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CAMINO DE SANTIAGO 2011, síntesis de unos pasos. 30 de agosto de 2011

CAMINO DE SANTIAGO 2011, síntesis de unos pasos. 30 de agosto de 2011

Del diecisiete al veintiocho de agosto del presente año de 2011 he caminado desde Cebreiro a Santiago de Compostela por sendas impregnadas de propósito, en compañía de mujeres y hombres dispuestos para un mundo mejor. La inminencia de manifestación de lo nuevo conlleva la responsabilidad de hacerse consciente del camino. Con esas miras nos pusimos en marcha.

 

Santiago de Compostela es como metáfora y paradoja a un tiempo en las almas buscadoras. Belleza en robles y castaños milenarios, que mecen sosiegos y disipan brumas en lo interno, pese a las prisas y descuidos de alguno de los peregrinos; magia y armonías escalares no obstante el comercio que impregna gran parte de las rutas.

 

Mi hermana y uno de mis hijos han sido los más cercanos compañeros; mi esposa no pudo acompañarnos – reposa tras una intervención de menisco -. Todo camino que se precie tiene su compañía y enseñanza. La mía en esta ocasión descubrir en la mirada de mi hijo el amanecer de su descubrimiento.

 

El más evidente la eficacia de la meditación, que nos hemos autoimpuesto. Todos los días meditamos al menos cinco minutos, como parte de la autosanación Zen recibida de Suzanne Powell. Esto aligera los pasos y refuerza la atención y el discernimiento tanto en pensamientos, como en palabras o en acción.

 

Ya en Santiago de Compostela y en la Capilla de la Catedral que llaman de la Comunión – según se entra por el Pórtico de la Gloria la primera a mano izquierda -, mi hijo en compañía de otro joven y de una mujer se situaron en sendos asientos de los que se encuentran situados a la izquierda. Los tres y yo mismo entramos en un estado tal de sopor y de profundo olvido que permanecimos alejados de lo externo por un periodo no inferior a los veinte minutos, pese a los ruidos provocados por entradas y salidas.

 

Una señora que frisaba los ochenta años y de las que con cariño se denominan beatas contemplaba admiraba la escena.

 

Una vez abrimos los ojos se aproximó y nos dijo:

 

-          ¡Qué envida¡ ¿Cómo lo habéis conseguido?  Yo llevo toda la vida queriendo matar al diablo y no consigo quitármelo de encima.

Mi hijo respondió:

 

-          El diablo es también criatura de Dios, puesto que todo lo creado viene de él. Abrázalo y no huyas. Si huyes correrá más rápido que tú.

 

-          ¿Abrazar al diablo?

Abrazar lo que no nos gusta de nosotros mismos hasta tanto no se integre en la unidad que somos; sentir que la oscuridad es tan sólo el lugar al que aún no llega siquiera un resquicio de luz.

 

Probablemente en Santiago no se halle el cuerpo del apóstol y la urna de plata contenga sólo los restos del obispo de Iria Flavia. En realidad el camino es un ejercicio para el alma. Millones de seres lo han transitado y de seguro lo seguirán haciendo. Los pasos dejan esencias y las luces de Compostela que en los albores del año mil refulgían en noches de terciopelo seguirán sin duda siendo farolillos de referencia para el alma que espera al esposo en mitad de la noche.

 

Meter exclusivamente la mente o el intelecto en las cosas del sentir es cuando menos esfuerzo que lleva al desgaste. El camino se siente o se disfruta, aunque también se puede entender; sin embargo sólo desde la cabeza resultan difícilmente comprensibles las ampollas, los pies en carne viva e incluso el peregrino muerto el día anterior al de nuestra llegada.

 

Dice el Papa Benedicto que a Jesús el Cristo sólo es posible encontrarlo en la Iglesia Católica. Tal vez le convenga caminar a él mismo, siquiera sea en papamóvil. A Jesús se le descubre en el peregrino proscrito, que por tres días nos acompañó y del que fuimos advertidos por la guardia civil; en el transeúnte que mendiga con dignidad y lleva años sin dejar el camino; en los abrazos y cantos a cambio de unas monedas de unos simpáticos boy scouts, sin dinero suficiente para regresar a su país; en la picaresca consolidada de quienes se arriman un poquito a la luz para llevarse dulces migajas.

 

Es tan grande lo infinito que apenas si cabe en una mirada. La noche en lo profundo de los bosques de Sarria, iluminado el espacio apenas por un brochazo de la Vía Láctea y a su vera la Osa Mayor.

 

Tomadas de las manos seis personas frente a la fuente de La Vieria, cerramos los ojos y dejándonos abrazar por los elementales percibimos oleadas de caricias y aguas chapoteadas por hombrecillos invisibles pero perceptibles hasta en el susurro. Después en Samos, pasada la medianoche, la funcionaria de justicia, mujer de sentires profundos, dejándose arrebatar de lo incontenible, danzaba junto al cedro de los mil años. Hacía frío, no obstante enternecía la tiritera.

 

Compartir sueños; evocar a lo que se aspira, cantar a la Madre y dar abrazos al apóstol; todo esto y mucho más como grato testimonio de una nueva etapa hacia nuestro destino.

 

Madrid a martes, 30 de agosto de 2011  

 

FOTOGRAFÍAS AQUÍ:

http://www.portaldorado.com/in.php?doc=8018&d=ecda4dfb58773a66a27488dfcd4371f3O1

 

Un abrazo a todas/os

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