiento: el corporal, espiritual y el intelectual.
  3. 3.      La felicidad. El hombre obtiene la felicidad de Dios y esta felicidad es Dios mismo. Para él la felicidad es el gozo de la verdad y no puede ser dichoso quien no posee lo que ama, pero dichoso es sólo quien posee todo lo que quiere y no quiere nada malo. Otro paso más, no hay felicidad verdadera si no es eterna. Por eso sólo Dios, y no los bienes temporales, puede hacernos felices. Sin embargo aquí sólo poseemos la felicidad en esperanza.
    San Agustín diferencia las cosas que deben ser amadas por sí mismas, como un fin al que llegar y del que gozar y las cosas que son medios para el fin y de las que solamente debemos servirnos. Si nos quedamos en los medios nunca llegaremos a poseer la verdadera felicidad. La historia será así el contraste dramático entre dos amores: de sí y de Dios. Dependiendo del amor que elijamos llegaremos a ser felices o no.

 

 

El tiempo y la eternidad

El tiempo es creación de Dios, antes de crear el cielo y la tierra no había tiempo. Este implica un pasado, un futuro y un presente. Pero el pasado ya no existe y el futuro aún no es. En cuanto al presente es un continuado dejar de ser, un continuo tender hacia el no ser.

Agustín acabará concluyendo que el tiempo existe en el espíritu del hombre, porque es donde se mantienen presentes el pasado, el presente y el futuro. Por ello los tiempos son tres: El presente del pasado, el presente del futuro y el presente del presente. No reside en el movimiento sino en el alma.

 

3 – Conclusiones

Lo que he expuesto es apenas un esbozo de mi deseo de alcanzar las barbas de Dios. ¡Tantas cosas y una y otra vez el mismo resultado¡ Hay un presente, trinidad que acoge el pasado que ya he sido y el futuro que seré. Triangulo matemático que une este cero que soy con el más infinito y el menos infinito de la totalidad a la que aspiro. El presente es por tanto lo único que Soy. Pero hay algo que puedo ser también, dirigiéndome al que también soy en el futuro: confianza. Seguiré las indicaciones que el Yo Soy me haga desde la intuición y la conciencia en  la certeza de que será lo mejor que yo mismo pueda ofrecerme. 

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