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Noni, el zumo de la vida

Noni, el zumo de la vida

Noni, el zumo de la vida

En diciembre del año pasado, Sagrario y yo tuvimos la fortuna de gozar de una semana de vacaciones en Marbella. Es una ciudad en la que uno puede encontrar los dos extremos, en todo. Un paseo marítimo precioso, al tiempo que un descontrol urbanístico sin mesura; gentes de rostro amable y realmente amable, al tiempo que gentes como sacadas de películas, de miradas huidizas y aspecto de pocos amigos…

Durante nuestra estancia y a consecuencia de una caída, Sagrario sufrió una fuerte contractura muscular. Nos fue preciso ir a un Spa para que un masajista le diese un masaje, pues le resultaba del todo imposible caminar sin padecer un tremendo dolor.

Al salir del Spa, vimos anunciado en el Palacio de Congresos un rastrillo de venta de productos variados, destinado a animales abandonados. Pasamos, compramos varias cosas. Entre otras el noni.

Una atractiva y simpática señora belga nos lo dió a probar “huele a queso y tiene un sabor muy fuerte”, nos dijo, pero es el zumo de la vida..

Decidimos probarlo. Desde enero hasta este mes de julio de 2006 en que esto escribo, no hemos dejado de hacerlo todos los días. Yo padezco de una artritis en la rodilla izquierda que me ha hecho pasar muy malos ratos en los últimos años: el dolor prácticamente ha desaparecido. Sagrario debía de hacer todas las noches ejercicios de estiramiento, dado los dolores lumbares que padece: ya muy de tarde en tarde precisa hacerlos.

A mis padres, ambos de más de 80 años, les va muy bien para los huesos. Creo que merece la pena que quien padezca de dolores articulares; desee reforzar sus defensas y quiera tonificar su cuerpo conozca este zumo. Es nada más que un zumo, no es una medicina, ni una hierba, sólo zumo.

Podéis encontrar información en:

http://www.tahitiannoni.com/spain/spanish/retail/index.html

Sagrario se ha convertido en distribuidora. Si deseáis contactar con ella, hacerlo a través del correo:

minerva@coitt.es


MINERVA, LABIOS DE FRESA, Lectura continuada de El Quijote, 12, 13 y 14 abril año 2000

MINERVA, LABIOS DE FRESA,  Lectura continuada de El Quijote, 12, 13 y 14 abril año 2000

Minerva, labios de fresa


Que los caminos
se abran a tu encuentro;
que el sol brille templado
sobre tu rostro;
que la lluvia caiga suave
sobre tus campos;
que el viento sople
siempre a tu espalda

que hasta el día que
volvamos a encontrarnos;
Dios nos tenga en
la palma de su mano


Bendición irlandesa
(Regalo de PROMI, Asociación de Ayuda al Minusválido Psíquico)



1


Círculo de Bellas Artes de Madrid. Punto de partida.


“ En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor. Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lantejas los viernes, algún palomino de añadidura los domingos consumían las tres cuartas partes de su hacienda. El resto della concluían sayo de velarte, calzas de velludo para las fiestas con sus pantuflos de lo mismo, y los días de entre semana se honraba con su vellorí de lo más fino...”


El cálido acento chileno de Jorge Edwards (1) acaricia los compases iniciales del capítulo primero de “El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha”. Jorge Edwards es feliz en la lectura y transmite esa felicidad a quienes atentamente le escuchamos.

Por distintas razones, todos cuantos participamos, de una u otra manera, en la organización de la lectura pública continuada de El Quijote del año dos mil, nos mantenemos expectantes, en la esperanza de que todo transcurra en la gozosa normalidad de años anteriores.

La lectura tiene lugar en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, en su bellísimo Salón de Columnas. Es un doce de abril; doce en punto de la mañana. La hora es la cierta. La fecha, sin embargo, no se corresponde con la natural, habitualmente asociada a la del Día del Libro, veintitrés de abril. No es así, en esta ocasión, para que no coincidan la semana de la lectura de El Quijote con la semana de la Semana Santa.

Hay un atril de lectura, situado a la izquierda del Salón, tomando por referencia los amplios ventanales que van a dar a Casa Marqués de Riera. Sobre el atril, abierto por la página en la que se hallan los párrafos antedichos, un ejemplar de un Quijote de Espasa.

Dos pantallas de retroproyección, de dos cuarenta por uno ochenta, situadas a izquierda y derecha, muestran imágenes de todo cuanto acontece, desde tres cámaras de televisión estratégicamente situadas.

Se han dispuesto tres cabinas de seguimiento de la lectura. En cada una de ellas un teléfono y un dispositivo, que permite la conexión de las líneas telefónicas regulares con el sonido general del Salón.

También hay una mesa de mezclas, y junto a ella cuatro monitores de control, varios distribuidores, un magnetoscopio, conversores, tituladora y un ordenador para fotos y diapositivas.

Hay tres equipamientos completos de videoconferencia, para un total de quince líneas telefónicas digitales y cuatro regulares. Estos constan de codificador – descodificador de señal digital, sistema, monitor y teclado de control.

El Salón se encuentra a rebosar de público. Próximo al estrado en el que se sitúa el atril, literatos, políticos y patrocinadores se arremolinan en torno a la figura del insigne escritor. Frente a estos, decenas de cámaras de televisión, micrófonos, fotógrafos, cronistas..., pugnan por captar al detalle los instantes iniciales.

Por un momento da la impresión de que algo pueda ir mal. Un encontronazo entre un fotógrafo y un cámara, deviene en un chispazo de tensión, malamente resuelto por los organizadores, que alejan entre gritos al fotógrafo.

La inquietud hace que una brisa de sudor llegue hasta mí, sacudiéndome los intestinos. En el movimiento incontrolado de cámaras y fotógrafos, se ha desprendido uno de los cables del sonido. El desbordamiento impetuoso y los nervios alcanzan la zona donde nos hallamos, y se ha de contener, de mala manera, a la marea descontrolada, para evitar que las cabinas de control caigan al suelo.

Mi cometido es coordinar la gestión de las telecomunicaciones. Las telecomunicaciones se han constituido para la lectura, año tras año, en una suerte de vínculo espiritual, que une a lectores de El Quijote del mundo entero. Esta gestión implica, entre otros, el adecuado uso de los recursos necesarios y la supervisión de los mismos.

Los organizadores se muestran cada vez más atrevidos en sus peticiones. Conforme transcurren los años y se suceden los actos, se les percibe con mayor soltura por este medio que les fascina. Es el año del final de milenio y se aventuran a solicitar más y más de las telecomunicaciones. Probablemente en el fondo lo que desean es el acercamiento, prácticamente físico, con todos cuantos desde la distancia, anhelan la emoción de la lectura compartida.

A mí me da un tanto de apuro el entusiasmo que me provoca este trabajo. Debiera mantenerme en una posición de mayor distanciamiento. Soy un profesional y es mi empresa quien patrocina los costes que se derivan del uso de las mismas. Sin embargo, a las atrevidas solicitudes "técnicas" que proponen los organizadores, acompaño yo otras de igual o parecido calibre.

Así para el año dos mil, a las habituales propuestas de los dos años anteriores, se han incluido entre otras: conexiones por videoconferencia con las sedes de Mensajeros de la Paz en Roma y Bruselas, con la sede de la Real Federación Sueca de Personas Sordas, con la cumbre del Teide, por satélite Inmarsat, con un colegio...

La participación de Telefónica, mi empresa, se circunscribe fundamentalmente a las actividades de telecomunicación que le son propias, y que tienen que ver, como en años anteriores, con las aplicaciones de las telecomunicaciones referidas al ámbito de la cultura y de su difusión, así como al patrocinio de todos los sistemas de audiovisuales y de sonido que son precisos para el acto.

En este compromiso de integración, se facilitan, además, comunicaciones por voz con todas cuantas personas intervienen en la lectura remota, ya sea desde lugares accesibles, como desde otros de acceso dificultoso: Embajada de España en Kinshasa, Buques, Cooperantes, Aeronaves, etc.

Al tiempo, la lectura se retransmite por Internet, en las modalidades conocidas como Real Audio y Real Vídeo, que permiten a quienes disponen de los medios adecuados, seguir, prácticamente en directo, todo cuanto acontece en el Salón de Columnas, desde el cual, como se ha comentado, se realiza la lectura pública en presencia.

La lectura continuada de El Quijote, que desde mil novecientos noventa y siete tiene lugar en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, ha venido a institucionalizar una suerte de liturgia de la literatura, en la que participan gustosos los propios literatos, políticos, actores, toreros, periodistas, ancianos, niños, extranjeros, el pueblo en suma e incluso el clero.

Es esta ocasión para mí la tercera en la que participo como coordinador de telecomunicaciones. Pero ni en esta ni en las anteriores lecturas en las que he tenido el privilegio de hacerlo, he sido capaz de desligarme del sentimiento común, que induce el compartir por dos días el propósito de hacer de la palabra un instrumento de gozo.

Los lectores se suceden uno tras otro a intervalos de dos o tres minutos. Los hay de voz armoniosa y palabra redonda; los hay de voz familiar, neutra, melindre, chillona, atropellada o nerviosa. Pero ni uno solo de los que lee, se aleja un punto del respeto que la lectura pública a todos nos merece.

Sin embargo, ha sido en esta tercera lectura cuando he podido disfrutar a plenitud de la gracia y la profundidad de una historia tan ingeniosamente puesta por Dios en el corazón de un hombre. En contrapartida, este tardío descubrimiento, ha tenido el efecto de un cierto desgarro en mis cada vez más menguadas ganas de emprender nuevas cosas en la vida.

Don Quijote es un gracioso muy serio, que te pone los pelos de punta, y te lleva a la reflexión del sentido de la existencia misma. Induce pensamientos que te transportan del principio de los sueños al quebrantamiento tras un terrible esfuerzo. He descubierto que la lectura de El Quijote es un arma cargada de desasosiego.

Empero, he de confesar que hasta este año de dos mil, no me ha sido propicio leer de cabo a rabo el gran libro. Me han empujado a ello la curiosidad que provoca la audición y el atisbo de referencias vitales que se apuntan en la lectura.

No sé si la primera parte de El Quijote es mejor que la segunda, o al revés. Tal vez la segunda resulte más elaborada, por ser Cervantes más sabio cuando la escribió. Lo cierto es que tras el tópico de libro eterno, he venido a descubrir que no sólo es así, sino que es incluso un libro necesario.

Es cierto que es un tomo de muchas páginas, y que versos y poemas resultan un tanto dificultosos; pero El Quijote hay que releerlo tantas cuantas veces sea preciso recargar de sabiduría el alma.

He escuchado por ahí que la locura de don Quijote permite que brote en él lo más real y verídico de su ser, y es así como crea un mundo falso. Al tiempo que convengo en esto, pienso en el inmenso valor que es preciso tener para crear un mundo nuevo, incluso en la fantasía. Todo cambia, las referencias necesarias se trocan en otras ilusorias y no queda lugar del pensamiento al que aferrarse.

También he atisbado al inquieto don Miguel de Cervantes Saavedra, llegando a la sabiduría tras un indecible sufrimiento. No sé con quién sienta mayor afinidad, sí con Cervantes, en el cautiverio de Argel, con don Quijote, en el deambular por la quimera, o con Sancho, en su necesidad de pan y de queso.

Manchego, como ambos, creo tener tanto de Quijote como de Sancho. De un lado el idealismo de quien aspira a la eternidad; de otro, el realismo preñado de un toque humanista de quien se ve forzado a la supervivencia.

Este Quijote del año dos mil me está haciendo daño. Los lectores desgranan las frases, a las que yo doy continuación en el libro, y al tiempo me pierdo en las volutas de la ensoñación que sus palabras me van dibujando.

Me duelen las burlonas verdades de este bendito libro. Tal vez sea el hecho de que, como don Quijote, me hallo cercano a los cincuenta – edad en la que, según Aristóteles, muere el alma -; tal vez sea el desconsuelo de que mi horizonte profesional o de proyectos se encuentran próximos a su fin, y no tenga ánimos para levantar el vuelo si otros distintos a los diarios se presentan. Tal vez resulte, en suma, que nada de lo que barrunto amortigua los temblores de la tremenda apatía de dentro.

Un escritor me comenta, un tanto alterado, que no todos los escritores hacen literatura. Que la literatura tiene un propósito; que ha de aportar algo que descubra nuevos registros y sacuda los cimientos del mismo ser:

- Incluso El Quijote tiene páginas aburridas. Sin embargo, es como una bomba de efecto retardado – me dice – Hay que leer literalmente y a la vez entre líneas. Descubrir la profundidad de un hombre de esencias. Cervantes no fue un mero narrador, sino el mayor creador de todos los tiempos. La esquizofrenia de El Quijote es la de Cervantes, hombre de genealogía arábica cordobesa, pese al indudable hecho de haber nacido en Alcalá de Henares, que buscaba la aprobación y el reconocimiento de los suyos, para hacer llegar la luz que en su camino iba descubriendo, y ser querido y respetado por ello.

Ese camino penetra en mi conciencia, en mi alma e incluso en mi ser más profundo, y me pone en cueros frente a la cobardía de no llegarme al consuelo que anhelo. Quisiera salir a desfacer entuertos; a luchar contra las violencias que detesto, y a poner algo de bien en este mundo que me lleva de los ensueños a los abismos. Pero me fallan las fuerzas para levantarme del sillón de pereza en el que acobardado me arrellano, llorando por dentro.

Don Miguel de Cervantes Saavedra, que no deja de ser don Quijote, es un hombre de ética y de Dios. Don Miguel aventuró un personaje, por no hallarse con las fuerzas físicas para repetir su propia historia. De ese personaje, todos tenemos un tanto. Unos más a la vista; otros más escondido. La lectura revela a don Quijote un mundo en el que el bien triunfa sobre el mal. Ese mal que él descubre en sí mismo y que tiene la grandísima valentía de combatir en el fondo mismo de su profundidad y esencia humana.

Ese mal procede ante todo de la confusión que acarreamos desde el nacimiento. El mal de una humanidad, que parece no haber avanzado prácticamente nada en los cerca de cuatrocientos años que median de la primera edición de El Quijote a nuestros días. Por el contrario, pareciera que se hubiese enconado y nos hiciera cada vez más daño.

El manto de lo tecnológico cubre carencias básicas de conocimiento y de luz, precisos para andar con tiento hasta dar con la salida de esta caverna de inquietud.

Antes de dar con su lectura he intentado hallar estímulos en libros de espiritualidad, católicos, budistas, hinduistas, sufistas o de nueva era. Sigo en ello. Pero confieso sin rubor que, pese a mis prevenciones iniciales, ha sido la lectura de El Quijote la que de mayor utilidad me ha resultado hasta el momento.

Hay lecturas que son como auténticos manuales de vida; como el libro de instrucciones que el Creador debiera habernos entregado en depósito, en el momento de rompernos a la luz. Lo cierto es que al no disponerse de manuales personalizados, hemos de interpretar entre líneas las instrucciones de funcionamiento y de solución de averías que quiebran nuestro sosiego.

Buda nos lleva a la renuncia del yo; del ego que tanto estropicios nos causa. Mahoma nos conduce de pleno a la oración, que es fuente de armonía y de encuentro con uno mismo; y Cristo, bendito sea, nos lleva directamente al Amor.

Tres caminos, que conducen a un mismo fin. La vida en plenitud. Falta el detalle y la práctica de cómo recorrerlos. Pero El Quijote es un manual de vida. Así lo entiendo yo, pese a que tenga capítulos un tanto complicados, que convenga leer más de una vez para entender bien su significado.

Sin embargo, aun siendo así... y siendo que El Quijote me abre a nuevas ilusiones, las sigo sin tener todas conmigo.

Leer no es vivir. Tampoco lo es escribir. Vivir es hacerlo en la plenitud de los sentidos y a un tiempo en paz y armonía. La lectura lo que hace es rescatarte de ecos de un pasado que nunca ha existido. El que busca respuestas a su desconsuelo vital, sea a través de la lectura, investigación, tertulia o meditación, es porque en el fondo da por perdido lo que esta tratando de hallar.

Como persona sensible, que debiera por tanto cuidarse de los excesos, me he ido alejando de una paz, que en realidad nunca tuve, de una felicidad que se me antoja imposible de alcanzar y del dulce amor de un Dios, al que de continuo suplico me recupere del desasosiego que las lecturas y la vida me van dibujando.

Incluso el sufrimiento extremo de algunos seres me alcanza de pleno, sin serme propio o cercano. No soy don Quijote y trato de actuar de manera pragmática ante las adversidades o el dolor ajeno; sin embargo, me duele hasta lo que se halla fuera de mí o de mis posibilidades de ayuda.

El dolor nos lleva al conocimiento, lo sé; pero se sufre demasiado. Hay quienes entre tanta angustia, atisban razones para el optimismo. La humanidad, según estos, habría entrado en una etapa de luz, en la que el mal y el dolor irían a ser erradicados para siempre.

La ayuda vendría de arriba, de la oración, que al fin ha alcanzado las barbas del mismo Dios. Esta ayuda lo sería en forma de entendimiento y de cordura. Hay razones para el optimismo, los quijotes parecen haber acabado por enternecer al cielo. No tengo más datos. No sé si parece fiable la nueva. Tal vez sea rumor de locos.

No obstante, si ese anhelo llegase a hacerse realidad, puede que fuese tarde para muchos, que no habrían podido soportar la larga espera.

El descubrimiento fundamental que quizás nos sea revelado, es que nada de lo que ocurra en este mundo nos resulta ajeno. Que es preciso llegar incluso al extremo de don Quijote y combatir los inexistentes enemigos que nuestra fragilidad fabrica, para hacerlo en realidad contra aquello que mina nuestras esperanzas, y desde el punto de no retorno del abismo, llegar a esa paz de dentro que tan cara nos esta resultando.

Para alcanzar la paz es preciso combatir. Este es un mensaje que se nos repite desde el principio de los tiempos. Pero es un mensaje generalmente mal interpretado. La guerra que hay que librar es contra la propia miseria. Contra el mal que un día se desparramara desde las estrellas, y que a unos les dio un tanto y a otros un todo. Alguien creyó que esto nos habría de llevar más rápido a la luz. No ha sido así. Ha sido un error. Ya no hay necesidad de aguardar un instante más. Hay que expulsar el mal desde dentro y difuminarlo de nuevo en el espacio exterior. Dilatar el proceso a lo único que conduce es a un malestar sin sentido, ni solución.


2


Algo más de una hora de comenzado el acto. Telecomunicaciones, literatura y discapacidad se dan la mano.


Literatura, telecomunicaciones y discapacidad convergen en la historia desde el ingenio y la peculiaridad de dos seres excepcionales. Alexander Graham Bell y Miguel de Cervantes Saavedra. El Círculo de Bellas Artes de Madrid facilita el encuentro. Los ritmos se suceden. La historia se escribe desde la locura cuerda de dos hombres enamorados.

El trasiego tanto de madrileños como de forasteros, que de continuo suben y bajan las espaciosas escaleras del Círculo de Bellas Artes, es digno de admirar. Lo hacen con el alegre bullicio de quien va de fiesta. La fiesta de la literatura y de los sueños, en la que cada cual busca el reencuentro con lo mejor de sí y la magia del sendero.

Hay personas que llegan ataviadas de curiosas vestimentas; niños que se afanan en inscribirse en la lista de lectores; abuelos que suplican no esperar demasiado, para no fatigarse en exceso mientras aguardan el turno. Hay quienes se emocionan nada más pisar el Salón.

Naturalmente también hay quienes se aprovechan del gentío para, en el tumulto, medrar o simplemente hacer el gamberro.

Y entre tantos y tantos que deambulan la descubro a ella. Lo hago al percibir el calor de su mirada. Lo hubiese hecho de cualquiera otra manera, porque nunca hasta entonces una visión femenina me cautiva tanto. Sé al instante que es bella por fuera y por dentro. No más allá de los treinta, ni alta ni baja, sino proporcionada, cabellos de oro, perlas por dientes, cuello de nácar, mirada de cielo... ¡Dios, me mira, me sonríe y viene hacia mi!

- Hola – dice y me desarma por completo con su voz de terciopelo.

- Hola – respondo y tartamudeo, provocándole una sonrisa, que se me antoja de fresa y de caramelo.

- Me llamo Marta. Soy periodista; de Chile. Eres Paco, ¿verdad?

- Sí, soy Paco – respondo, aún alelado. El paisaje cambia. Hay hierba y brisa fresca alrededor.

- Busco información un tanto especial, alejada de la que se ofrece en el dossier de prensa. Espero haber dado con la persona adecuada... – prosigue.

- ¿Tú dirás? – inquiero entre curioso y expectante. El magnetismo de su mirada me transporta al cielo.

- ¿Quisiera saber de los recursos de telecomunicación que se utilizan en la lectura? – su pregunta directa, me llega de caricia. Evidentemente deben haberle informado tanto de mi cometido como de mis aficiones. Me siento el ser más afortunado de la tierra.

- Claro, mujer, con gusto – respondo, sonrío y percibo como se me aflojan las piernas. Hago un esfuerzo. Soporto el peso de mi cuerpo, apoyando ambas manos en el saliente de una de las cabinas.

- Te diré lo que pretendo, antes de que me adelantes dato alguno. Creo que así podrás ayudarme mejor. Voy a escribir un reportaje, que teniendo por referencia lo que suceda aquí en los dos días que dure la lectura, pueda mostrar la implicación de las telecomunicaciones en la difusión de la cultura. En este trabajo mi intención es analizar al tiempo la vinculación de dos continentes, unidos por la lectura de un libro común. Uno de los vínculos que trato de dar a conocer, es el de aporte de humanidad que permiten las telecomunicaciones, lejos un tanto del progreso desaforado– Marta tiembla un instante. Su voz refleja la pasión de su alma.

Me siento cómodo. Es mi terreno. Doy contestación a sus primeras inquietudes, a través de mis propias reflexiones. Trato de concentrarme. No lo consigo. Las palabras me desbordan y toman rumbo propio. Creo que me gusta escucharme:

- Las telecomunicaciones se ocupan de transmitir toda cuanta información y conocimiento es capaz de generar el ser humano, ya en lo bueno como en lo malo. Sin embargo, hay algo cierto en lo que dices. Las telecomunicaciones han surgido desde el profundo sentimiento de humanidad de un hombre enamorado – respondo, y enrojezco, empapado en la miel de su mirada.

- ¿Cómo es eso? – inquiere con interés y un gracioso rictus dulcísimamente travieso.

Respondo de nuevo. Hago memoria. Es curioso como en ocasiones lo evidente se nos muestra de golpe.

- Alexander Graham Bell, fue, como supongo sabes, inventor del teléfono, además de profesor de fisiología vocal. Todo su afán, tras una infancia de penalidades, se centró en el empeño de hacer de su imaginación un instrumento de bien. Cuando Bell contaba doce o trece años de edad, su madre, Eliza, quedó completamente sorda. Hay un desgarrador escrito de Bell, referido a ello, en el que dice “¿Quien puede imaginar la soledad de sus vidas? Cuando caminamos por el campo, lejos de la ciudad, pensamos que eso es la soledad. Pero la auténtica soledad es la de no poder comunicarse con los demás”. Años más tarde, cuando Bell contaba veintisiete años, cayó perdidamente enamorado de una joven alumna suya sorda, de diecisiete, Mabel. Sin apenas darse cuenta, Bell se había ido enamorando de la preciosa niña sorda, a la que impartía clases particulares de lenguaje. Bell era un soñador, de hábitos nocturnos, que al principio de su vida, no se centraba en invento alguno. Pero de todos cuanto le bullían, hubo uno al que inevitablemente le condujo el amor: el telégrafo múltiple. Este invento, financiado por el que luego llegaría a ser su futuro suegro, iba a hacer posible la transmisión simultánea de varios mensajes, por el cable del telégrafo. De alguna manera lo que Bell pretendía era idear un sistema que le permitiese la comunicación instantánea desde la distancia. Necesitaba comunicar su amor a su amada Mabel, dondequiera que ambos se encontrasen, sin aguardar un instante; necesitaba transmitir a su madre cuanto la quería. Finalmente no resultó de esta manera. Buscaba el modo de integrar a los sordos y devino en lo contrario, al alejarles de la comunicación instantánea en la distancia.

- Es una historia muy bonita – dice, y la sonrisa de su rostro me regala un aleteo de mariposas.

- De hecho pocas personas saben que Mabel era sorda. Si bien había quedado sorda a la edad de cinco años, sus padres se esforzaron en ofrecerle una educación superior. Bell completó esa educación enseñándola a expresarse con la naturalidad de una persona oyente. Con la ayuda de un globo y las vibraciones de la voz al transmitirse en la superficie, instruyó a la niña Mabel a reproducir los movimientos que deben hacerse desde la garganta, para expresarse con normalidad. Si se hablaba a Mabel de frente, ella respondía con la naturalidad que pueda hacerlo un niño no sordo...

- De Bell ¿hemos llegado a la transmisión digital? – interrumpe.

- Así es. La transmisión digital alcanza en apenas unos milisegundos cualquier punto del orbe.

- ¿Por qué dices que la intención de Bell devino en alejar a los sordos de la comunicación en la distancia? – se interesa.

Los ojos de Marta denotan interés. Es mujer de mirada amplia, limpia y cristalina. Es evidente que le interesa cuanto le explico. Ello me anima a esforzarme en las respuestas:

- Lo digo, totalmente convencido además. El desarrollo de las telecomunicaciones tiene su origen en la discapacidad. En realidad todos actuamos como sordos cuando nos alejamos unas pocas decenas de metros unos de otros. Esta posibilidad de comunicar en la distancia intrigó a Bell. Tanto Bell como su padre dieron lo mejor de sí en el empeño de mejorar las posibilidades de comunicación de las personas sordas. Bien es verdad, sin embargo, que aun hoy día, hay personas sordas que precisan comunicarse telefónicamente, y desconocen que existan el fax y el teléfono de textos. Pero no menos cierto es también que el servicio telefónico mantiene una deuda de gratitud con los sordos, que en parte y poco a poco comienza a repararse. Alexander Graham Bell patentó su teléfono el tres de marzo de mil ochocientos setenta y seis. El propio padre de Bell, profesor Melville, desarrolló un sistema, que llamó de discurso visible, en la idea, que continuaría su hijo años más tarde, de permitir la comunicación y el habla de las personas sordas. Años más tarde, Bell y tomando como modelo el telégrafo, trató de desarrollar un sistema que permitiese el envío de textos a través de un hilo de cobre. Lo cierto es que con el invento de Bell, el sordo quedaba en un estado cercano a la marginación, en cuanto al uso del teléfono se refiere, dado que para cualquier tipo de gestión telefónica, precisaba siempre de intermediarios. De aquél teléfono primitivo de Graham Bell a la tecnología más vanguardista, han transcurrido ciento veinticinco años. Y es ahora cuando la red ofrece recursos más que suficientes como para que la lengua de los signos, por ejemplo, que utilizan como lengua propia algunas personas sordas, pueda transmitirse en toda su magnifica expresión. Esto hace posible la comunicación en el lenguaje que les resulte más propio. Curiosamente, el teléfono de textos, que actualmente se utiliza, no llegó a desarrollarse hasta mediados de mil novecientos sesenta.

La agradable conversación que mantengo con Marta, se ve momentáneamente interrumpida, al indicarme uno de mis compañeros que va a tener lugar la primera de las videoconferencias programadas.

La primera videoconferencia, voz e imagen de alta calidad que se transmite por RDSI (2), lo es con el Instituto Cervantes de Dublín. Media hora antes se ha establecido contacto telefónico con el lugar donde se encuentra el equipo de videoconferencia. El proceso es el siguiente: la comunicación telefónica se mantiene todo el tiempo que dura la intervención y de manera paralela a la propia videoconferencia. Esto es así para coordinar seguimientos y para que el lector remoto continúe justamente donde lo deje el lector en presencia. Tras ello, la imagen de videoconferencia visualizada en el monitor de control, se muestra en las dos pantallas del Salón.

En Videoconferencia, curiosamente, lo que en ocasiones resulta esencial es el teléfono tradicional. No existe todavía una cultura de la imagen compartida y se sigue manteniendo un cierto envaramiento ante la cámara, que sólo se quiebra con la soltura del teléfono “de toda la vida”.

Las personas que desde un estrado próximo al atril se ocupan de los ritmos y de los lectores, que se suceden ininterrumpidamente, se encuentran en comunicación visual permanente con un apuntador. Este, informado desde unos cascos inalámbricos, tiene noticia en todo instante del seguimiento que se hace en la distancia, e informa al estrado. Así es como se controla el turno del lector en presencia o del lector remoto.

En las cabinas de seguimiento, dos o tres lectores de seguimiento indican la página y párrafo concretos a los lectores de Dublín. Ello si bien es conocido de estos, dado que desde minutos antes mantienen imagen y sonido de sala, hay que confirmarlo para no alterar en modo alguno el decurso continuo de la lectura.

- ¡Adelante, Dublín¡

Y el lector de Dublín comienza la lectura por donde le ha venido en suerte. Pasan unos minutos de las trece horas. El barullo inicial de periodistas y público arracimados ante la llegada de Jorge Edwards, e inclusos los gritos primeros, han devenido en una suerte de tranquilidad, plácida y muy de agradecer para los que allí continuamos, una vez la cohorte de personajes, periodistas y curiosos se han alejado del lugar.

En cuanto al resto de tareas, mencionar que la de los técnicos de audiovisuales consiste en responsabilizarse de que la imagen que se recibe desde Dublín, se muestre en las pantallas de la manera más nítida posible. La de los técnicos de Telefónica es la de garantizar la continuidad de las señales telefónicas, y el resto de personas, hasta doce, se ocupan de otras tareas que complementan las anteriores.

Respecto de la persona responsable de la subtitulación, su cometido es teclear el nombre de quien lee en cada momento e incluso en un extremo de la pantalla, incluir imágenes de don Quijote, para dar un toque de plasticidad al conjunto que se presenta.

El resultado final es el de continuidad entre ambos lugares, Madrid y Dublín.

El público presente escucha con delectación. Hay magia y a nadie se le ocurre aplaudir tras la intervención de cualquiera de los lectores remotos. Cinco personas se suceden una tras otra en Dublín y desde el Salón se les percibe con deseos de continuar. Sin embargo, la regidora de sala es contundente e interrumpe con un:

- ¡ Gracias Dublín¡

Este proceso se va a repetir de manera muy parecida en las otras videoconferencias internacionales programadas: Bruselas, Buenos Aires, Tel Aviv, Sao Paulo, Montevideo, Ciudad de México, Santiago de Chile, Lima, Estocolmo, Miami y Nápoles.

Las videoconferencias nacionales tienen en general una menor dificultad, fundamentalmente porque los equipos y protocolos que se utilizan, son de uso regular. Las videoconferencias nacionales lo serán con: Colegio Echeyde de Tenerife, Delegación de Cultura de Jaén, El Teide, Presidencia Autonómica de la Rioja, Universidad del País Vasco, Universidad de Málaga, Universidad de la Coruña y Canal +.

Marta se mantiene a mi lado. La vibración de su cuerpo llega al mío como en onda de plata. Percibo incluso su respirar, levemente acelerado. Por unos instantes nos mantenemos en silencio. Reflexiones como caricias nos interpenetran.

Le hablo de la ilusión que su presencia me induce. La miro, sonrío, me sonríe. Tiemblo. Nervioso, tecleo cualquier cosa en el ordenador. No puedo permanecer quieto.

La miro a hurtadillas. Sus ojos me elevan al cielo. Me dejo acariciar.

Por hablar de algo y seguir meciéndome en su sonrisa, le digo lo mucho que quería Graham Bell a su bella esposa sorda y el inmenso amor con el que la niña le correspondía.

Mabel Hubbard Bell escribe al esposo ausente, con deliciosa naturalidad.

Tomo al azar una carta del American Memory (3), Congreso de los EE.UU., tras teclear el criterio “love letters”, en el ordenador desde el que seguimos el acto.

Mi querido Alec:

No estoy segura de sí esta noche tendremos la oportunidad de poder hablar, es por ello que te escribo.

No vuelvas a tener pensamientos como los expresados en tu carta de hoy. Te equivocas totalmente si piensas que te quiero menos, o que estoy decepcionada o enojada contigo. Más allá, mi amor y orgullo por ti crecen día tras día, y al pensar en ello, siento una gran felicidad por el amor que me das, pese a lo indigna que me considero de recibirlo. Cariño, te amo tanto, que salvo pequeñas naderías, no quisiera que cambiases en nada. Antes de nuestro compromiso era consciente de que no podría responder de la apasionada manera que tú lo hacías. Tú, sin embargo, quisiste que fuese tuya a pesar de todo. Te amo tanto como puedo, y ese poder de mi amor se incrementa día tras día. Yo te daría más si fuese capaz, pero llego hasta donde lo hace mi naturaleza.

Mi pobre Alec, cuanto me apena que por un sólo momento hayas tenido un pensamiento de tristeza. No debes pensar en eso otra vez. Estás tan cansado que no tienes otro problema sino el cansancio. Desearía poder hacer cualquier cosa para ayudarte.

Quisiera que mis deseos te trajesen a mi lado, y que al tiempo estuvieses junto a tu querido padre.

Ahora debo apresurarme y conseguir un vestido nuevo para esta tarde.

Ten siempre la seguridad de mi amor.

Tu Mabel, diciembre de 1875.

Esta y otras cartas aún más bellas, comento a Marta, muestran a un Bell no solamente enamorado sino profundamente humano. Graham Bell amaba el mundo en el que vivía, pese a las dificultades del camino.

Dos hermanos suyos murieron de tuberculosis, cuando él era apenas un adolescente. Él mismo estuvo a punto de morir por esta causa. Sin embargo, a todas las vicisitudes que se le presentaron, antepuso el amor por la vida y sus deseos de hacer algo por los demás:

- El amor lo transforma todo – afirma Marta.

- Y también lo idealiza – respondo yo

- Pero consigue que los sueños puedan hacerse realizar – replica.

Callamos. Medito sobre esto.

Estoy de acuerdo con Marta. Los pensamientos transforman el mundo. El propio Graham Bell llegó a afirmarse en ello. Lo que me cuesta aceptar es que Graham Bell entreviese el alcance último de sus sueños. Quizás el amor adornara tanto sus pensamientos, que tornó bello lo que se anticipaba imprevisible. El teléfono, en su concepción inicial, se ideó para otra finalidad. Una sucesión de acontecimientos llevó a que estos deviniesen en el lado más práctico y convirtiesen, lo que se barruntaba como un invento de alcance, en clave de ruptura en el deambular del género humano, así como en el embrión del sistema nervioso universal de información, que hoy día conforman las redes telefónicas de todo el mundo.

Lo que sí puede asegurarse es que los desvelos de Bell no tenían por referencia una injusta desproporción respecto del alcance de su invento.

Bell aún vivía cuando el teléfono era conocido del mundo entero. Esto hubiese colmado de satisfacción a cualquier inventor. Por el contrario Bell temía – y así se lo llegó a confesar a su esposa en una carta - , que la gente pensase que no había nada tras el teléfono, salvo un gran invento.

Él puso todo su amor y toda su generosidad en hacer algo grande. Un servicio al hombre, que le permitiese llegar al cielo con sus sueños.

Hoy no es posible concebir nuestras vidas sin el uso del servicio telefónico. En un mundo en el que cada nación e incluso dentro de cada nación, se dan tantas lenguas distintas, el servicio telefónico hace uso de un lenguaje universal y todos sus elementos se comunican entre sí sin grandes problemas.

Esto permite algo tan sencillo como es levantar el auricular y que alguien, en cualquier lugar de la Tierra, pueda responder a nuestras llamadas.

Para que esto suceda, los hombres se han tenido que dar y aceptar una serie de recomendaciones mínimas.

Las centrales telefónicas se comunican entre sí: intercambian señales que permiten dirigir las llamadas telefónicas a los respectivos destinos. Las llamadas de uno a otro país, pueden viajar por tierra, mar o aire. Para ello han de transitar por los caminos y vericuetos que dibujan los sistemas de transmisión, que suelen ser tan variados como pueda serlo el lugar de destino final de la llamada: cable, fibra óptica, radio, satélite.

Lo único que se nos pide saber cuando queremos hablar con alguien es el número de destino de ese alguien. Las centrales telefónicas se ocupan del resto.

A mí me da por pensar que la torre de babel que es el mundo, lo es un poco menos al poder disfrutar de la universalidad y humanidad, que aporta el uso del teléfono.

Otros adelantos tecnológicos, como la propia energía eléctrica, la televisión, el ferrocarril, el servicio telefónico móvil incluso, y otros, curiosamente no se han decidido aún en adoptar normas universales comunes. Ello impide quizás la “invasión”, pero inevitablemente lleva al desencuentro.

Incluso servicios relativamente novedosos como los que ofrece la RDSI, Red Digital de Servicios Integrados, no gozan de la universalidad del servicio telefónico básico. En Europa, por ejemplo, cada país adopta normas en el lenguaje RDSI, que imposibilita un trabajo cooperativo. Es más, en algunos lugares del mundo, especialmente en el África pobre, lo único que realmente sigue manteniendo un lenguaje común, es el que se ofrece a través del “anticuado” servicio télex.

No es menos cierto también que el teléfono, como ya se ha comentado, destinado inicialmente a romper barreras de comunicación, las mantuvo e incluso incrementó durante un tiempo, porque lo primero que se pudo transmitir por un hilo de cobre, no fue texto sino voz.

Ello no excluye, sin embargo, que la semilla humanitaria de Bell haya sido el germen del que hayan surgido los aspectos más humanos y solidarios de las telecomunicaciones. Las telecomunicaciones han concluido, en el transcurrir de los años, en un servicio público, esencial para la vida de las personas. Decenas de miles de vidas se han salvado y se salvan por las palabras de auxilio transmitidas desde las líneas telefónicas. Teléfonos samaritanos que en todo el mundo atienden al necesitado; teléfonos amigos que escuchan a quienes poco o ningún amor tienen. Comunicaciones instantáneas en lugares de conflicto o de emergencia, en los que la voz del solidario llega de inmediato al necesitado.

No obstante, no es menos cierto que la terrible desproporción entre países ricos y países pobres en materia de telecomunicaciones, aleja del camino de la cultura universal a quienes paradójicamente más pueden aportar a ella en este momento. Los locos quijotes de los mal denominados países del tercer mundo, que pese a todo siguen confiando en la bondad de sus hermanos prósperos y cultos de Occidente. Estos locos conservan raíces y esencias, que si fuésemos capaces de compartir, a no dudar harían de nuestra común existencia un lugar de encuentro infinitamente mejor.

Los siglos nos han ido endureciendo en el entontecimiento. Hay que arrancarse la roncha de esta herida de insensibilidad y ponerla otra vez en carne viva. El sol de Dios la ha de sanar. Hemos de salir de nuevo al encuentro del amor de nuestros hermanos.

Hablamos de inteligencia emocional, de sicología, de siquiatría y de prozac. Estamos locos locos, no locos cuerdos. Buscamos lo que nuestros hermanos abandonados gozan a raudales, sentido común y sosiego.

En ellos y en el interior solidario de nuestros corazones hemos de dar con ese aliento divino, que tan caro nos resulta.

En Internet he dado con una antigua leyenda hindú, comentada por William H. Danforth, que me viene al pelo de esta reflexión.

En un tiempo todos los hombres que vivían sobre la tierra eran Dioses. Al infringir el hombre las leyes del universo, Brahma, el Dios Supremo, decidió castigarlos, con la privación del aliento divino, escondiendo este donde jamás pudieran encontrarlo.

Para ello, reunió a los Dioses del Consejo y les preguntó: ¿Dónde podemos esconder el aliento divino que los hombres no han sabido utilizar, para que jamás puedan dar con él?

Lo esconderemos en lo más profundo de la Tierra, respondieron los demás Dioses.

No, respondió Brahma, porque el hombre cavará profundamente en la Tierra y lo encontrará.

Entonces lo sumergiremos en lo más profundo de los océanos, dijeron.

Tampoco, dijo Brahma, porque el hombre aprenderá a sumergirse en los océanos y lo encontrará.

Escondámoslo en la montaña más alta, dijeron.

No, dijo Brahma, porque el hombre subirá a todas las montañas... y terminará por hallar de nuevo su aliento divino.

Entonces no sabemos de un lugar donde el hombre no pueda llegar y encontrarlo, dijeron los Dioses menores.

Y dijo Brahma: escondedlo dentro del hombre mismo, jamás pensará en llegar allí, ni en buscarlo en ese lugar.

Y así lo hicieron. Desde entonces, el hombre ha recorrido la Tierra, ha bajado a los Océanos, ha subido a las Montañas... buscando esa cualidad perdida que lo hace semejante a Dios... sin encontrarla y sin saber que todo el tiempo la ha llevado en su interior.

Por eso, oculto en el interior de cada ser, hay algo divino, que muchas veces el hombre llega a percibir; pero no a reconocer.

No creo ser un ingenuo al resaltar la importancia de la cooperación internacional en materia de telecomunicaciones, para hacer del mundo un lugar más habitable. Tal vez resulte que finalmente las telecomunicaciones nos permitan dar con ese hálito divino, que tan laboriosamente andamos buscando.

Si nos detenemos a reflexionar, podremos deducir que las telecomunicaciones aportan más a la economía de un país que cualquier otra cosa, porque de ella dependen las demás y crecen a su amparo. De otra parte su desarrollo ha tenido que ver fundamentalmente con lo público. Esto viene a ser determinante en cuanto a la concepción del servicio, como esencial y de ayuda en la vida humana.

Naturalmente las telecomunicaciones son también uno de los mejores negocios que puedan existir. Las economías de los países en desarrollo sencillamente no podrían existir sin ellas. Absolutamente todas las economías del mundo se sirven de las telecomunicaciones para su progreso.

Desde hace tiempo organismos internacionales como la Unión Internacional de Telecomunicaciones, UIT, institución dependiente de la ONU, viene demostrando la estrecha relación que existe entre crecimiento económico y densidad telefónica.

Pero es bien cierto también que la práctica totalidad de los avances tecnológicos, incluidos los que aportan las telecomunicaciones, acaban por contaminarse del lado oscuro de las cosas. Esto es así porque la tecnología representa un solo soporte en el trípode del desarrollo humano. Se han marginado lo relacionado con el arte y lo espiritual.

Concebir lo tecnológico sin el aporte del arte o lo espiritual es dejar sin alma al desarrollo que se concibe.

La propia evolución del género humano se halla, en este período de la historia, en estrecha dependencia de la evolución de las telecomunicaciones. Es difícil, si no imposible, sustraerse a esta dependencia, que a todos nos afecta. Informaciones, instrucciones, conocimiento órdenes llegan al último rincón del planeta en cuestión de milisegundos, e imponen o rescatan voluntades, por muy alejadas que se encuentren del lugar en el que hayan sido generadas.

Sin embargo, estoy convencido de que las telecomunicaciones aún se mantienen en la estética – el arte -; y en lo espiritual de lo mejor del espíritu humano. El arte se encuentra en el ingenio con el que se transporta la palabra: tierra, mar, aire. Lo espiritual en la ayuda que se ofrece desde esas mismas palabras en almas sedientas de amor.

Es verdad que un teléfono no puede sustituir el calor de unas palabras en presencia. Pero hay seres a los que la oportunidad de una sonrisa, aun a miles de kilómetros de distancia, les lleva a cruzar la raya que separa el dolor a la alegría, la vida de la muerte.

En España existen teléfonos de asistencia tan inmensos como el corazón de quienes le dan su calor. El Teléfono de la Asociación Española de la Esperanza rescata del abismo a personas, próximas a la rotura física o moral. El Teléfono Dorado o de atención a la soledad de las personas mayores, lleva la palabra amiga a miles de personas que no tienen prácticamente con quien hablar. El Teléfono del Menor y del Adolescente aporta un resquicio de luz, a cientos de miles de niños y de adolescentes, que en ocasiones no encuentran, siquiera en los propios hogares, con quienes compartir las dudas o temores que les espantan. Los teléfonos de ayuda al drogodependiente, o a las mujeres víctimas de la violencia; de información contra el sida, del cáncer o del corazón; los teléfonos de los movimientos contra la intolerancia o por la paz, del desarme y la libertad, o los de la educación sin fronteras... Los teléfonos del abuelo, del amigo, del amor. Todos ellos juntos conforman un río de solidaridad que mantiene a este mundo en el frescor de una cada vez más sosegada esperanza.

Hay ayudas que sólo el teléfono puede brindar. La del marinero entristecido que añora a los suyos; la de los cooperantes que se entregan en amor desde lugares inhóspitos; la de los emigrantes, la de los alejados, la de los que buscan otras almas en cualquier otro lugar del planeta.

De esto al conocimiento solidario que se ofrece a quienes precisan de orientación en lugares remotos. Una de estos conocimientos es el que ofrece la Telemedicina.

Tuve la oportunidad de asistir en Cuba a un congreso de Telemedicina. Los cubanos son gente muy especial, y hasta cuando escriben quieren y se dejan querer. Este congreso dejó en mí una huella imperecedera.

Recuerdo el titular del Granma tras la inauguración del evento.

“Latió por Cuba un corazón noruego”

Así encabezaba la noticia la segunda página del día diecisiete de junio de mil novecientos noventa y ocho.

La noticia continuaba así:

“ El enlace entre Cuba y Noruega, vía satélite, para realizar el primer telediagnóstico entre ambos países, tuvo ayer una agradable sorpresa. Al establecerse la comunicación, un especialista noruego junto a una computadora, hizo un “clic”, y en el Salón de Embajadores del Hotel Habana Libre, se escucharon, inconfundibles, los fuertes latidos de un corazón” .“Es un corazón que está latiendo por Cuba”, dijo el especialista en gesto solidario.

Yo tuve la fortuna de escuchar ese latido.


3


Bell el humanitario

Las telecomunicaciones entrelazan vínculos de afecto con la literatura y con los locos quijotes primeros y quienes les continúan, que hicieron y hacen posible la expansión universal e instantánea del conocimiento humano a través del teléfono; entre otros Alexander Graham Bell o Elisa Grey, coinventor en paralelo del mismo y alejado de la fama universal de Bell, sólo por dos horas de retraso en la presentación de su patente (4).

Alexander Graham Bell tuvo desde joven el firme convencimiento de que el teléfono iba a ser la fuerza impulsora de su vida. Nacido en Edimburgo en mil ochocientos cuarenta y siete, se crió en el seno de una familia de músicos y poetas. La madre de Bell pintaba delicados cuadros y era una apasionada melómana, pese a su sordera. El padre era declamador y dado a la invención e ideó entre otros el sistema, ya mencionado, de discurso visible, que facilita la comunicación entre personas sordas. El abuelo de Bell era un afamado conferenciante. En este ambiente Bell vino a desarrollar su propio espíritu creativo.

Mark Twain fue de los primeros escritores en servirse del teléfono como fuente de inspiración. En mil ochocientos ochenta, escribió un ensayo informal titulado “una conversación telefónica”. También fue uno de los primeros escritores en disponer de un teléfono. No obstante, pronto se arrepintió de ello y llegó a comentar que “si Bell hubiese inventado un silenciador o una mordaza, habría hecho un auténtico servicio a la humanidad”

En una Navidad llegó incluso a desear paz y dicha a todo el mundo, excepto al inventor del teléfono.

James Joyce en el Ulises da protagonismo al teléfono y lo menciona ocho veces.

Desde su breve etapa de estudiante, Bell tuvo muy claro que debía especializarse en el conocimiento de la anatomía y de la fisiología humanas, si aspiraba a desarrollarse como inventor. Esto resultó determinante para la invención del teléfono. Años después, tras haberlo inventado, llegó a comentar en una ocasión, refiriéndose a Gray, el otro inventor del teléfono e ingeniero eléctrico de profesión. “Supongo que nunca habría podido inventar el teléfono de haber sido electricista. ¿Qué electricista tan absurdo hubiera sido de haber intentado tal cosa?. Mi ventaja es que el sonido forma parte de mi vida”

No obstante, es casi seguro que no haber acaecido una serie de sucesos en la vida de Bell, el teléfono no habría surgido ni en el tiempo ni en la forma en que lo hizo.

En mil ochocientos setenta la familia de Bell se vio forzada a emigrar al Canadá, tras perder a dos de los suyos por la tuberculosis. Pensaban que el clima canadiense iba a resultar más saludable a todos.

Tras una pequeña estancia en el Canadá, Bell se marchó a los EE.UU. Allí obtuvo, en mil ochocientos setenta y tres el nombramiento de profesor de fisiología vocal en el Boston College.

Durante el día se desempeñaba como profesor de personas sordas, a las que instruía en el sistema del discurso visible. Las noches las dedicaba a trabajar en su sistema de telegrafía armónica o de telégrafo musical. Bell pensaba que era posible enviar varios mensajes telegráficos a un mismo tiempo, simplemente variando el tono de la señal emitida por estos.

En el verano de mil ochocientos setenta y cuatro, Bell comenzó a trabajar en un sistema avanzado de ayuda en la enseñanza de la persona sorda. Este sistema, conocido como fonoautógrafo llegó a experimentarlo en el oído de una persona muerta. Un doctor amigo le proporcionó esa parte del cráneo. Situando el orificio del dispositivo en el tímpano y hablando por él, comprobó como vibraba la membrana del oído de la persona muerta. Al tiempo, esto provocaba el movimiento de una pequeña palanca asociada al dispositivo. Ello fascinó a Bell, al comprobar como la minúscula y delgada membrana humana, era capaz de hacer mover una pesada palanca. Podría ser, especuló, que variando la intensidad de una corriente eléctrica, de acuerdo a la intensidad de la voz humana, pudiese hacerse lo mismo desde una membrana artificial. La voz podría entonces ser reproducida en el otro extremo por medio de una membrana semejante.

Bell padecía de fortísimos dolores de cabeza. Sus ojos reaccionaban con extremada sensibilidad ante la luz. Esto le producía migrañas muy dolorosas. Por otra parte, en aquella época en la que apenas se sabía del estrés y del trabajo en exceso, Bell sufría de nervios y de agobios. Para relajarse gustaba de la paz de la naturaleza.

Yendo a visitar a sus padres al Canadá, descubrió las colinas frescas de Ontario.

Este reencuentro con la naturaleza le inspiró en gran medida y le hizo reflexionar sobre la cosas que realmente le preocupaban. Allí nació el teléfono.

Bell oteaba el gran río que se divisa desde las colinas de Brantford, en Ontario. Desde ese lugar le vinieron al recuerdo las imágenes de sus hermanos muertos y el paisaje de Escocia, que debió de abandonar precipitadamente.

En aquellos instantes de soledad, le llegaron también los ecos del dolor de los suyos y los de todos sus semejantes. Haciendo uso de las lanzas de su cerebro, se propuso combatir el mal de la incomunicación humana. El mismo confesaría, años más tarde, que fueron las colinas y la soledad quienes le llevaron a concebir el teléfono.

Bell apenas si se ocupó nunca de sí mismo. Le preocupaban el bienestar y la vida de los demás. Todos sus inventos tenían por referente el aspecto humanitario de las cosas. La seguridad en la aviación, la enseñanza de las personas sordas, la expansión de la telefonía, la desalinización, el pulmón artificial... Cualquier cosa que fuese lo que su imaginación dibujase, surgía del convencimiento de un hombre profundamente sensible y preocupado ante todo por el bienestar de sus semejantes.

Los negocios no fueron nunca su fuerte. Podría haber sido el hombre más rico del mundo. No lo fue ni lo quiso, pese a que las telecomunicaciones comenzaron a despuntar como uno de los negocios más prósperos que jamás hayan existido.

En el año dos mil, en el que esto se escribe, hay más líneas telefónicas instaladas en Nueva York que en todo Africa. De los cerca de ochocientos millones de líneas telefónicas instaladas en el mundo, apenas hay ciento cincuenta millones en los países pobres. En Camboya, El Chad o El Zaire hay apenas un teléfono por cada mil habitantes. En Suecia, por ejemplo, la práctica totalidad de los hogares dispone de entre una y dos líneas telefónicas y casi cada uno de sus habitantes disfruta también de un teléfono móvil.

Y a todo esto se ha llegado en apenas un suspiro. Suecia era a principios de siglo veinte un lugar de pobreza y de emigración. En menos de cien años, las enormes inversiones en telecomunicaciones realizadas con grandísimo esfuerzo, la han encaramado a la riqueza.

Conviene no olvidar que la primera de las comunicaciones telefónicas transoceánicas se celebró hace sólo setenta y cinco años. Tuvo lugar entre Londres y Nueva York. Fue el siete de marzo de mil novecientos veintiséis, justo el día en que se cumplían los cincuenta años de la presentación del invento de Bell. Hora, las once de la mañana.

Una voz llegada de Londres hacía estremecer a los periodistas e ingenieros reunidos en Nueva York para celebrar el evento. Era una voz de poesía:

- “Espere Nueva York... vamos a abrir las ventanas y a ver si ustedes escuchan ahí las campanas de San Pablo”.

En mí sucede que el uso solidario y humanitario de las telecomunicaciones me lleva también al estremecimiento. Ante la catástrofe, la necesidad de pan o de cultura, la urgencia médica o de seguridad, de calor humano, de palabra o de amor... las telecomunicaciones se ramifican en afecto de quienes de ella requieren. Esto es hermoso y me siento feliz de participar, siquiera mínimamente, en ello.

No obstante, negar lo evidente además de estúpido resulta poco práctico. No hay duda de que las telecomunicaciones contribuyen y cada vez en mayor grado a aumentar la distancia que separa a pobres de ricos. Pero al tiempo y por vez primera se da el sentimiento de que algo comienza a cambiar. Esto tal vez provenga del efecto de caballo de Troya, que los grandes locos cuerdos introducen en sus inventos o en sus escritos.

Un caballo de Troya es el de la red telefónica universal, que permite llevar a cualquier punto y de manera instantánea voz, imagen y datos. Otro caballo de Troya lo constituye Internet. Otro las señales radioeléctricas, para las que no existen fronteras; y, el último, los grandes libros, como El Quijote, que a su través se propagan.

¿Por qué tengo el sentimiento de que algo comienza a cambiar? . En primer lugar porque el conocimiento es patrimonio humano y la humanidad en su conjunto tiende al equilibrio. En segundo lugar, porque los hombres se necesitan, pese a que el humo de los países desarrollados impida a todos ver más allá de lo que se les ofrece en las congestionadas narices.

Así como la red nerviosa del cuerpo humano experimenta la sensación de contar con el miembro amputado, la red nerviosa de las telecomunicaciones padece de lo incompleto de su extensión. Esto impide claramente el desarrollo del cuerpo universal del conocimiento, que es a lo que en última instancia se tiende.

Es probable que llegue el día en que jóvenes de países pobres cuiden en la distancia de ancianos de países ricos. Es probable también que desde la distancia se cuiden y vigilen los bosques, las casas, las ciudades, los ríos o los mares de los países ricos. De hecho esto se está realizando en parte. Pero lo que resulta difícil de calibrar en estos momentos, es cuanto pueda suponer que millones de ojos, ya sea por obligación, ya por devoción, contemplen juntos tantas cosas a un mismo tiempo.



4


Madrid, ciudad de milagros.

Madrid es ciudad de tópicos, en la que nadie resulta extraño, y en la que, en ocasiones, combatimos los unos contra los otros, desde la soledad acompañada de nuestros propios miedos.

Treinta años en Madrid y aún todos los días descubro nuevos rostros, que curiosamente me resultan familiares. Pese a ello, no he podido todavía acostumbrarme a según qué cosas. Por ejemplo, no saludar ni ser saludado, o la indiferencia con la que se mira o con la que te miran; e incluso no saber un algo de los demás, ni interesarte por ellos, ni siquiera de ese de cara triste, que desde diez años atrás a esta parte te mira día tras día con cara de vinagre.

A pesar de todo, que bonito es Madrid cuando se mira hacia arriba y se ven sus balcones y cielos, y... tantas niñas bonitas.

Entre otras la dulce Minerva, que preside el Círculo de Bellas Artes.

Minerva se encuentra a cincuenta y ocho metros de altura respecto de la calle de Alcalá. Es una señorona de tres mil kilos de peso y seis metros y medio de largo. El arquitecto Palacios la concibió como Palas Atenea, surgiendo de una Acrópolis. Minerva representa a la diosa del arte y de la guerra.

La lectura continuada de El Quijote tiene a Minerva por Dulcinea. Desde su privilegiada atalaya, contempla el continuo discurrir de los lectores y curiosos, que no cesan de subir y bajar por las espaciosas escaleras que dan acceso al Salón de Lectura.

Para mí que más que diosa de la guerra, Minerva lo es del arte y del amor. No puede ser de otra manera cuando un edificio como el del Círculo se consagra a su deidad. De no hallarse complacida, difícilmente podría tener justificación el éxito de una lectura, en la que el amor se halla presente en cada una de las perlas de sabiduría, escritas por don Miguel.

Minerva sonríe.

Según Tulio, cinco mujeres hubo llamadas Minerva. La primera fue hija de Iúpiter, de cuyo nacimiento fingen los poetas que viendo Iúpiter que en su mujer Iuno no podía haber hijos, por no carecer dellos, movió la cabeza y del movimiento salió Minerva armada. Otros dicen ser hija de Neptuno y de la laguna Tritonia. El nacimiento de Minerva dicen haber sido en cinco de Luna. Nómbranla con varios nombres, danle tres vestiduras y una toca de diversos colores. Tuvo contienda con el dios Neptuno sobre poner nombre a la ciudad de Athenas, y con Aragnes Colofonia sobre el arte de tejer. Peleó con Vulcano por defender su virginidad, halló el uso de la oliva, de cuyo fruto se hace el aceite. Atribúyenle la invención de muchas artes y los números y las letras con que escrebimos.


Abstraído en esta referencia, nuevamente obtenida de Internet, no reparo en que Marta, curiosa, se detiene un instante a preguntar a uno de los técnicos de audiovisuales.

Francisco, técnico de comunicaciones y soñador como yo, le refiere cómo se realiza el proceso de una videoconferencia.

- Lo realmente importante es que ambos sistemas hablen un mismo lenguaje. Las complicaciones surgen cuando el sonido o la imagen no se comportan adecuadamente. De hecho existen más de siete normas distintas de sonido e imagen en videoconferencia, algunas de ellas incompatibles entre sí – dice.

- Ocurre entonces como en las personas. Cada cual entiende lo que le parece. Eso imposibilita la comunicación – responde Marta.

- Sí, así es – ríe Francisco.

Marta me regala de nuevo su sonrisa, envuelta en un olor de jazmines:

- Hola – me saluda.

- Hola, cuánto tiempo – respondo.

- Sí, mucho. Te he echado de menos.- contesta medio en broma medio en serio, siendo que hace poco más de una hora que nos conocemos.

Hace calor. Tres de la tarde. Marta me sugiere dar una vuelta, antes de irnos a comer:

- ¿Tienes inconveniente en que te invite una chica? – me propone con sus preciosos ojos de reina.

- No, mujer, claro que no – sonrío, y dejo que lo bueno que me ofrece me cauterice los adentros.

- Salgamos fuera. Haz de cicerone para mí mientras encontramos un lugar donde comer.– me pide, con voz que percibo estremecida.

- Es un honor.- respondo, impresionado.

Marta me toma de una mano:

- Así no me perderé de ti – sonríe.

A unos metros del Círculo damos con el edificio del Banco de España. Es un bello edificio de estilo renacentista y fachada veneciana, que entusiasma a Marta:

- Tanto tiempo, qué bonito – susurra enigmática

De allí pasamos a la admiración del Palacio de Correos y Telecomunicaciones, conocido en su tiempo de los madrileños como de “Nuestra Señora de las Telecomunicaciones”. Las guirnaldas y coronas que le adornan le dan el aspecto de palacio que resiste el cambio de siglo. Sólo las figuras femeninas y los monstruos que lo embellecen, parecen mantenerse impertérritos ante el continuo fluir de la marea humana, que a su vera pasa.

Sin soltarnos de la mano, llegamos al edificio de La Bolsa de Comercio, de gran fachada y de amplio pórtico, frente por frente al Monumento de los Héroes del Dos de Mayo. La llama motiva que lo honra se eleva por unos instantes ante la presencia de la bella.

Luego el Hotel Ritz, de los grandes lujos y príncipes de principio de siglo. Este edificio tiene sabor a París.

Marta no deja de sonreír boquiabierta:

- Tanto tiempo. Tan bonito – vuelve a decir.

Es el Ritz el destino que Marta me tiene reservado:

- Marta, este sitio es muy caro – le digo.

- Tú te lo mereces – responde.

A Marta, Madrid se le asemeja el paraíso. Estoy con ella en la belleza de sus edificios, en lo grande de mucha de sus gentes y en tantas otras cosas. Pero en Madrid, le comento, yo, nunca he dado con la calma.

Al poco de llegar a Madrid, le refiero, recién cumplidos los diecinueve, soñaba con regresar a mi pueblo, y adornaba la vuelta de un añorado gozo, que en verdad, he de confesar, nunca experimenté.

Poco menos de un mes en la ciudad, y me resultaba del todo punto imposible soportar la ausencia y el desapego de las calles de Villanueva de los Infantes. No podía con el peso de los recuerdos. Paseaba por la Plaza Mayor y se me hacía que aquello era la plaza de mi pueblo. Daba con mis penas en El Retiro y de los árboles me llegaba el susurro de las moreras del Paseo, donde de niño pasaba las horas muertas, perdido en la contemplación del cielo.

La nostalgia me estaba matando. Me fue preciso compartir la pena con mi tía Pilar. No pude hacerlo con mis padres, más pesarosos aún que yo:

- Tía, no soporto más Madrid. Esta ciudad no es buena. Aquí la gente se muere de contaminación y de nervios. – le dije.

- Nadie se muere en Madrid por eso – respondió, sin dar mayor importancia al hecho.

Pasados los años, y al no mitigarse el sufrimiento, fui a un médico a pedirle pastillas contra el supuesto mal de Madrid:

- No puedo más –sollocé.

- Pero ¿qué es lo que sientes realmente? – me preguntó.

- No soporto la ciudad. El trabajo me desquicia. Creo que voy a morir... – le confesé lleno de impotencia.

- Deja entonces tu trabajo y abandona Madrid. – fue su única respuesta.

Lo que me dijo aquel médico me dejó estupefacto. Qué sencillo resultaba para él decir aquello. Cómo si yo hubiese elegido vivir en Madrid. Pero qué razón tenía. La experiencia ha venido a descubrirme que lo único realmente importante en la vida es la vida misma. Los años pasan a velocidad de vértigo, y nada te permanece sino el poso de lo vivido. Del presente, que no se malgasta en la autocompasión, del tiempo que pierde uno inútilmente porque le apetece. Eso y otras cosas aún más sencillas es lo que realmente importa, en esta vida de ruidos y de prisas.

Debiera haber huido de Madrid en aquel momento y vivir de acuerdo con mis sueños. No lo hice. Es tiempo de pasar de las palabras a los hechos.


Reflexiono sobre estos pensamientos...

Nos aferramos a las cadenas de una seguridad, que ni existe ni puede existir. Seguridad por un mañana, por un trabajo, por una ciudad. Nos preocupamos por el futuro y apenas si nos ocupamos del presente. El mundo es un lugar de belleza, de lugares comunes donde comenzar el resto de lo que nos quede. Quizá el secreto de todo radique en vivir sencillamente. La racionalidad extrema lleva inevitablemente al desaliento. La seguridad la da el sentirse parte del todo; de la noche con sus embrujos; del día con los que nos resultan queridos. Ocuparse y no preocuparse, vencer los miedos que nos lastran y son fuente de continua inquietud. Perseguir un sueño, equivocarse. No preocuparse, sino ocuparse.

Pero, ¿cómo no preocuparse?.

Me preocupan las guerras, el hambre, los niños maltratados, las mujeres prostituidas, los ancianos en desamparo, la contaminación, el terrorismo... Me preocupan mi familia y mi trabajo.

Entonces ¿de qué es de lo que realmente me ocupo?. Apenas de realizarme sin el exceso de pasión y la alegría de otros años; de leer e inventarme historias, un tanto de atender a mi familia y pare usted de contar. Los desvelos de lo no vivido han acabado por quebrar el lastre que me vincula al futuro.

Hay cosas que no comprendo, me resultan difíciles y en el entretanto del ínterin del tiempo se me diluyen como azucarillo en agua.

Pero me pregunto ¿puede una parte juzgar al todo?; ¿puede la más pequeña de las partículas de arena de una playa infinita tener constancia del beso de las aguas en su orilla? ; ¿puede la más remota molécula de la uña de un pie captar la generalidad de un pensamiento? La respuesta parece obvia. Y sin embargo, somos menos aún en un cosmos, que siendo un todo, del que forman parte las realidades conocidas, las supuestas e incluso las por conocer, se intuye diminuto en comparación con la grandeza del Creador.

Puede dar la impresión de que actuamos de acuerdo con el libre albedrío. No es así sin embargo. Si analizamos con sosiego los esquemas por los que se rigen nuestras vidas: familiares, sociales, económicos..., deducimos de inmediato que el margen de tolerancia, de actuación fuera de unos esquemas prefijados, es tan reducido que apenas tienen cabida sino lo que el destino y el sistema marcan a cada uno.

El mundo es dual. A toda fuerza de acción se opone otra de igual magnitud en sentido contrario. Evidentemente Dios no juega a los dados. Pero la fuerza opuesta, tiene su designio.

Todos sujetos a la cárcel del cuerpo. Todos sujetos a la incertidumbre de la nave que navega por la inmensidad del interminable océano. La Tierra, punto insignificante. Comprimido el universo conocido a las dimensiones de ésta, para saber de ella, que se hallaría en las profundidades de una simple partícula de polvo, haría falta un microscopio de un millón de aumentos. La partícula de polvo, el Sol; la Tierra, el infinitesimal Planeta que en su interior gira; ¿qué supone el hombre entonces? El Infierno no se encuentra en el más allá, sino en el más acá. Nos engañamos unos a otros con máscaras de teatro.

El drama se vive por dentro. El drama de la soledad. Venimos solos y solos partimos. El amor más grande que puedas sentir por criatura o por idea alguna, no impide que cuando te enfrentes a la experiencia última de la disolución, el tránsito lo hayas de hacer desnudo y en soledad. Porque nada, absolutamente nada, es patrimonio de nadie: ni sabiduría, ni ignorancia, ni poder... Todo se confunde en un TODO en el que azar, designios, posibilidades, destino y sistema nos enfrentan al esfuerzo colectivo de conformar moléculas del gran cuerpo enfermo.

El cuerpo, la mente, el espíritu se adapta a las carencias. Cuando en un organismo surge la enfermedad, la incógnita o el desasosiego, de inmediato fluyen las defensas precisas para que éste no sucumba. Así, en todos los seres, surge la fe en algo o en alguien como barrera. Fe en la vida, en el más allá o en el más acá, en nuestros semejantes... De no contar con la fe no habría nada que nos atase o nos mantuviese unidos al yugo de la existencia.

Pero a la vez, nada es porque sí; en nuestras aparentemente frágiles voluntades se halla el hacer más soportables las duras condiciones de sufrimiento y soledad que padecen millones de seres humanos. Es cierto que resulta difícil admitir que ese, o ese otro, de los que no compartes la menor afinidad, descienden de un ser humano común. Todos somos hijos de la misma Eva, antepasada africana que regó de hiel y sangre los siglos venideros. Y!madre! resulta tan efímero y fugaz el devenir, que hace de por sí más injusto y absurdo el empeño en conservar lo nimio.

Existir existen, y a raudales, la prepotencia, el orgullo y la mentira, que actúan de coraza que sustrae de la felicidad. Y es así, porque se soporta mal la felicidad, tanto la ajena como la propia. Uno nunca se siente satisfecho del todo. En primer lugar porque no acaba de sintonizar con cuanto le rodea: situación, cuerpo, salud, familia... En segundo lugar porque uno se cree el centro del mundo y el mundo no nos rinde pleitesía. Pero es que además la búsqueda de la ilusión resulta más dura y encarnizada que la del Santo Grial. ¿Dónde hallar la fuerza precisa que recargue de energía el alma? ¿Dónde hallar ese resquicio que deje entrever el Cielo? El autobús de la locura gira y gira y da vueltas alrededor de sí mismo sin hallar el camino de salida. Todos los viajeros anhelan el prado de flores; las amapolas cubriendo de arrebol la pradera. Allá él riachuelo, discurrir transparente de vida pura; allá la sonrisa clara de la muchacha rubia de sombrero blanco. Sonríe y su sonrisa es trigo y oro puro.

El autobús prosigue y tú anhelas que se detenga. Dejarte mecer por la sonrisa distante.

¿A quién conviene que esto siga así? ¿A quién beneficia que el mundo se retuerza convulsionado por el dolor?

A ninguna persona razonable le interesa. No obstante, la lucha es cotidiana. Contra aquello que es real y contra lo inexistente. Así, en ocasiones, nos refugiamos en los recuerdos, de la infancia o de la adolescencia. Recuerdos que nos resultan gratos porque tan sólo perdura lo bello: el brillo en la mirada del primer amor; el pueblo en primavera; los amigos -- algunos ya definitivamente ausentes de lo físico-- Pero no hay tiempo para la reflexión. Sólo queda aferrarse a lo escaso de eterno que aún perdura, y que probablemente ni el tiempo ni el ingenio mal utilizado puedan cambiar... Queda la amistad, incluso con las piedras que nos vieron nacer; con el porvenir, de este día que marca el resto de nuestras vidas. A veces, parece inútil y baldío el esfuerzo de la felicidad en un mundo doliente. Pero hay que luchar por ser. Llegado el momento será lo único que quede.

Tras un espejo se encuentra Dios. En el fondo de la mirada de cualquiera de nosotros se encuentra la complejidad del universo. ¿Por qué no somos capaces de dar de una vez por todas con la solución?

Marta me rescata del abismo:

- ¿Qué piensas? –me dice.

- Pienso en mi pueblo – respondo, saliendo del ensimismamiento.

- ¿Y eso te pone triste? – inquiere.

- No. Me pone triste que seas tan bonita y yo me encuentre tan preso – replico.

- En este mundo no hay presos. Sólo las piedras o las estatuas lo son. Mientras exista un átomo de vida, existe la vida y la libertad. Lo que nos mantiene presos son los miedos. Miedo a lo desconocido y a la oscuridad del alma; miedo a perder el control y a las ausencias... Sólo el conocimiento fortifica las defensas frente a los miedos, y es luz que conduce a la eternidad. No hay que temer al mal. Cristo dice “no combatáis el mal” . Esto no significa que haya que instalarse en el mal, por el contrario hemos de ensanchar la capacidad del bien, para que el mal pierda influencia irremisiblemente. Llegar al conocimiento, a través de la meditación, de la oración o del amor. No es lo que hayas hecho, sino lo que no hayas hecho, lo que causa la tristeza. El hermano moribundo y solitario que se arrastra por cualquiera de las esquinas de Madrid, al que apartamos de nuestras preocupaciones y de nuestra vista. La prostituta que vende su alma y busca consuelo en las babas de hombres enfermos de soledad o de tristeza. El viejo solitario que llora por las esquinas... De eso, de lo cercano es de lo que hay que ocuparse. Lo lejano merece nuestro cariño y atención. Lo cercano merece todo eso y nuestra acción – afirma con una vehemencia, que por unos instantes me produce escalofríos.

- Marta, tú no eres periodista, ¿verdad?. ¿Quién eres realmente? – la miro con otra mirada. Estoy en un sueño. Sus ojos son de fuego. Me estremezco de pies a cabeza.

- Soy Marta, una sencilla chica chilena, a la que has caído muy bien. Nada más que eso – responde, sin dar mayor importancia a tan súbita inquietud.

- No te creo. ¿Por qué me has elegido a mí?. Soy un hombre casado, amo a mi mujer. Me confundes... No sé qué pensar Estoy tan a gusto contigo... No entiendo nada – le digo.

- ¿Te sientes mal por estar a gusto? . Eso es una contradicción. Uno no puede sentirse mal si se encuentra a gusto. Disfruta de este instante, como yo lo estoy haciendo... Porque no es verdad que me conozcas desde hace cuatro horas. Todos los seres estamos vinculados en la eternidad. Mira en mis ojos. Dime si te son extraños – me invita a perderme en ellos.

Marta lleva en sus pupilas brillos de estrellas. Sus ojos son los de mi Carmen, los de mis niños, los de mi primer desvelo:

- No me resultan extraños. Son muy bellos – tartamudeo y tiemblo.

- Tú también me eres bello – susurra y me regala un beso con sabor a fresa.


5


Recuerdos de la infancia...

«Apenas había el rubicundo Apolo tendido por la faz de la ancha y espaciosa tierra las doradas hebras de sus hermosos cabellos, y apenas los pequeños y pintados pajarillos con sus arpadas lenguas habían saludado con dulce y meliflua armonía la venida de la rosada aurora, que, dejando la blanda cama del celoso marido, por las puertas y balcones del manchego horizonte a los mortales se mostraba, cuando el famoso caballero don Quijote de la Mancha, dejando las ociosas plumas, subió sobre su famoso caballo Rocinante, y comenzó a caminar por el antiguo y conocido campo de Montiel».


Tal vez esta apatía de no desear emprender nada nuevo, tenga que ver con la insatisfacción de no dar con un camino ilusionante que ponga alas a mis sueños. La decepción de un mundo que me condiciona hasta en los anhelos y los encauza allá donde la codicia y la comodidad más lastimera se sienten a su gusto, condiciona también este sentido de lo eterno, que debiera ser el auténtico referente de mi vida.

Puede que todo resulte sencillo y que realmente lo que sienta en este momento tenga básicamente que ver con mi esencia. En el fondo sigo siendo un manchego de pueblo, alejado de sus raíces, que no acaba de encontrar acomodo en la ciudad. La solución pudiera venir de un eficaz tratamiento que contribuyese a darme un mayor grado de energía en lo que emprendo.

No sé si el carácter manchego que refleja El Quijote se ajuste fiel al retrato de la tipología del lugar o trascienda y se eleve de lo concreto a lo universal. Lo cierto es que tras deleitarme y descubrirme en la lectura del magnífico libro, me mantengo en el profundo convencimiento de que algunos de mis paisanos de entonces, debieron de servir de inspiración a don Miguel de Cervantes Saavedra.

Me baso en que pese al tiempo transcurrido, aquellos personajes siguen latiendo en el corazón de muchos de los actuales manchegos.

El barbero no es otro sino el que a mí me cortaba el pelo: comedido, juicioso, algo burlón y apegado al sarmiento. El cura se asemeja al bueno de don Ramón, q.e.p.d., que entre hipos me daba de coscorrones cada vez que iba al confesionario a decirle que me había tocado "la cosa". El bachiller resulta sin duda mi viejo maestro, culto, cristiano, que trataba de hacer de mí un hombre de provecho, inculcándome la idea de que no todos los asuntos de este mundo los resuelve el Capitán Trueno.

Luego de ello llegó el día, en el que sin ser partícipe de la decisión, me vine a dar de bruces con el Madrid de mis desasosiegos.

Tenía fresca la noche en un cine de verano, cuando otras menos amables se me ofrecieron.

Mil novecientos setenta, finales de septiembre. Mi joven y primer inexperta Dulcinea clavaba en mí sus ojos de azabache, sin saber, cruel, que al hacerlo clavaba también los cuchillos de un primer amor.

- Voy a dar la vuelta al mundo – le dije a la entrada del cine– Iré a Africa y América, donde los ríos son grandes como el mar.

- Pues sí que vas a ir lejos – respondió con admiración.

Era la noche anterior que iba a seguir al día de mi incorporación a la Universidad Laboral de Alcalá de Henares. De mis labios, Dulcinea no escuchó otras cosas sino sueños sin orden ni concierto. Quise decirle que la quería, pero me resultó de todo punto imposible hacerlo: la timidez, y una gran desconfianza en mis escasos méritos, me hicieron desistir del intento. En cambio, no cejé en expresarle un montón de tonterías.

Ella me escuchó con su cariño de lejanía, que por entonces no fui capaz de descubrir. Esto me confundió y me hizo albergar esperanzas, envueltas sin duda en la hermosura de sus ojos, bellos como luceros.

Luego le escribí, diciéndole lo mucho que la quería y cuanto la necesitaba. Ella me respondió que cuando encontrase amigos en Madrid, me olvidaría de ella. No fue así, sino que me partió el corazón.

Sufrí mucho con este primer amor. No obstante, tengo hacia ella los mejores sentimientos. Que Dios la bendiga por lo mucho que me hizo madurar y por darme ocasión de conducirme al amor verdadero, que me tenía reservado el sendero.

El auténtico amor de mi vida lo encontré en mil novecientos setenta y dos en un pequeño pueblo de Vizcaya, Miravalles, donde por entonces los ríos aún conservaban purezas de cristal. De allí me llegaba, a fines de mil novecientos setenta, una preciosa postal de Navidad en el interior de un sobre, con la dirección incorrecta, en la que en lo único que estaba bien escrito eran el nombre y la provincia. Pero la carta acabó por llegar a su destinatario, que era yo.

Debo el gran amor de mi vida al eficiente servicio de correos.

- ¿En que piensas, Paco? – me rescata de nuevo Marta.

Por unos instantes callo. No sé en realidad en qué pienso. Por no entender, no entiendo siquiera esta tormenta de pensamientos. Estoy junto a Marta y al tiempo experimento que me hallo más allá del espacio que me dibuja el adormecimiento.

- Sigo pensando en mi pueblo. La lectura de El Quijote hace que repase mi vida.

¿Cómo puede ser que hable de mis sentimientos con Marta, si la acabo de conocer?. Lo cierto es que así es, como también que a nadie antes he abierto de esta manera mi corazón.

Ella da respuesta a mis inquietudes. Lee mis pensamientos:

- Somos amigos, Paco. Lo sabes y te digo: Es bueno recrearse en el pasado y aprender de los errores. Pero lo que no es conveniente en modo alguno, es instalarse en el pasado – expresa suave y dulcemente.

- Durante años tuve el sentimiento de haber dejado asignaturas pendientes. Eso me impidió disfrutar a plenitud de lo bueno que se me ofrecía – le digo.

- Y ¿ya has superado esas asignaturas? – pregunta.

- Con un aprobado raso, pero creo que sí – murmuro y apenas si me entiendo.

- Te creo. Pienso que la única asignatura realmente importante en esta vida es la de amar. Amarse a sí mismo; amar a los demás. A muchos les puede llevar toda su existencia aprender esto, y al final puede que no aprendan nada, e incluso acaben con menos conocimiento que cuando empezaron.

- Y ¿cómo se aprende a amar? – le digo.

- A amar se aprende amando. Así de sencillo – responde.

- No lo creo, Marta. Amar es tremendamente complicado – la contemplo con ternura al decir esto, pretendiendo beberme su belleza y saciarme del néctar que la procura.

- Pues entonces piensa en las ventajas prácticas que te pueda reportar amar. Amar sin esperar nada a cambio nos lleva en última instancia a la tranquilidad. Y amarte a ti mismo implica que funcione mejor tu vida, tu cuerpo, tus riñones, tu corazón... – contesta, apartando levemente la mirada.

- ¿Y la mente? – le digo.

- La mente es el lugar común en el que todos nos encontramos. El grave problema radica en que la mayor parte de las veces no pensamos sino que somos pensados – responde.

- ¿Qué quieres decir exactamente? – inquiero.

- Quiero decir que actuamos según se espera de nosotros. Este esfuerzo genera movimientos de tensión y de acomodo, que se traducen en sentimientos de tristeza, ira, odio... Ello nos aleja del amor.

- Marta, tú no eres periodista... y no sé que pensar - le digo una vez más.

- ¿Y qué si no lo fuera? ¿Te sentirías mal por eso? - pregunta

- No, pero la cabeza me da vueltas – respondo.

- Disfruta de lo sencillo. Disfruta de esta lectura que te sacude como a mí me está sucediendo – expresa.

- Lo hago, pero comprende también que todo esto me ocurre a velocidad vertiginosa. Desde que tengo uso de razón, he sabido las etapas que me aguardaban: estudios, servicio militar, matrimonio, trabajo y defunción. Las etapas en realidad no han cambiado. Lo han hecho los matices que le dan forma. Piensa que yo no vi un coche hasta los diez años. De aquello he llegado a Internet.

- Que es un arma cargada de futuro – responde riendo.


6


El ejercicio de las letras

Prosiguiendo don Quijote, dijo:

–Pues comenzamos en el estudiante por la pobreza y sus partes... Pero, decidme, señores, si habéis mirado en ello: ¿cuán menos son los premiados por la guerra que los que han perecido en ella? Sin duda, habéis de responder que no tienen comparación, ni se pueden reducir a cuenta los muertos, y que se podrán contar los premiados vivos con tres letras de guarismo. Todo esto es al revés en los letrados; porque, de faldas, que no quiero decir de mangas, todos tienen en qué entretenerse. Así que, aunque es mayor el trabajo del soldado, es mucho menor el premio. Pero a esto se puede responder que es más fácil premiar a dos mil letrados que a treinta mil soldados, porque a aquéllos se premian con darles oficios, que por fuerza se han de dar a los de su profesión, y a éstos no se pueden premiar sino con la mesma hacienda del señor a quien sirven; y esta imposibilidad fortifica más la razón que tengo. Pero dejemos esto aparte, que es laberinto de muy dificultosa salida, sino volvamos a la preeminencia de las armas contra las letras...

La lucha desigual entre los ensueños y la incapacidad que tenemos de plasmar estos, nos impide llegarnos al sosiego de una auténtica reflexión purificadora.

¿Qué es lo que motiva a una persona a escribir?. Escribir es tarea que requiere, cuando menos, de tiempo, habilidad, práctica y paciencia. Cuatro virtudes de las que personalmente carezco. Tiempo apenas si me queda, fundamentalmente por lo mucho que me resta por descubrir. Habilidad, la que el propio sufrir y la mucha lectura me viene inculcando. Práctica, sí que tengo. De paciencia mejor ni hablar; no me queda ni pizca.

Sin embargo, me gusta escribir y no puedo ni quiero dejar de hacerlo, pese a lo mucho que abandono al recrearme en ello.

Desde que recuerdo, pueden contarse con los dedos de las manos los días en que haya dejado de hacerlo, ya unas pocas líneas, ya en una agenda, ya en un diario de sueños, ya en cartas, ya en papeles sueltos.

Naturalmente escribir y hacerlo bien es un privilegio del que sólo gozan unos pocos, tocados del beso de las alturas. No obstante, para otros, entre los que me encuentro, vivir en literatura es un bien que afortunadamente deleita en su misma esencia. En leer, en dejarse llevar del sueño de otros y hacerlo al tiempo con los propios. Vivir en literatura implica profundizar en los detalles, en el misterio, en el lado que habitualmente queda oculto de las cosas...

Don Quijote, como su creador, don Miguel de Cervantes, era un lector empedernido, además de fabulador de sueños. Qué otra cosa es la literatura para los escritores, sino un conjunto de sueños que se plasman en un papel.

El escritor escribe sobre el mundo en el que vive, desde la luz que le llega del sentimiento. Lo hace también del mundo en el que le gustaría o le hubiese gustado vivir e incluso del mundo que se le asoma desde el despecho.

Un amigo mío, buen escritor, lo sublima y dice que no vive de la poesía, sino que vive con la poesía.

Tal vez sea este extremo el que lleve a unos pocos a una cierta intolerancia, por cuanto el perfeccionismo y la sublimación conducen por senderos, por los que los que habitualmente no transitamos el común de los mortales.

Para mí escribir se convierte, en la mayor parte de las ocasiones, en un ejercicio terapéutico que me rescata de la insatisfacción. Contradictoriamente, soy extremadamente perezoso. Me gusta escribir, sin embargo, si pudiera dejar de hacerlo, lo haría con gusto. Escribo por curarme, por ser leído, por dibujar un algo bello. Pero aún me gusta más no hacer nada, mirar el cielo, acariciar a mi Carmen, abrazar a mis niños, mecerme en el sosiego.

Pero lo que inevitablemente me lleva a la esquizofrenia es compaginar lo técnico con lo bello.

El mundo de las telecomunicaciones es extremadamente preciso. Aporta más una estadística, una cifra, un servicio, producto o un esquema que cualquier narrativa de explicación. Y siendo eso así, he de admitir que no puedo evitar adornar los informes que realizo, los esquemas y hasta las facturas de adornos, retóricas y un algo bello.

Las telecomunicaciones se han constituido en uno de los soportes esenciales de la literatura, que se expande, transmite, modifica o enriquece a su través.

Una gran cantidad de servicios de telecomunicación surgen de la chispa literaria de ingenieros o de técnicos, que fabulan desde el papel, ideando utilidades utópicas, en ocasiones sin mayor justificación que la que se deriva del mundo del ensueño.

Apenas veinte años atrás servicios de telecomunicación como los que permiten el habla a tres simultáneamente; sonidos de timbre indistintos, dependiendo de a quien se dirija la llamada; teléfonos para personas sordociegas, etc., no tenían otra existencia excepto la imaginación de unos pocos. Por entonces, los planes de evolución tecnológica de las telecomunicaciones bebían y aún beben de lo literario y de la esencia de quienes encuentran en ello su camino de expresión.

Hago partícipe a Marta de éstos mis nuevos pensamientos.

Marta tiene el perfil de una diosa. Me anima a combatir. Es como una sombra buena. Es curioso, pese a lo impresionante de su cuerpo, mis compañeros parecen no percatarse de su presencia, siendo que yo me la bebo en cada suspiro. El perfume de su cuerpo me eleva de continuo. Pero no la deseo, a pesar de que me derrito por sus besos. Se vuelve transparente en mi mirada. La admiro y me siento confundido también por esto.

Mi cabeza bulle. Marta, don Quijote. Las cosas parecen acontecer de acuerdo con lo previsto. Estoy en un continuo volcán de pensamientos. Un compañero me advierte del establecimiento de la conexión telefónica con el buque de pasajeros “Volcán de Tamarite”.

Salgo del sopor. Atiendo.

La voz del capitán llega solemne, envuelta en la brisa de los mares por los que navega.

Imagino a los hombres de la mar unidos a tierra por los lazos del sentimiento; lazos que se hacen intensos desde las aguas embravecidas los días de temporal. Es entonces cuando la radio o el teléfono son tablas de salvación, a las que aferrarse cuando todo se torna negro.

En alta mar la experta voz del médico, aconseja y orienta desde la distancia, y salva vidas que de otra manera se perderían irremisiblemente.

Las telecomunicaciones y la salvaguarda de la vida humana en el mar. La lectura es un homenaje mutuo. Pocos saben que Telefónica ha ofrecido y aún ofrece este servicio sin obtener beneficio de ello. Esto dignifica y da sentido al valor humano de las telecomunicaciones.

Le corresponde el turno de lectura a un marinero en tierra. Lo hace por el sistema morse, oficialmente en desuso en España desde el año pasado.

El marinero en tierra llena de música el Salón. Por un instante se emociona. Luego nos confiesa que se ha confundido en un par de ocasiones. Lo cierto es que exceptuando otro marinero, nadie más parece haber reparado en esto.

Siguen a éste dos personas ciegas que leen por el método braille. También en este caso la emoción les domina. A uno de ellos incluso se le trastabilla un dedo. Pide perdón y continúa. El Quijote en braille es un libro caricia, según manifiesta riendo.

La risa sana, cura el alma y fortalece el cuerpo. Aspiro a deleitarme en sus requiebros. Mi salud, como la de don Quijote, no puede ser plena si me falla la salud del disfrute cotidiano.

El hombre ha dominado todas las especies animales y vegetales, convirtiendo este mundo en una gran despensa basurero. ¿Qué podría hacer el bueno de don Quijote para remediar tanto desastre, si cabalgase de nuevo? La salud del cuerpo refleja la del alma. El ceño fruncido, el pensamiento en cualquiera de las mil cosas que no nos sean las realmente provechosas, acaba por situarnos en un profundo malestar. Es entonces cuando el dolor que siente nuestra madre Tierra, se agiganta en las conciencias fratricidas de estos sus desagradecidos hijos.

Porque no es otra cosa lo que hacemos los hombres sino enfrentarnos de continuo los unos contra los otros y contra esta bendita Tierra, madre nuestra.

Duele el comportamiento cainita de alguno de los presentes vizcaínos. Nos desafían a todos y no parecen percibir que ellos forman parte del todo al que desafían. El problema de su carácter lo es por lo primitivo y sanguinario. Convierte en fiera al hombre para con el hombre y en alimaña para con sus semejantes. La independencia es no depender, y los tales vizcainos dependen ante todo del dolor que causan. Fanáticos locos que destrozan ilusiones. ¿Cómo podrán resarcir a los siglos de tanta indignidad?

Hay infinito dolor real y no ese lastimero de mirarse al ombligo, que padecen algunos de los actuales vizcainos, en lugares donde la esperanza no alcanza siquiera para morir.

Son ellos, nuestros hermanos del olvidado continente africano, que nos piden paz y pan. Millones de seres buenos que se ven a diario obligados a abandonar los precarios hogares en los que malviven, donde el estercolar y sobrevivir lo es todo a un tiempo.

Hay que tener valor para no creer en Dios. Uno puede estar tentado en sospechar de la no-existencia de Dios, ante situaciones extremas; pero es justamente el dolor de los demás el que nos recuerda que Dios nos pone en este mundo entre otras cosas para servir a nuestros semejantes.

Tremendo dolor de Palestina. Dolor del holocausto extendido al hermano Ismael, por víctimas que se trocan en verdugos. Dios mío, danos la paz de una vez por todas.

Sudo. Estoy inquieto. Marta calla. Desde hace un rato no dice nada. Se limita a mirarme con ojos compasivos. Llego de nuevo a la lectura. Aterrizo suavemente, para no descompensarme en el reencuentro.

Nuevos lectores se suceden de manera ininterrumpida. Me enternecen los niños cuando leen con su voz de trino o se traban y continúan, sonriendo un tanto avergonzados.

Llega el turno de las personas sordas. Corresponde hacerlo por videoconferencia a una persona sorda desde Estocolmo.

El lenguaje de los signos es tan bello y poético como pueda serlo el lenguaje de lo hablado. Tal vez incluso pueda resultarlo más aun en ocasiones, por cuanto un signo expresa una emoción, una idea, un sentimiento... y esto se dibuja en cada mente en sintonía con la fuerza de quien lo exprese en cada momento.

La lectura sigue. La belleza de la palabra me sobrepone del súbito dolor extremo.


8


Círculo de Bellas Artes. Acto Final

Nada es mentira. Sólo la ignorancia y el temor a conocer la verdad generan el misterio.

Nada es injusto, sólo nosotros, desde el limitado plano existencial en el que nos encontramos, vemos injusto lo que es necesario para nuestro desarrollo individual.

Nada depende de nada, sino del plano mental en el que acorralamos nuestros sueños. No hay barreras ni fronteras; sólo caminos y un postrer escollo, que es el de la vergüenza, que también se traspasa en ocasiones. Los hombres somos vulnerables por los miedos que nos espantan.

La mayor vulnerabilidad es con toda seguridad la que nos sitúa frente al amor no correspondido. Esa es la extrema vulnerabilidad, que nos hace sentir la indefensión de un niño perdido en mitad de la noche.

Apenas treinta horas con Marta y me encuentro inerme ante su presencia. Amo a Marta. No entiendo cómo pueda ser esto, siendo que prácticamente acabamos de conocernos.

Pero es extraño, me siento bien. No veo que este amor resulte incompatible con el que profeso a mi Carmen.

- Marta, ¿se puede amar intensamente a alguien a quien se acaba de conocer? – pregunto, al tiempo que la tomo de ambas manos.

- Se puede, naturalmente que sí – responde, y me regala un aroma de rosas.

- Yo... – las piernas se me aflojan, la voz se me quiebra. ; los ojos se me humedecen.

- ¿Sí?- susurra, y su voz es canto y dulzura.

- Marta, creo... que me he enamorado de ti – le digo de manera atropellada.

- Yo también me he enamorado de ti – me responde, suave y cariñosamente.

Su respuesta me desconcierta. No sé cómo reaccionar. Quisiera abrazarla, fundirme en ella.

- ¿Qué podemos hacer?. Estoy casado. Amo a mi mujer. No quiero hacerla sufrir – digo, reparando en ello.

- Nada hemos de hacer. – me responde con infinita dulzura, sin dejar de sonreír un solo instante - Hay muchas maneras de amar. No es preciso que hagas sufrir a tu mujer. Vamos a disfrutar a plenitud del tiempo que aún nos reste. Es un tiempo infinito si lo sabemos disfrutar... Dispongo de datos más que suficientes como para elaborar mi reportaje. Tu trabajo también se halla próximo a su conclusión y todo parece que discurra bien. ¿Qué más podemos pedir?.

- Sí, hay algo más que podemos pedir. ¡Yo te pido a ti¡ – suplico.

- ¿Me quieres como una posesión? – inquiere, sin perder la serena gracia de su inmenso cariño.

- No; te quiero como quiere un hombre a una mujer. – proclamo, con toda la pasión de mi corazón en llaga viva.

Marta medita un instante antes de responderme de nuevo:

- Paco, el amor es muy sencillo, pese a lo complicado que pueda parecernos en ocasiones. Lo hemos complicado, al confundirlo con la posesión. El propio Quijote habla de ello, en los sucesos de amor que acaecieron a la bella Marcela. Estos sucesos reflejan como pocos la dependencia enfermiza a la que puede llevar el amor no correspondido. Grisóstomo, se enamoró profundamente de Marcela, sin ser aceptado por esta. No al menos en la forma en que él pretendía. Marcela era muchacha de extremada hermosura: labios de coral, perlas por dientes, mejillas de flor, cabellos de oro, cuello de nácar y cuerpo..., que el casto narrar de don Miguel deja entrever como de ensueño. A todo ello, añadía Marcela las cualidades de su inteligencia y ganas de vivir libre de ataduras...

- Según lo pintas, no resulta extraño que Grisóstomo se enamorase de una mujer así – interrumpo.

- Desde luego que no, siendo además que Marcela era aún más bella por dentro que por fuera. Sin embargo, Marcela no amaba a Grisóstomo. Este al no ser correspondido se quitó la vida. En otras circunstancias este suceso podría haberle también costado la vida a la propia Marcela. – sentencia.

- ¿Y cuál es, según tú, la moraleja de esta historia? – inquiero con una cierta ironía y un mucho de amargor, ante la constatación de que se me aleja irremisiblemente.

- La moraleja que nos ofrece esta historia es que sólo se puede alcanzar de buen grado lo que de buen grado se otorga. Al amor no se puede llegar por la fuerza. Ni lo puede dar Dios ni el Espíritu Santo. No lo puede dar porque depende sólo de nosotros. Hay un amor puro, que es el que se entrega sin pedir nada a cambio, como el de don Quijote a la simpar Dulcinea o el de Graham Bell hacia Mabel. Don Quijote ama hasta donde sea posible imaginar, a la bella niña de sus sueños. La ama sin que esta sepa de sus desvelos. La ama, porque la tiene por referencia, como un alma enamorada pueda tener a otra que considera gemela... En El Quijote se descubre al Cervantes enamorado. El enamorado que plasma en sus escritos cuanto lee, estudia o presencia, y que grita a los cuatro vientos la fuerza de su amor. Cervantes era un gran lector, que cuando no escribía, se conformaba con atesorar, amor sabiduría y experiencia. Lector empedernido, por leer, leía hasta los papeles de la calle, en busca de ese amor sublime, que idealizó en Dulcinea. Pero ese amor existió realmente. Viene gritándolo desde hace tiempo...

- Eres tú quien parece enamorada de Cervantes. Siento celos. – interrumpo de nuevo.

- Amo a Cervantes y amo a don Quijote, y amo las intensas historias de amor que Cervantes nos regala. Sin duda una de las de mayor profundidad se describe en el episodio de la dulce enamorada del cautivo de Argel. Cautivo que fue sin duda el propio Cervantes.

- Morisca convertida. Amaba al cautivo y amaba a la Virgen María. – puntualizo, recordando el episodio.

- Ante todo amaba la libertad... – añade ella.


Yo no sé, mi señor, cómo dar orden que nos vamos a España, ni Lela Marién me lo ha dicho, aunque yo se lo he preguntado. Lo que se podrá hacer es que yo os daré por esta ventana muchísimos dineros de oro: rescataos vos con ellos y vuestros amigos, y vaya uno en tierra de cristianos, y compre allá una barca y vuelva por los demás; y a mí me hallarán en el jardín de mi padre, que está a la puerta de Babazón, junto a la marina, donde tengo de estar todo este verano con mi padre y con mis criados. De allí, de noche, me podréis sacar sin miedo y llevarme a la barca; y mira que has de ser mi marido, porque si no, yo pediré a Marién que te castigue. Si no te fías de nadie que vaya por la barca, rescátate tú y ve, que yo sé que volverás mejor que otro, pues eres caballero y cristiano. Procura saber el jardín, y cuando te pasees por ahí sabré que está solo el baño, y te daré mucho dinero. Alá te guarde, señor mío.

Cuando transcribo este episodio, llega casualmente a mis manos un ejemplar de El País de agosto de este año de dos mil, en el que se reproduce el escrito de una joven marroquí, que me impresiona profundamente, por cuanto contiene ecos de batallas inconclusas y reminiscencias de dolor quijotesco.

A don Miguel de Cervantes Saavedra, simbiosis de lo español y de lo arábigo, por su condición de genealogía cordobesa y de ancestro andalusí, se le hubiese quebrado el alma al saber en lo que devino, en el transcurrir de los siglos, el amor de su dulce morisca.

El testimonio que se reproduce es el del dolor que inflige la prostitución. Habla una mujer enamorada, a la que probablemente no haya caballeros que puedan jamás rescatar. Sería preciso ser muy hombre para ello. Es la hermosa argelina de Cervantes, a la que al fin ha doblegado el dolor de la inmensa traición, de unos truhanes venidos a menos.

Cuando no se pueden decir las cosas de manera tan sentida, lo más cristiano es respetarlas, sin tocar puntos ni comas.

Dice así el escrito:

(...) mi testimonio es, acaso, revelador de la crisis de toda una generación. Soy una marroquí de casi treinta años, licenciada en literatura inglesa. Quise continuar mis estudios después de licenciarme, pero no pude al carecer de beca y de apoyo familiar. Intenté en vano encontrar un trabajo. Los años pasaron y mis esperanzas se evaporaron poco a poco. No queda ya nada de los tiempos de la universidad, de la militancia ni de los sueños utópicos. Sólo perdura el hombre de mi vida, el también incapaz de conseguir siquiera dinero para cigarrillos.

Estas amarguras y desengaños se multiplicaron en el ambiente irrespirable en el que vivíamos, con una madre que te hacía sufrir con sus miradas, mezcla de compasión y de decepción, y de unos hermanos incómodos, porque te convertías poco a poco en solterona, mientras los amigos sólo esperan a que cedas a sus bajas pasiones. Los fracasos se sucedieron los unos a los otros. Todo se desmoronó dentro de mí.

Fue entonces cuando una amiga residente en España, se puso en contacto conmigo, proponiéndome un contrato de trabajo. Efectúe los trámites necesarios. Curiosamente, me fue fácil obtener mi visado de entrada. ¿Saben por qué?. Porque iba a trabajar como señorita de alterne en un bar. El empleado de la embajada me susurró cuando aceptaba mi solicitud: “No hay ningún problema, porque nuestro mercado necesita este tipo de mercancías”. Sufrí mucho, porque sabía lo que me esperaba en la otra orilla.

He querido a mi país con una pasión sin límite, y he golpeado todas las puertas para llevar una vida decente, Pero la única puerta que se me ha abierto es la que me lleva a abrirme de piernas para acoger las flechas podridas de Castilla. Traspasarán mi cuerpo, herirán mi alma y bombardearán mi vagina con su esperma mezclado con orina.

He comentado esta humillación con mi amiga residente en España. Me contestó en tono irónico: ¡Que Dios te devuelva la razón¡ Más vale coger las pesetas (...) que los escándalos de nuestro país”

También hablé de ello con el hombre al que aún amo. Su resentimiento y su incapacidad para cambiar las cosas aumentó. ¡Pobre amor¡ Él, que era inflexible con el respeto de la virginidad, se conforma ahora, tras conocer mi suerte, con suplicarme que no le olvide. Imagínense a un descendiente de Tarik Ibn Zyad, el conquistador, pronunciando palabras tan humillantes. ¡Que la maldición de Dios caiga sobre la pobreza y sus instigadores¡ Tomé finalmente la decisión de marcharme o, mejor dicho, de huir del infierno de mi país, para ir adentrándome en la decadencia moral. Me hubiese gustado carecer de una conciencia que me atormente como la de mi amiga. Me hubiese permitido soportar mejor las obligaciones de mi “oficio”. Nunca perdonaré a quienes nos han obligado a sacrificarnos en el altar de las mujeres secuestradas por el mercado europeo del sexo. Que aquellos que han sellado mi suerte y que han generado un Marruecos miserable y sin horizonte, tengan, sin embargo, la conciencia tranquila. Que estén incluso orgullosos de ayudar a que nuestro país obtenga divisas como contrapartida de nuestras heridas y de nuestros gemidos. Soy vuestra hija y quería preservar mi dignidad, pero la espera ha sido larga y la esperanza se desvaneció. No tengo más remedio que caer en sus brazos para que viertan en mi sus líquidos, después de que los brazos de mi país me rechazasen.


Te amo, dulce morisca, tanto como pueda amar a Marta. Te amo, como a todas las mujeres de majestad interior. Perdona mi cobardía. Soy un pusilánime, recostado en un asiento de comodidad lastimera. Sé que debiera salir a tu encuentro, postrarme ante ti de rodillas. Pero apenas puedo decirte “lo siento”.

...

Sólo unos ojerosos incondicionales en el Salón. Siete y media de la mañana. Marta no parece cansada. Yo si lo estoy, y también muy, muy nervioso:

- Este es el final – le digo en tono de reproche, ahogando un postrer quejido de pesar.

- Todo se acaba, para de nuevo comenzar – responde ella.

- Marta, por última vez, dime quien eres realmente. No creo que seas periodista, ni siquiera creo que seas de Chile. No tienes acento. Todo lo que nos sucede; los pensamientos; las sensaciones, no me parece que sean normales o que ocurra todos los días. – en mi afirmación el temor de su marcha y del tiempo que avanza inexorablemente.

- Dejo en ti que pienses quien soy en realidad. Lo normal puede llegar a ser en ocasiones lo más extraordinario que nos suceda. El libro de don Quijote no es un libro normal. Es un libro iniciático. Lo acabas de descubrir en la lectura. Eso es lo que nos une: lo eterno de lo bello. Hay veces que el ángel que nos acompaña, nos muestra su rostro por unos instantes. Piensa que he sido eso para ti. Un ángel o tu Dulcinea de estos días – murmura, tratando de acallar los gritos que también a ella se le rebelan por dentro.

- Si realmente eres mi ángel, no quiero que te marches de mi lado – le suplico.

- No lo haré. – vuelve a sonreír, y me acaricia con sus besos.

- Entonces ¿podré seguir viéndote? – suspiro, estrechándola fuertemente entre mis brazos.

- Sí, pero no de la forma en que ahora lo haces – murmura, y ahoga un grito, sin rebelarse por la fuerza con que la oprimo.

- Y ¿en qué forma podré hacerlo? – replico, aflojando la presión de mis manos, que me duelen de la tensión y del esfuerzo.

El temor de que se me aleje irremediablemente me está llevando a la extrema desgana. La vida que me pidiera, se la diera en el momento.

- En tus sueños, en tus pensamientos...- responde.

- No, Marta, yo quiero seguir viéndote de verdad. Sentir de nuevo tus besos, tus manos; impregnarme de tu olor. No puedes mostrarme el paraíso, y pretender que me conforme sin seguir instalado en él. Quiero vivir en el paraíso.

La nube en la que floto, comienza a difuminárseme. La propia Marta se me diluye. Quiero retenerla. Pero me lo impiden el sueño y una súbita y extraña sensación de desconcierto.

- El paraíso está en ti. Pon oído a las reflexiones de Alonso Quijano en su lecho de muerte. Alonso se integra en la sabiduría que le aporta el postrer trecho de la vida. El paraíso último que anhela en la Tierra es el del pastoreo bucólico en los campos de la Mancha. Pero sabe que ese final deseo terreno ya no le va a alcanzar y se apresta a afrontar el último y definitivo camino de la vida. Morimos y nacemos de continuo. Tú y yo lo hacemos en este cariño que nos ha sido facilitado en la brevedad, al compartir durante estos dos días lo más profundo de nuestras inquietudes. Yo me marcho. Es inevitable; pero lo hago contenta, por haber experimentado instantes de felicidad contigo. Te tengo en mí y renazco a un nuevo amor que se me ofrece desde los senderos. Hazlo tú de igual manera. Vive y ama; déshazte de las cargas innecesarias de las alforjas y llénate de amor para lo que te reste. Disfruta de tu trabajo. Disfruta de las enseñanzas de este libro espiritual y de todos cuantos te lleguen. No me eches de menos. Simplemente quiérete y quiéreme. Estaré siempre en ti.

Su voz de lejanía provoca espasmos en mi alma. Apenas si distingo las formas. El sueño me esta ganando la partida.

- Marta, sé que no sabré disfrutar sin ti. ¿Cómo hacerlo si me encuentro instalado en la pereza?. Todo el propósito de mi vida lo veo cumplido en tu persona. Te necesito, quédate siquiera un poco más.

- Yo también te necesito; pero existen otros propósitos superiores a los de nuestro anhelo. Los de contribuir a un mundo mejor para todos. Los de amar sin ser amado e incluso sin conocer al amado, como don Quijote a Dulcinea. Los de buscar respuestas a los interrogantes...

Su mirada se transforma en riachuelo cristalino. La admiro como al cisne de mis sueños.

- No te entiendo, Marta... No entiendo lo que me dices – repito.

- ¿No entiendes que para que otros sean felices es preciso que tú también lo seas?

Apenas si me llega el eco de su voz. Saco fuerzas de donde no las hay y entreabro los ojos.

- Lo que no entiendo es cómo puedes irte, dejándome el corazón herido y el alma en confusión. Eres una mujer hermosa. Sin embargo, ni deseo ni he deseado tu cuerpo, sino tu calor. Amo a mis hijos, a mi esposa, a mis amigos, a mi familia... Pero tú eres el primer ser al que amo, sin más razón que la de amar. En ti se conjuntan las referencias que me dan sentido. Las letras, la profesión, los anhelos. No volveré a caminar, si no es de tu mano.

Un hilo de voz. Marta se me pierde definitivamente entre las volutas del ensueño.

- Paco, despierta por dentro. Tienes los ojos del alma enrojecidos por el cansancio. Despierta de la ilusión de las imágenes. Las imágenes son cadáveres. Lo permanente son los propósitos que nos animan. No me voy, que quedo en ti. No sufras sin propósito, que la experiencia es la vida misma... Y es verdad que no soy Marta, sino que soy Minerva.


–¿Ahora, señor don Quijote, que tenemos nueva que está desencantada la señora Dulcinea, sale vuestra merced con eso? Y ¿agora que estamos tan a pique de ser pastores, para pasar cantando la vida, como unos príncipes, quiere vuesa merced hacerse ermitaño? Calle, por su vida, vuelva en sí, y déjese de cuentos.
–Los de hasta aquí –replicó don Quijote–, que han sido verdaderos en mi daño, los ha de volver mi muerte, con ayuda del cielo, en mi provecho. Yo, señores, siento que me voy muriendo a toda priesa; déjense burlas aparte, y traíganme un confesor que me confiese y un escribano que haga mi testamento, que en tales trances como éste no se ha de burlar el hombre con el alma; y así, suplico que, en tanto que el señor cura me confiesa, vayan por el escribano.
Miráronse unos a otros, admirados de las razones de don Quijote, y, aunque en duda, le quisieron creer; y una de las señales por donde conjeturaron se moría fue el haber vuelto con tanta facilidad de loco a cuerdo, porque a las ya dichas razones añadió otras muchas tan bien dichas, tan cristianas y con tanto concierto, que del todo les vino a quitar la duda, y a creer que estaba cuerdo.
Hizo salir la gente el cura, y quedóse solo con él, y confesóle.
El bachiller fue por el escribano, y de allí a poco volvió con él y con Sancho Panza; el cual Sancho, que ya sabía por nuevas del bachiller en qué estado estaba su señor, hallando a la ama y a la sobrina llorosas, comenzó a hacer pucheros y a derramar lágrimas. Acabóse la confesión, y salió el cura, diciendo:
–Verdaderamente se muere, y verdaderamente está cuerdo Alonso Quijano el Bueno; bien podemos entrar para que haga su testamento.


Bibliografía

- El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, http://www.cervantes.alcala.es/
- Biblioteca del Congreso de los EE.UU., http://memory.loc.gov/ammem/ammemhome.html
- Libro Tercero, Minerva
- Amor y guerra en el Círculo de Bellas Artes, El Mundo, 12 de marzo de 2000, Ignacio Amestoy
- El camino de la vida, Francisco Limonche Valverde, Padilla Libros, 1999

(1) Jorge Edwards, Premio Cervantes 2000
(2) RDSI, Red Digital de Servicios Integrados
(3) American Memory, Librería del Congreso de los EE.UU., disponible en Internet
(4) Patente Teléfono, http://users3.50megs.com/yoram/patent-1.html

“Universidad, nuevas tecnologías y valores universales

“Universidad, nuevas tecnologías y valores universales

COMUNICACIONES

XI Reunión del Real Patronato sobre Discapacidad


UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID, 26 y 27 octubre de 2006

Francisco Limonche Valverde

INGENIERO TÉCNICO DE TELECOMUNICACIÓN

Vicedecano COLEGIO OFICIAL DE INGENIEROS TÉCNICOS DE TELECOMUNICACIÓN

http://www.coitt.es/



Día 27 de octubre, 12,15 horas
4ª sesión plenaria
UNIVERSIDAD Y NUEVAS TECNOLOGÍAS


Subtitulo de la presentación:

“Universidad, nuevas tecnologías y valores universales”

Resumen.-

La discapacidad nos sitúa a todos, en un momento u otro, en lugares o situaciones donde la percepción de la no accesibilidad a los recursos más comunes de la vida, se hacen patentes.
Dos personas que se alejan una de otra y cuyas figuras aún permanezcan para ambas en el horizonte, son sordas y mudas la una para la otra. Advertir de un peligro o comunicar una necesidad, se torna entonces en empeño inútil, de no existir algo tan cotidiano como un teléfono móvil. Pero ¿qué ocurre si el teléfono se encuentra fuera de cobertura? ¿Qué ocurre si una de las dos personas es sorda? ¿Qué ocurre si el teléfono no es accesible?
Algo puede ser accesible, por ejemplo un teléfono de teclas grandes, pero no usable, simplemente porque no sea intuitivo, como pueda ser el caso de una persona mayor, que desee elevar el volumen de recepción de una llamada telefónica, y no encuentre la tecla reguladora o no sepa usar esta.
Las TIC, cada vez más avanzadas, facilitan la vida a quienes anteponen su voluntad a cualquier dificultad, al tiempo pueden complicar situaciones, cuando quien las planifica no se pone en el lugar del otro. La Universidad puede y debe de facilitar cuantos recursos sean necesarios, para que una persona con discapacidad que desee estudiar, pueda hacerlo en condiciones de equivalencia a las de cualquier otro alumno. Sin embargo, hay algo más que también puede hacer la universidad: aportar valores también en accesibilidad.
Pero ¿qué es la universidad?

Definiciones de Universidad en la web:
• Universidad (del latín universitas, -atis), establecimiento o conjunto de unidades educacionales dedicadas a la enseñanza superior y a la investigación. La universidad otorga grados académicos y títulos profesionales. Se crea en la Edad Media Europea. La primera institución de este tipo es la Universidad de Bolonia, la cual servirá posteriormente de modelo a centros educacionales similares, y es vertebradora del Espacio Europeo de Educación Superior.
es.wikipedia.org/wiki/Universidad
Pero universidad es también: unión en la diversidad
La sabiduría consiste en asimilar la información y el conocimiento, para transformarlos en herramientas útiles de apoyo a una vida de plenitud y sentido.
En la universidad se reúnen personas sabias. Estas personas sabias son personas diversas, de capacidades diversas, y con facilidades de accesibilidad distintas.
Pero ¿qué es la accesibilidad?
• La accesibilidad indica la facilidad con la que algo puede ser usado, visitado o accedido en general por todas las personas, especialmente por aquellas que poseen algún tipo de discapacidad.

http://es.wikipedia.org/wiki/Accesibilidad
La accesibilidad consiste ante todo en aspirar a compartir recursos, donde tengan cabida todas las aspiraciones. Concebir el mundo sin contar con todas las capacidades, es un derroche insufrible. Hacer dependiente a una persona con discapacidad, es sencillamente despilfarrar una mano necesaria.
La forma en la que vivimos, en especial en Occidente, hacen que cada vez y en mayor número, personas jóvenes pierdan oído, vista y capacidades. Esos jóvenes nos son precisos; lo son nuestros padres, abuelos…
El Espacio Europeo de Educación Superior, EEES, representa una oportunidad, extrapolable al mundo, de siembra de valores universales, entre los que los relacionados con la accesibilidad son un referente. La accesibilidad es un valor humano de primer orden
Para esta exposición he hecho las siguientes preguntas a un conjunto de personas, universitarias y con discapacidad. Reflejo la más significativa.

1 - ¿Creéis que la universidad española fomenta y/o propicia valores en accesibilidad?
Las universidades españolas van cobrando cada vez mayor conciencia de la necesidad de apoyar y atender específicamente a los estudiantes con alguna discapacidad. Prueba de ello es el hecho de que prácticamente todas las universidades españolas tienen en su organigrama un Departamento o Unidad de atención a personas con discapacidad y de que promueven de una u otra forma campañas de sensibilización y formación en relación a la discapacidad.

2 - ¿Sabéis de algún caso donde las dificultades hayan hecho que alguna persona con discapacidad especialmente limitante desistiera?
Por lo que se refiere a la discapacidad visual, sí existen algunos casos de estudiantes que han dejado sus estudios una vez iniciados, pero ello no ha sido debido tanto a la discapacidad en sí, como, principalmente, por el contexto familiar y social del estudiante (falta de apoyo, de interés y de comprensión por sus necesidades específicas) Hoy en día, todo estudiante con discapacidad visual que cuente con los apoyos y adaptaciones adecuados está en condiciones (materiales, técnicas, institucionales, legales, etcétera) de realizar sus estudios universitarios con pleno aprovechamiento.
3 - ¿Sabéis de alguna universidad que tenga en cuenta desde un inicio los criterios de accesibilidad pensando en todos sus alumnos?
Consideramos que ninguna universidad, en sentido estricto, cumple con absolutamente todos los criterios de accesibilidad en todos los casos de discapacidad. Y creemos que el principal criterio de accesibilidad que no se cumple es el relativo al profesorado universitario, que no aplica casi nunca una metodología diversificada en función de la heterogeneidad del alumnado. Los modelos de enseñanza-aprendizaje que se aplican son excesivamente uniformizadores y homogeneizantes. Habría que conseguir, por tanto, que en las universidades, con la coordinación de los Departamentos y Unidades de apoyo, se pusieran en marcha estrategias y metodologías docentes en función del tipo de accesibilidad al aprendizaje de los distintos grupos de alumnos (y entre esos grupos, los grupos de alumnos con discapacidad).

ACCESIBILIDAD EN LAS WEB DE LAS UNIVERSIDADES ESPAÑOLAS

Los profesores de la ULPGC Dionisio Rodríguez Esparragón y José Guillermo Viera Santana presentaron con ocasión del día de Internet 2006, 17 de mayo, una ponencia en la UPM, en la que fruto de su trabajo de investigación y como conclusiones.
Excluyendo barreras físicas, el 54,2% de las universidades españolas tiene algún nivel de accesibilidad en sus páginas web, frente a un 45,8% que no tiene ninguna
Este año de 2006 hay 7.305 personas con discapacidad cursando estudios en las universidades españolas.
El 3% de las personas con discapacidad en España tienen titulación universitaria.

Ayudas para la comunicación, la información y la señalización


CEAPAT

MENÚ ISO NIVEL 1

Ayudas ópticas (2103)
Gafas con audífonos incorporados, véase 21 45 09
Ayudas electro-ópticas (2106)

Unidades de salida para ordenadores, máquinas de escribir y equipos electrónicos (2110)

Ordenadores (2112)
Ordenadores convencionales que no dependen de las aplicaciones para un usuario específico. Unidades de salida para ordenadores, máquinas de escribir y equipos electrónicos, véase 21 10. Dispositivos de entrada para ordenadores y equipos electrónicos, véase 24 10. Procesadores de texto, véase 21 15 09
Máquinas de escribir y procesadores de texto (2115)
Mesas de trabajo, véase 18 03 03. Dispositivos de salida para ordenadores, máquinas de escribir y equipos electrónicos, véase 21 10. Dispositivos de entrada para ordenadores y equipos electrónicos, véase 24 10
Calculadoras (2118)
Dispositivos de salida para ordenadores, máquinas de escribir y equipos electrónicos, véase 21 10. Dispositivos de entrada para ordenadores y equipos electrónicos, véase 24 10
Ayudas para dibujo y escritura manual (2124)
Brazaletes lastrados, véase 04 48 18. Mapas en relieve, véase 12 39 15
Ayudas no ópticas para la lectura (2127)
Gafas prismáticas (para leer tumbado), véase 21 03 33

Grabadoras y receptores de audio (2130)
Auriculares, véase 21 39 03. Micrófonos, véase 21 09 09. Unidades de conexión a receptores de audio y televisión, véase 21 39 12
Equipo de televisión y vídeo (2133)
Unidades de conexión para receptores de radio y televisión, véase 21 39 12
Teléfonos y ayudas para telefonear (2136)
Intercomunicadores, véase 21 39 15. Interfonos y amplificadores de interfonos, véase 21 39 18. Ayudas para señalar e indicar, véase 21 48
Sistemas de transmisión de sonido (2139)
Teléfonos y ayudas para telefonear, véase 21 36
Ayudas para comunicación cara a cara (2142)
Programas informáticos para tratamiento de texto, véase 21 15 18
Ayudas para audición (2145)
Ayudas para audición incluyendo audífonos con máscaras para acúfenos incorporados. Máscaras para acúfenos, véase 03 27 15. Trompetillas, véase 21 42 21
Ayudas para señalar e indicar (2148)
Relojes, véase 09 51. Sistemas de alarma, véase 21 51
Sistemas de alarma (2151)
Circuitos cerrados de televisión, véase 21 33 12



BREVE CV

Francisco Limonche Valverde es ingeniero técnico de telecomunicaciones por la universidad laboral de Alcalá de Henares. Ha sido gestor de proyectos sociales de Telefónica de España durante diez años, hasta su desvinculación en julio de 2004. Ha sido coordinador durante varios años de dos grupos internacionales de telecomunicaciones y discapacidad, “G7 de operadoras europeas sobre telecomunicaciones y discapacidad”, y “coordinador AHCIET para América Latina de Telecomunicaciones y Discapacidad”. Ha escrito varios libros sobre estos y otros temas relacionados con las telecomunicaciones, en colaboración o en solitario, en las editoriales Alambra, Progensa y AHCIET. En la actualidad es vicedecano del COITT y presidente de su comisión de formación.

Hogar digital y personas mayores

Hogar digital y personas mayores

Hogar digital y personas mayores

Francisco Limonche Valverde


La palabra hogar conlleva implícita en nuestra mente la idea de refugio, seguridad, comodidad. El hombre anhela desde el principio de los tiempos a la calidez de un entorno en el que sentirse protegido y anhelado. Todos sus esfuerzos se centran en ello. La vida de cualquier ser humano aspira a la certidumbre.

La cuestión es ¿lo ha conseguido? ¿Responde el hogar a las necesidades del hombre? Las repuestas no tienden precisamente a la certeza. El hogar se torna en ocasiones fuente de conflictos, campo de batalla, energías derrochadas o distancia sideral. Entender el hogar como sublimación de nuestras aspiraciones de refugio, seguridad y comodidad, es en parte la idealización subyacente tras las diferentes propuestas de hogar digital.

El riesgo evidente es que el hogar digital se construya sobre los cimientos menos saneados del hogar tradicional. La ventana al mundo, globalizada, de unidad, que implica la digitalización, se ve seriamente condicionada por la encarnizada lucha que protagonizan quienes aspiran a convertirlo en el maná de un nuevo negocio.

La cueva, luego la choza, tras ello las casas de adobe, el castillo… apenas han surgido. Condensando en un año cósmico los 4600 años que suponemos a la Tierra, cada segundo vendría a tener 143,12 años.

De esa manera:

HACE APENAS 4 MINUTOS (3’ 54’’) SE HABRÍA EXTINGUIDO EL HOMBRE DE CRO MAGNON (100.000 años)

HACE 12,45 SEGUNDOS HABRÍA COMENZADO LA PRIMERA CIVILIZACIÓN CONOCIDA (Sumeria, 3.300 A.C.)

HACE 3 DÉCIMAS DE SEGUNDO SE HABRÍA INVENTADO EL TELÉFONO (1876)

HACE 14 CENTÉSIMAS DE SEGUNDO SE HABRÍA LANZADO UNA BOMBA ATÓMICA SOBRE HIROSHIMA (Hora H: 8h, 15’ 17’’, día 6 de agosto de 1945)

EL HOMBRE HABRÍA LLEGADO A LA LUNA HACE 85 MILÉSIMAS DE SEGUNDO (1969, 16 JULIO)

HARÍA 28 MILÉSIMAS DE SEGUNDOS QUE HABRÍA COMENZADO A DESARROLLARSE LA WEB (1993)

¡TODO MUY RÁPIDO ¡

Tiempo y envejecimiento

El tiempo se nos presenta como algo que va «pasando»: un presente se va haciendo pasado y va yendo hacia un futuro. El tiempo es, pues, un pasar que tiene tres que pudiéramos llamar «partes» suyas: presente, pasado y futuro. Estas tres partes se hallan dotadas de una intrínseca unidad. Esta unidad es lo que expresa el vocablo «pasar». En su pasar, el tiempo constituye una especie de línea simbólica, «la línea del tiempo». XAVIER ZUBIRI, http://www.zubiri.org/works/spanishworks/Conceptodescrip.htm

Empero el tiempo se asocia también a las TIC, al computador, al flujo de información…, y el tiempo de ordenador se acorta más cada vez.

Envejecer es seguir los dictados del tiempo que nos imponen las TIC. Una persona se hace mayor cuando pierde las referencias vitales o delega ya sea en las TIC ya sea en una fuente externa la razón última de su ser.

Entender las TIC como fuente última de conocimiento es otro error. Almacenar información en Internet es exactamente igual que almacenarla en bibliotecas, si no se utiliza.

La cultura no es Internet. No es inculto quien no sabe manejarse en Internet o desconoce las ventajas de la banda ancha o le superan los servicios de tercera generación. La cultura es vivir con los instrumentos más adecuados que el momento depara. Internet es un sistema que aspira a la globalización, a la humanización de todos, empero hay que pautarlo; hay que digerirlo y utilizarlo para bien. Igual ocurre con el hogar digital. La necesidades o aspiraciones de un hogar digital, deben de surgir por sí, cuando sean inducidas por el mercado, se desvirtuan y pierden la razón de su esencia última.

Bajo este contexto, conocimiento es aplicación sabia de la información de que se dispone.

 Sin embargo, el tiempo parece haberse acelerado. Los cambios poblaciones, de hábitos y maneras de entender la propia existencia, por el contrario parecen no acertar a dar con el sosiego adecuado, siquiera cuando nos vamos haciendo mayores.
 ¿Qué reflexión puede aportar la técnica ante semejante aceleración?
 Evidentemente, flexibilidad y adaptación. La rigidez dobla el roble; la no adaptabilidad conlleva quebrantos.

Pero este conocimiento, ha de ser accesible

La accesibilidad se define como el conjunto de características que debe de disponer un entorno, producto o servicio para ser utilizable en condiciones de comodidad, seguridad e igualdad por todas las personas y, en particular, por aquellas que tienen alguna discapacidad (Libro Blanco Accesibilidad, 2003)

Usabilidad, por el contrario, es hacer que las cosas, físicas o virtuales, sean de manejo sencillo e intuitivo, en la medida que esto no afecte al uso que se persiga.

Algunos datos

 Un18% de los europeos tenían mas de 60 años en 1990. En el 2030 llegarán al 30%.
 Un estudio de 2003 llevado a cabo en EE.UU. ponía de manifiesto que al menos el 60% de los mayores de 60 años podrían beneficiarse del uso de tecnologías accesibles.
 Sin embargo, otro estudio, esta vez europeo, de 2003, revela que en general los fabricantes omiten entre sus prioridades al 48% de las personas mayores de 50 años.
 Tanto Internet como las TIC pueden llegar a ser instrumentos facilitadores de la vida. Sin embargo, en Madrid, pe, acceden a Internet el 90% de los menores de 29 años, frente al 10% de los mayores de 60.
 Y a salvar estas diferencias puede contribuir la I+D+I No obstante, España que es la 8ª economía del mundo, en capacidad investigadora ocupa el lugar 32.

Y, ¿cuáles son las dificultades de acceso a la web de las personas mayores?

Problemas de audición, visión y movilidad
Dificultades de lectura o comprensión
Dificultades en la utilización del ratón y/o el teclado
Dificultades en la conectividad, por ejemplo: navegador sólo texto, pantalla pequeña, conexión lenta, etc.

¿Qué otras dificultades de comunicación tienen las personas mayores?

 Dificultades de acceso a la información, a la formación y al soporte técnico
 Dificultades en el acceso a Internet y falta de soluciones armonizadas en el 112 (SMS, DTS)
 TV Digital: subtitulado, acceso a la programación, control remoto, audio descripción y lenguaje de signos.
 En personas sordas: compatibilidad de sistemas, centros de intermediación y videotelefonía de calidad.
 Teléfonos móviles: interferencias con audífonos, teclados dificultosos, pantallas y navegación.
 Servicios telefónicos de uso público no siempre accesibles, incluidos los servicios de emergencia
 Teléfonos y cabinas de uso público, no siempre accesibles (Fuente: UE)
 Software no compatible en dispositivos de teleasistencia, lectores para ciegos, etc.

El concepto de hogar digital implica entre otros integrar servicios de telecomunicación dispersos, fundamentalmente con la finalidad de alcanzar:

Seguridad
Comodidad
Ahorro
Comunicación
Entretenimiento

El coste de incorporar la infraestructura precisa en nuevos hogares para estos servicios es aproximadamente:

Básico (0,33% valor vivienda)
Medio (1,33 % valor vivienda)
Alto (3% valor vivienda)

Y que adaptaciones son precisas?

ADAPTACIONES EN EL HOGAR DIGITAL PARA PERSONAS MAYORES QUE SEAN:

Sordas:

Despertadores luminosos y vibratorios, asociados a la luz del dormitorio o a la almohada.
Videoportero, con indicación lumínica en toda la vivienda o vibratoria, acoplada a algún pequeño dispositivo que el sordo siempre lleve consigo.
Alarmas combinadas (teléfono, timbre puerta, equipos de sonido, intercomunicadores…), señales luminosas que cambian en función del origen de la misma.
Comunicaciones WIFI en toda la vivienda: DTS, Fax, ordenador, videoteléfono, PDA.
Televisión digital, con subtítulos o LSE.
Electrodomésticos con indicaciones lumínicas y/o vibratorias.


O ciegas:

En general las soluciones pasan por potenciar el resto de los sentidos:

VISUALES (contrastes, macrotipos…)
AUDITIVAS (reconocimiento y discriminación de sonidos)
TÁCTILES (marcas, reconocimiento de letras u objetos, etc.)

El hogar digital, la ciudad digital, el mundo digital tienen su razón de ser en el servicio y en la contribución a un mundo mejor para todos. Jamás antes ha habido tanta información disponible para tantos, aprovechémosla para hacer de nuestras vidas un lugar mejor en el mejor de los hogares.

Inteligencia multidimensional

INTELIGENCIA ¿EMOCIONAL, MENTAL, ESPIRITUAL O MULTIDIMENSIONAL?

Francisco Limonche Valverde
En apariencia, una gran cantidad de seres humanos caminamos por la vida oteando el horizonte indefinido de la ansiada respuesta del porqué de las cosas.
Interpretar la vida es un continuo. Habitualmente la mente entra en proceso de búsqueda, pero no siempre halla. Surgen la pereza, el miedo o la desesperanza, y es entonces cuando toman cuerpo el ruido, el dolor, la confusión y la basura mental.
Iván Seperiza (1) dice que el 70% de nuestros pensamientos son pensamientos basura. Pensamientos que si los analizamos no surgen de nuestro ser más esencial. Acumulamos miserias, que a lo más proceden de la tribu. Miedo del niño, que una vez fuimos; miedo del padre, que tal vez nos confundió; del abuelo, que probablemente lo llegó a pasar mal; rencores, tedios que quizás se generaron al principio de todo y que fueron acumulando a lo largo de generaciones, hasta nublar de nuestra esencia su razón última.
La vida es multidimensional. No es científica, espiritual, material, emocional o mental... Lo es, pero a un tiempo. La percepción de las cosas depende de nuestro estado de ánimo, de nuestras creencias, valores, educación situación. Decir que la vida es ciencia, es simplemente decir una parte. Empeñados en convertir al hombre en producto de su propia observación o de la evolución de las especies, es tomar partido por una hipótesis, que por cierto nos ha llevado al intento de depredación de la naturaleza del cielo y de la tierra. La aparente evolución y origen del hombre, más que una realidad es una creencia. Pero es una creencia que ofende al sentido común y condiciona todo. Es tan obvio, que de haber estados evolutivos, la observación analítica y sistemática debiera de mostrarse en infinidad de formas y estados: cientos de billones, tal vez trillones de estados intermedios de cada una de las millones de familias, géneros y especies minerales, vegetales, insectos, animales... existentes. Si fuese realmente ciencia, ¡ qué desperdicio ¡
El hombre es un ser más, hermano de la tierra, del aire, del fuego. Lo es también de las demás especies. Estamos en la tierra para aprender; no para sobrevivir. La observación nos dice que la materia es una hipótesis, energía aparentemente concentrada. Nuestro propio cuerpo es un inmenso campo lleno de vacío, en el que las distancias entre el núcleo de cualesquiera de los billones de átomos que nos componen y sus electrones, se hallan entre sí tan alejados como el sol de la tierra.
Es este un tiempo de cambio, la linealidad da paso bruscamente a la caída de los velos. Se rasga el fruncido ceño del temeroso, que juega a la vanidad; cae la mentira del que se aferra al miedo cerval de un tiempo pasado. No hay vuelta atrás. Ya fuese Dios, ya fuesen los dioses quienes crearan al hombre, el ser humano de un tiempo a esta parte se está creando a sí mismo.
¿Qué hacer? ¿Cómo actuar?
Hacer: nada; actuar, en silencio.
Y ¿dónde está Dios? Se pregunta la ciencia
Dios se encuentra en la pregunta.
Pero Dios se encuentra también en todo lo que nos interpenetra. La ciencia nos dice que a toda acción se opone una reacción de igual fuerza y sentido opuesto. Dios, desde la física, no se encuentra por tanto en la acción. Se encuentra en la espera. En la espera inteligente.
La mejor aportación que cualquier criatura puede hacer en este momento de transición, es amarse a sí mismo. Amarse desde la inteligencia, desde el buen hacer, el tacto y la sensibilidad. ¿Cómo voy a ayudar al mundo si no lo hago conmigo mismo?
Sabemos que todo tiene consecuencias, pensamiento, palabra y acción. Un pensamiento puede generar un tsunami, otro lo puede aplacar. Una palabra, puede elevar; otra destruir. La acción es la síntesis de ambas. No es tanto hacer las cosas, sino desde donde o cómo se hacen. Habitualmente solemos hacerlas desde el miedo. Sin embargo, las cosas deben de hacerse desde el convencimiento y la honestidad. Dios es la conciencia, la palabra que nos grita desde el silencio. No se puede escuchar a Dios con ruido. Hacer en contra es simplemente desgastar una enorme cantidad de energía, que por fuerza tiende a sí en todo momento.
Habitualmente nos movemos por emociones, intuicciones, pensamientos. Tener conciencia de que es posible ser inteligente desde el pensamiento positivo, es un gran avance. Cuando todo parece ir tan deprisa que se nos van quedando jirones en las esquinas, es justo cuando hay que derrochar paciencia –ciencia de la paz-. Se puede y se debe aprender a pensar mejor. Somos lo que emitimos, recibimos lo que damos. Si emitimos paz, recibimos paz; si damos mal humor, recibimos mal humor.
Llegar a Dios no es religioso. Llegar a Dios es un acto supremo de sabiduría, expresión máxima de la inteligencia. Es entender que todo se halla interconectado, que las leyes físicas rigen en lo físico, pero que cualquier pensamiento, palabra o acción tienen reflejo en el presente, como lo tienen en el pasado o en el futuro. Si pienso bien, cambio mi presente, cambio mi pasado y cambio mi futuro.
Vivir es ante todo una actitud mental. Evitar los malos hábitos de pensar con dolor, me reconcilia con los pliegues donde se encuentra el niño resentido o temeroso o el abuelo que aguarda el fin sin haber resuelto el objetivo propuesto.

VIVAMOS EN PAZ, PENSEMOS MEJOR. SEAMOS INTELIGENTES
Iván Seperiza
http://www.isp2002.co.cl/
PENSAMIENTOS DE IVÁN SEPERIZA
1. Todos podemos usar de manera consciente nuestro subconsciente, programándolo de forma tal que su energía nos resulte beneficiosa.
2. Son los pensamientos positivos los que permiten la correcta programación mental.
3. Solo uno puede pensar, nadie puede hacerlo por uno. Por lo tanto los únicos responsables de la calidad de los propios pensamientos somos nosotros mismos.
4. Cada uno es el fruto de lo que ha pensado y será el resultado de lo que desde ahora piense.
5. A nadie culpes de lo que eres ni de lo que serás. Asume la propia responsabilidad.
6. Asumida esa responsabilidad se ha ganado la mitad de la batalla contra uno mismo. La victoria individual está más cerca.
7. En la mente no caben al mismo instante dos pensamientos opuestos. Por lo tanto la forma de debilitar un pensamiento negativo es la de tomar conciencia de su existencia y oponerle de inmediato su opuesto positivo.
8. La fuerza de los pensamientos es real. Sobran los ejemplos que lo demuestran. Podemos desde ya comenzar a utilizar esa fuerza con sabiduría.
9. Miremos el sitio en donde nos encontramos. En esta pieza todo lo que me rodea es el fruto de un pensamiento humano previo. Una visualización que dio lugar a un objeto material nuevo; una humana creación resultado de humanos pensamientos.
…MUCHOS MÁS EN SU PÁGINA. ¡¡GRACIAS, IVÁN¡¡

Hogar inteligente y discapacidad

Hogar inteligente y discapacidad

HOGAR DIGITAL ACCESIBLE


Jueves 17, a las 17 horas, SIMO


Francisco Limonche Valverde
VICEDECANO COITT
flimonche@coitt.es


La vivienda parece haber tocado techo. Construir más y más sin ser conscientes de que, imperativamente, la finalidad del hogar es contribuir al equilibrio personal y ambiental, conlleva aumentar de manera peligrosa la entropía y el desequilibrio, en un mundo cada vez más acelerado.

Hay otra premisa que nos afecta a todos, en esta etapa evolutiva o de transición que estamos experimentando. La vivienda ha de ser al tiempo accesible, usable y saludable. De nada sirve una vivienda equilibrada y respetuosa con el medio, si los escalones son muy altos o no se alcanza a la cerradura, o se dispone de una preciosa cocina que funciona con códigos geométricos.

La salud comienza en el hogar, el entorno en el que se ubica la vivienda y la forma en la que esta se conciba. La vivienda debiera de pensarse como lugar de sosiego, de encuentro consigo y, al tiempo, como espacio común que compartir con los que nos resulten más próximos.

Una vivienda accesible es aquella a la que se puede acceder sin que haya barreras u obstáculos que dificulten el acceso, al tiempo que utilizable en condiciones de comodidad, seguridad e igualdad para todos; muy en especial, las personas que tienen alguna discapacidad.

¿Cuáles son las necesidades más comunes de las personas con discapacidad en una vivienda?


Las mismas que cualquier persona. Sin embargo, hay elementos y técnicas que hacen más cómoda, segura e igual la vida en el hogar.

Cualquier arquitecto o ingeniero que vaya a emprender la proyección de una vivienda nueva, debe de hablar y habla normalmente con quienes vayan a habitarla. En el caso de que la persona que la habite sea persona con discapacidad, hay que escuchar con los dos oídos, y saber ponerse más que nunca en el lugar del otro.

Parece evidente que el ciego, por ejemplo, pueda moverse tocando las paredes, y que estas sean de rugosidad y textura distintas de acuerdo con el lugar concreto de la casa de que se trate.

También parece razonable evitar obstáculos con los que pueda tropezar al moverse de uno a otro lado.

Los colores de las paredes, para los ciegos que aún dispongan de residuo visual deben de ser tintados naranja.

En el caso de las personas sordas, la luz y la vibración juegan un papel esencial.

En otros casos, sencillamente sólo cabe la eliminación, en la medida del ingenio del arquitecto, de las barreras que impidan la movilidad.



¿Qué criterios deben de tenerse en consideración a la hora de abordar el diseño de una vivienda accesible?

Nos vamos a referir a la accesibilidad a las comunicaciones.


Personas sordas:

- Despertadores luminosos y vibratorios, asociados a la luz del dormitorio o a la almohada.
- Videoportero, con indicación lumínica en toda la vivienda o vibratoria, acoplada a algún pequeño dispositivo que el sordo siempre lleve consigo.
- Alarmas combinadas (teléfono, timbre puerta, equipos de sonido, intercomunicadores…), señales luminosas que cambian en función del origen de la misma.
- Comunicaciones WIFI en toda la vivienda: DTS, Fax, ordenador, videoteléfono, PDA.
- Televisión digital, con subtítulos o LSE.
- Electrodomésticos con indicaciones lumínicas y/o vibratorias.
- …
Personas ciegas:

En general las soluciones pasan por potenciar el resto de los sentidos:

- VISUALES (contrastes, macrotipos…)
- AUDITIVAS (reconocimiento y discriminación de sonidos)
- TÁCTILES (marcas, reconocimiento de letras u objetos, etc.)

La ONCE dispone, a través del CIDAT, de catálogos, libros, documentos de accesibilidad, tan apropiados, tan bien elaborados y con tal cantidad de propuestas, que es difícil encontrar algo que se le iguale en cualquier lugar del mundo. Me remito a ellos. Sin embargo, baste decir que de ayudas técnicas para la comunicación disponen de un catálogo que incorpora más de 60 productos y/o servicios.

http://cidat.once.es/catalogo.cfm


Personas de movilidad reducida:

En este caso las soluciones pasan por potenciar la movilidad tanto fuera como dentro del hogar:

- Viviendas amplias y diáfanas, sin barreras arquitectónicas
- Adaptación de los elementos de uso de la vivienda al resto de movilidad que se conserve.
- Viviendas compartidas con personas de apoyo, cuando se trate de inmovilidad severa
- Más en http://www.cermi.es/CERMI/ESP/Colección+Cermi.es/ (discapacidad severa y vida autónoma)

Personas mayores:

En este caso depende no de la edad, sino del estado de la persona:

- Personas mayores físicamente impedidas
- Personas mayores mentalmente impedidas
- Personas mayores con capacidades reducidas

En cuanto a modelo concreto de hogar, me permito copiar literalmente lo extraído de un sitio web:

ADECORAR.COM

Fuentes de información: Estudio de Interiores OTO, Fundación ONCE


ENTRE TODOS, DISEÑO PARA TODOS: UNA VIVIENDA SIN BARRERAS

Sólo aquellos que están privados de alguno de los sentidos más importantes, tales como la vista o la audición, saben lo difícil que es vivir en una casa que no se adapta a la discapacidad. El compromiso de crear un espacio accesible y estético al mismo tiempo ha sido cumplido por el diseño contemporáneo, y la reciente celebración de Casa Decor en Madrid fue la prueba.
Cuando se convive día a día con una discapacidad que nos impide desenvolvernos de la misma forma que lo hace una persona exenta de limitaciones físicas o sensoriales, parece que el diseño no tiene lugar en la filosofía del 'fuera barreras'. Pero el esfuerzo ha merecido la pena, ya que un equipo multidisciplinar puso en común su experiencia y sus ganas de trabajar para lograr un espacio en el que sentirse integrado es un hecho.
La Fundación ONCE para la Cooperación e Integración Social de personas con discapacidad junto a algunas asociaciones activas en la lucha por la integración como el Instituto de Mayores y Servicios (IMSERSO), la Plataforma Representativa Estatal de Discapacitados Físicos (PREDIF) o el Centro Estatal de Autonomía y Ayudas Técnicas (CEAPAT), han dado a luz un proyecto modelado por el Estudio de Interiores OTO




La primera estancia a la izquierda es el dormitorio. El cabecero es una gran mampara de cristal tintado de color naranja, único color percibido por los invidentes por "residuo visual". La cama, el colchón y la almohada son elementos ortosomáticos y pertenecen a la empresa Coco-Mat. Sus propiedades naturales, aromaterapeúticas y profundamente estudiadas favorecen el descanso de personas con movilidad reducida.



Los revestimientos de las paredes son cómplices de los invidentes porque cambian de textura en función de la estancia. Así, la pared de madera prensada de alta densidad, de tacto rugoso y más frío, anuncia el baño. El tocador incorpora una célula fotosensible que detecta la presencia de las manos y, además, controla la temperatura del agua.




La tienda Vía Libre es la encargada de poner al servicio del discapacitado los últimos adelantos de la tecnología. En el lugar de la vivienda destinada a la oficina son muchos los elementos que permiten al discapacitado ser un as de la informática. El primer ejemplo es un ratón adaptado a los pacientes con lesión medular.



Las alfombras encastradas en el suelo de viroc (conglomerado más cemento) sostienen el mobiliario del salón. La comodidad se pone al servicio de un inquilino muy especial: un sofá confortable, una mesa con patas de acero cromado y un rincón de relax con chimenea de gas que funciona con mando a distancia.


Por Alicia Aragón
Imágenes: A.A.


DISEÑAR SIN BARRERAS ARQUITECTÓNICAS


Diseñar sin barreras arquitectónicas



Si bien existen diferentes tipos de barreras arquitectónicas, en Adecorar.com vamos a centrarnos en dar soluciones a las más comunes, es decir, aquellas que se relacionan con la silla de ruedas y los impedimentos que se presentan en viviendas o locales públicos. Las dimensiones de una silla de ruedas son 80 cm. de anchura por 90 cm. de alto y 120 cm. de largo. A partir de estas medidas debe girar todo el entorno constructivo de las barreras arquitectónicas.
Para empezar, los pasillos y corredores de circulación del espacio habitable deberán tener como mínimo 95 cm. y un máximo de 130 cm. de ancho. Así, el tránsito de paso será holgado y sin obstáculos. Una primera observación respecto a las rampas: tendrán que ser pendientes de entre un 5% y 7% de inclinación para una buena circulación de la silla.


Tipologías de las viviendas
La casa puede ajustarse a varias clasificaciones. Podemos encontrarnos una planta con una sola altura que tendrá que ser lo más diáfana posible. Pero también es posible que se trate de una vivienda de dos o más plantas: es aquí donde entra la parte técnica del proyecto. Debemos colocar un ascensor para movernos entre los pisos. Otra opción es instalar un dispositivo especial o monta sillas en las escaleras con el fin de que los minusválidos se valgan por sí mismos.
Los monta sillas son perfectos para subir escaleras en aquellos locales o viviendas en los que no exista ascensor. Actualmente, estos elevadores están integrados en la arquitectura de los locales públicos y están totalmente normalizados.


En el recorrido hasta el baño, debemos considerar que todas las puertas deberán poseer sistemas de apertura adecuados a la altura de la silla de ruedas, pero si optamos por pivotantes, mucho mejor porque resultan más cómodas y prácticas: sólo se debe desplazar la puerta con la mano o la parte inferior de la silla.
En esta parte, entran gran parte los tecnicismos relativos a la domótica. Resulta esencial que todos los interruptores, tiradores, herrajes de ventana, pulsadores, botones de ascensor, etc. estén a disposición del discapacitado: han de accionarse con el brazo ligeramente contraído o estar al alcance del brazo extendido.


Dimensiones apropiadas por habitaciones
Hay una serie de actividades que se realizan diariamente y son imprescindibles, como puede ser asearse, ducharse, comer, dormir, estudiar y trabajar. Describiremos las medidas desahogadas a las que tienen que atender las estancias principales de la casa:
Baño
Un cuarto de baño cuenta con los siguientes elementos:
• Bañera
• W.C.
• Plato de ducha
• Bidé
• Lavamanos
En una bañera con unas dimensiones de 70 x 160 x 55 cm. necesitamos un espacio delantero de 150 cm. de largo por 90 cm. de ancho. La silla de ruedas debe tener movilidad; algo primordial es que pueda girar con soltura.

La taza del inodoro estará más alta que una de cualquier vivienda. La proporción adecuada es un espacio de 160 x 160 cm. para una circulación óptima y buen giro de la silla.
Una buena solución para el plato de ducha es situar un asiento móvil, sujeto a una barra o directamente a la pared, con unos soportes apropiados para sostener el peso de una persona sentada en ella.
Cocina
Las dimensiones de la cocina responden a un diseño en forma de U o en forma de L. Pero lo importante son los elementos situados en el mobiliario, como el horno, los fogones, etc. Habrá que colocarlos a 70 cm. de altura desde el suelo.
Necesitaremos disponer de una encimera sobre la que trabajar y llevar a cabo tareas como cortar, pelar, limpiar, etc. Ésta se colocará a una altura de 68 cm. aproximadamente con la parte inferior hueca y libre para que la silla pueda situarse dentro y moverse con total libertad. El fregadero estará situado a 80 cm. del suelo, así podremos abrir y cerrar los grifos de forma accesible desde la silla.
Los armarios superiores se colgarán a 40 cm. de la superficie inferior como fregaderos, por lo tanto, estarán ubicados a partir de 120 cm. del suelo. Es importante que la altura no sea excesiva y que podamos extender el brazo sin dificultad desde nuestra silla.


Dormitorio
Para estar cómodo en un dormitorio, cuidaremos de que las partes laterales de la cama individual o doble dispongan de un ángulo de 180º. De esta forma, la silla se moverá en forma de T o en un ángulo de 360º girando en un círculo completo.
Las alturas siempre serán menores que en una vivienda estándar. Lo importante es que el brazo extendido llegue fácilmente allí donde se desee: el colgador, un estante, un cajón, etc. Nuestra visión, cuando se proyecte, será desde una perspectiva de altura equivalente a la de una persona sentada. Muchas veces, cuando uno diseña, ha de intentar imaginarse en la misma situación para tomar nota de las posibles soluciones.

Un último consejo: es vital que cuando alguien quiera hacer reformas en una vivienda o local se deje aconsejar por profesionales especializados en el tema porque todas las dudas serán resueltas, aunque al principio nos resulten de lo más banales. Todo ha de apuntarse en un cuaderno y cualquier sugerencia puede ser de enorme utilidad para la persona que esté realizando el estudio para la posterior ejecución de la obra.


Por Nuria Pedrerol
Imágenes: Alicia Aragón


Entornos inteligentes y discapacidad, con ocasión del III Encuentro TIC y Discapacidad, 17 mayo 2006, DIA DE INTERNET

Entornos inteligentes y discapacidad, con ocasión del III Encuentro TIC y Discapacidad, 17 mayo 2006, DIA DE INTERNET

ENTORNOS INTELIGENTES Y CAPACIDADES EMERGENTES


Sasamón, a domingo, 16 de abril de 2006

Por:

Francisco Limonche Valverde
VICEDECANO COITT


Una de las abstracciones de mayor complejidad mental a la que se somete el ser humano, es la de tratar de ponerse en el lugar del otro. La discapacidad, entendida como dificultad para interaccionar con el entorno, sitúa el presente de cada cual, en un escenario donde cada cual también puede hacerse una idea de lo que implica experimentar una discapacidad limitante.

Las limitaciones tienen que ver con lo físico, con lo sensorial, con lo mental…y con el entorno. Una persona es fundamentalmente lo que emite. Esas, sus emisiones, de sosiego o de intranquilidad, contribuyen a que el acceso a los recursos que propician el bienestar, se hagan con mayor o con menor dificultad.

Este tercer encuentro, de telecomunicaciones y discapacidad, organizado por el COITT en su primera edición (Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos de Telecomunicación), y al que se han sumado el Real Patronato sobre Discapacidad, la Escuela Universitaria de Ingeniería Técnica de Telecomunicación de Madrid; el CEAPAT y el Centro Estatal de Autonomía Personal y Ayudas Técnicas, organismo este dependiente del IMSERSO, dependiente a su vez del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales, pretende justamente eso: ser centro emisor de sosiego. Evitar el ruido, contribuir, en la medida en la que esto sea posible, a que la reflexión sobre la discapacidad, alcance a ciertos ámbitos de la universidad, donde resulta difícil encontrar este tipo de ecos.

No hay que olvidar que quienes más hacen por el bienestar de todos son justamente las organizaciones de personas con discapacidad. La contribución de la ONCE, de la CNSE, FIAPAS, CERMI…a normalizar la accesibilidad, está contribuyendo a que todos disfrutemos de una mejor calidad de vida. La universidad es uno más. Hay multitud de ejemplos prácticos donde el entorno adecuado facilita la vida a todos: en la ciudad, en los espacios públicos, en el uso de las telecomunicaciones. El entorno se hace a cada instante más complejo; se hace mas complejo el espacio temporal en el que se desarrolla nuestra existencia, que tiende de manera compulsiva a hacerse simultaneo en multitud de aspectos. El tiempo se ha acomodado a la velocidad creciente de los procesos mecánicos; el hombre es cada vez más dependiente de sus propias creaciones. Tomar conciencia de que las capacidades se hallan condicionadas al sosiego que cada cual se auto imponga, es condición para recuperar o alcanzar un equilibrio que permita situar nuestras experiencias vitales en la plenitud de su desarrollo.

La sordera física tiene que ver con la ausencia de una audición normalizada; empero, la sordera mental tiene que ver con la no audición voluntaria de la evidencia de una vida que nos reclama un entorno de mayor paz interior.

El entorno es la respuesta a nuestras emisiones. Emitimos como humanidad, como continente, como nación, comunidad, ciudad…pero también lo hacemos como personas que influencian el entorno, y no siempre lo hacemos desde la responsabilidad.

Hay un entorno y hay un microentorno. El microentorno es el espacio mental y físico en el que cada cual fija las cualidades y brillos que pretende para su vida. La mecánica de su accesibilidad tiene que ver obviamente con los avances que se producen en el desarrollo de nuevas utilidades, pero también con la predisposición a que nuestras vidas sean contributivas e inclusivas, garantía de nuestra propia comodidad, seguridad y estabilidad.

La responsabilidad del pensamiento no es delegable. Tampoco lo es la de la palabra y aún menos la responsabilidad de la acción.

Tomar conciencia es ante todo tener la capacidad de entender lo que pueda suponer estar en el lugar del otro. Una silla de ruedas es simplemente una virtualidad que separa un instante de otro. Un audífono es un dispositivo que se alcanza bien por edad bien por cualquier otra circunstancia no deseada desde el consciente, pero a la que en ocasiones nos dirigen los ruidos de una mente que a gritos y desde hace siglos nos reclama la quietud de la armonía.

La responsabilidad es ser consciente de que la discapacidad no puede ser utilizada como elemento separador, ni por unos ni por otros. Ni por quienes la experimentan con una mayor visibilidad ni por quienes entienden que les es tan lejana como Venus.

Los invitados a este encuentro lo están para aportar no sólo el conocimiento del avance de sus respectivas ocupaciones, sino para compartir experiencias de valor, de cuanto la transferencia real de las mismas aporta a sus más directos beneficiarios.

Bienvenidos y gracias a todos

Alexander Graham Bell y el discurso visible, NARRACIÓN REALIZADA 4 MESES ANTES DE MARCHARME DE RIVAS PUEBLO

Alexander Graham Bell y el discurso visible, NARRACIÓN REALIZADA 4 MESES ANTES DE MARCHARME DE RIVAS PUEBLO

A.G.B. Y EL DISCURSO VISIBLE


Francisco Limonche Valverde


RIVAS PUEBLO, finales de Junio de 2001

Taller Literario. Asunto sobre el que escribir: un relato. El relato que ahora tienes en tus manos. Abstracciones, fábulas o sucesos, acaecidos o inventados. Ese es el tema que nos han encomendando desarrollar los profesores que han impartido el curso correspondiente a 2001 de Rivas. Lo cierto es que no sé cómo iniciar este escrito. Tal vez lo que más convenga sea explicar las razones por las que tomé la decisión, hace unos meses, de acogerme a un grupo de personas, unidas en la pasión por la palabra. El amor a la palabra es una forma de entender la vida. Nada de lo que nos sucede ocurre porque sí: sucede, fundamentalmente, por el uso que hacemos de la palabra. Hiere más la palabra de odio que el corazón encogido por la rabia. Empero la palabra también sana. Instalarse en la palabra significa, entre otras cosas, vivir en el ensueño de territorios que la imaginación fabrica. Lo cual supone, de tanto en tanto, renunciar a cosas tan sencillas como tomar una cerveza en calma. En fin, me encuentro en este Taller de Rivas, abstrayéndome del sosiego de no hacer nada cuando me apetezca, por la palabra y por su método.

He escrito cosas a lo largo de mi vida. Me gusta escribir y ser leído. Necesito, sin embargo, dejarme guiar por los que ya han transitado desde el fondo a la forma. La belleza es alma, pero también lo es el cuerpo.

A finales de verano de dos mil y para una revista de telecomunicaciones, traduje del inglés al español unas cartas de amor de Alexander Graham Bell, humanista e inventor del teléfono. Descubrir la voluntad y la determinación de Alexander de dedicar su vida en favor de la palabra hablada, me llevó a biografiar aspectos desconocidos, al menos para mí, de la vida de un hombre excepcional y de referencia. Me gustó aquello. Quedé sin embargo con el regusto de algo más. Escribir y hacerlo con la fluidez del aroma de la rosa, exige leer mucho, escribir aún más y compartir lo creado con otros. En esa tarea me encuentro, mientras me imbuyo en la determinación de Alec de ofrecer el beneficio del discurso visible y de la palabra hablada.

"El poder de la palabra hablada". A Alexander le brilla la mirada: tiene fiebre. Padece una de sus habituales y dolorosas jaquecas; pero no puede dejar de pensar en el sentido de la frase, que le ronda desde el alba.

El poder de la palabra hablada transforma el universo; transforma la realidad inmediata, e incluso el futuro que se anhela. De esa fuente, la persona sorda bebe, muy de tarde en tarde, escasos sorbos de subsistencia.

Mabel Hubbard y Alexander Graham Bell, dos seres unidos en el propósito fundamental de transitar de la mano el camino de la vida y donar el poder de la palabra hablada, sin importar tiempo, lugar o distancia, que permita al verbo llegar allá donde sea preciso, en su manifestación reparadora.

Mabel Hubbard era sorda y alumna de Graham Bell. El día en que Alexander la vio por vez primera, se le aceleró el pulso y le cambió el color de la cara. Tan bonita la niña, reposando en el regazo de la madre. El pelo largo, brillante, de una delicadeza que la caricia hubiese sido lo inmediato. Alec no se atrevió. En realidad, se sintió ridículo, sin saber que hacer con el sombrero y tratando de aparentar una calma, que quedaba muy lejos de sentir. Ella era una niña de dieciséis años, pura e inocente; él un hombre hecho y derecho, educado en las formas y en el control de las emociones, que se estaba enamorando.

Alexander aparentaba más edad de la que tenía. Vino a la vida en Edimburgo, Escocia, el 3 de marzo de 1847. Ella lo hizo en Boston, EE.UU., el 25 de noviembre de 1857. La Universidad de Boston le nombraba profesor de fisiología vocal y de oratoria en 1873. Ese fue justamente el año en que Mabel se aposentó para siempre en su corazón.

Fueron años, los de mediados y finales del siglo XIX, en los que la investigación, fundamentalmente en los EE.UU., adoptaba un sesgo práctico, con inventos que revolucionaron el modo de entender la vida y la práctica diaria de lo cotidiano. Europa asistía atónita a los descubrimientos que llegaban desde la otra orilla del Atlántico, entre otros el realizado por Alexander Graham Bell, que patentaba el teléfono en 1876.

Por entonces, las personas sordas quedaban muy lejos de los beneficios de la palabra hablada, sin apenas acceso a una formación que les permitiera desenvolverse en un entorno, en el que la creciente competencia, comenzaba a constituirse en barrera adicional a la de la ausencia de oído.

Mabel vivía hacía dentro. Quedó sorda a los cinco años de edad, y nunca más volvió a oír. Un niño sordo sobrevenido, configura el espacio en el que vive, en razón del lenguaje tanto verbal como no verbal que se establece entre padres e hijos. Quien conoce el verbo, nunca lo puede olvidar. Su lógica era la del oyente. A los cinco años, la curiosidad y el descubrimiento de la propia identidad, generan un vínculo en torno a la palabra que, de quebrarse, trastoca hasta el extremo del dolor constante, los perfiles del universo que se viene construyendo. La discapacidad más severa que pueda padecer cualquier ser humano, es la de no poder comunicarse con los demás.

Mabel había recibido una educación exquisita. Su padre, Gardiner Hubbard, reputado hombre de negocios del Boston de mil ochocientos setenta, adoraba a su bella hija.

Mabel era buena, delicada y con una curiosidad por todo sin limites. El Sr. Gardiner coadyuvaba, con cariño inmenso, en el esfuerzo titánico de su hija por aprender cosas nuevas y por hacerse entender. En esa tarea se encontraban, cuando supieron de aquél hombre serio, que tenía en la ciencia humanitaria el objetivo principal de su existencia. Alexander pretendía, entre otros, transmitir la voz humana por un hilo metálico, y el envío de caracteres escritos o vibraciones, para que los sordos pudieran comunicarse entre sí o con los oyentes. No resultó de esta manera, para desgracia de los no oyentes. Pero eso es otra historia. El invento del teléfono le pareció al principio al Sr. Gardiner cosa de locos y cuanto más algo sin uso práctico alguno. Pero Alexander Graham Bell era ante todo un excelente profesor de vocalización y el mejor maestro conocido de niños sordos. Alexander precisaba de recursos para sus investigaciones y Gardiner buscaba el mejor profesor para Mabel. Ahí comenzó todo, desarrollo del teléfono incluido.

Con la ayuda de un globo, Alexander instruyó a la niña en el delicado proceso de la dicción. Hablando en la superficie del globo, las vibraciones se reproducían en la carita de Mabel. Al tiempo, las manos del tembloroso Alexander, situaban los dedos de la niña en el punto exacto de la garganta, para que esta pudiese visualizar los movimientos que se producen al hablar.

- Así, Mabel, como lo hago yo –

Y Mabel repetía una y otra vez el ejercicio, hasta que de la garganta aterida, fluían las palabras con la delicadeza que pueda hacerlo el cisne en el agua.

Alexander había logrado escapar del hálito de la plaga blanca, que se llevó para siempre a sus dos queridos hermanos. Pero la tuberculosis le dejó como secuela crisis de jaquecas, de dolor insoportable. La luz le trastornaba. Buscaba la noche y la penumbra. De hábitos nocturnos y mente en mil cosas a un tiempo, los únicos objetos de adoración que tuvo en vida fueron Mabel, sus hijas, la ciencia y el bien de los demás. Mabel, por el contrario, más práctica y apegada al disfrute de lo diario, no se cansaba del rumor que dibuja la naturaleza, en los ojos de quienes carecen del sentido del oído. Contraste entre el búho blanco, que imaginaba en Alec, y la paloma en búsqueda de dulces brisas a la que ella aspiraba.

Pero se amaban, como no se pueda imaginar, y trataban de permanecer el mayor tiempo posible juntos. Cuando esto no resultaba posible, circunstancia frecuente, por otra parte, se escribían. Lo hacían de lo mucho que se querían, de lo que esperaban el uno del otro, del dolor, de los motivos de discusión, del cariño inmenso con el que se regalaban...

Alexander buscaba la manera de contribuir a evitar el aislamiento de los sordos; de evitar que su querida Mabel dejase de disfrutar de la palabra hablada. La cultura humana, pensaba, es fundamentalmente cultura escrita y hablada, desde el principio de los tiempos. Ni un solo ser humano debiera permanecer alejado de semejante bien. En el afán de que alcanzara a todos por igual, puso siempre lo mejor de sí.

A esto contribuyó otra de las personas de gran influencia en la vida de Alexander, Thomas Watson, mecánico y ayudante de electricidad, que le fue asignado como colaborador en Exeter Place, lugar donde tuvo lugar la primera transmisión telefónica de la historia. Pero eso forma parte de otro acontecimiento y de otras descripciones.

Alexander escribía a Mabel, como queda dicho, siempre que esto le resultaba posible. Mabel hacía lo propio. Pasaba también a limpio los apuntes y escritos de Alec. De entre las muchas cartas de amor que ambos se dirigieron, a lo largo de más de cincuenta años de vida en común, hay una de referencia, que refleja los anhelos del inventor del teléfono, el amor por Mabel y la práctica de su vida. Dice así.


Carta de Alexander Graham Bell a Mabel Hubbard
5 Exeter Place, Boston, 1876
Miércoles en la tarde

Mi querida muchacha:

El papel usado, del que hago uso en esta carta, no creo sea el medio más adecuado para escribirte. Parece dar a entender una cierta falta de respecto al lector y ciertamente una extraña manera de mostrar los sentimientos de quien la redacta. Te pido respetuosamente no pienses que este sea el caso. He tratado de dar con unas hojas respetables, donde poder plasmar los pensamientos que me inspiras; pero el esfuerzo ha resultado vano. Sólo puedo, por tanto, exponer de manera fragmentaria alguno de mis propósitos. Sin embargo, "la paja muestra la manera en la que el viento sopla".

Watson y yo hemos trabajado duro a lo largo del día de hoy, explorando nuevos dominios de la telegrafía múltiple, con el sentimiento de ir por el camino correcto.

He de decirte, sin embargo, que me siento en la obligación de permanecer las tardes en Boston, con el fin de contribuir a sufragar el coste de la renta que Watson paga por el cuarto donde habita. Resultaría imposible para él proseguir en los experimentos de la telefonía, de no participar yo en este pequeño esfuerzo. Por lo tanto, debo dedicarle las tardes como contrapartida a su dedicación absoluta al desarrollo de mis ideas.

Habitualmente abandono Boston a las cinco. Cuando mañana llegue junto a ti, podremos, si es de tu agrado, filosofar sobre la naturaleza de las cosas, o salir en busca de rosas rojas, para colmarte de ellas las manos.

Hoy he dividido mi tiempo de manera uniforme, entre Watson y Kinsey – la telegrafía y el discurso visible -¿No me tienes lastima?. Me temo que nunca me encuentre en paz, si trabajo en una sola cosa a un tiempo. Sin embargo, estos dos asuntos están predestinados a formar parte de mi vida. ¿Qué necesidad tengo pues de preocuparme de ellos?. Son como hermanos gemelos y debo aprender a cuidar de ambos.

Watson y Kinsey absorben tanto de mi tiempo, que apenas si puedo avanzar con los papeles del examen. No obstante, te prometo que mañana, al comienzo de la tarde, haré mi aparición en Cambridge, con el Discurso Visible en el bolsillo.

Mabel, puedes serme de gran ayuda, simplemente haciéndome trabajar. Me siento avergonzado por el retraso en mis escritos. Creo, sin embargo, que podré terminarlos si me siento un rato y persevero. Lo que no puedo es pasar un día más sin verte.

No estoy seguro de porqué te escribo, siendo que mañana nos veremos. Empero, el espíritu me mueve, como dicen los cuáqueros.

Pienso muy a menudo en ti, y siempre en la alegría. No obstante, te tengo lastima por haberte comprometido con un hombre como yo. Sabes, mi querida Mabel, y te lo anuncio con toda la gravedad de que soy capaz, que cuanto más examino mi vida y mi carácter, me veo, cada vez menos, como ese tipo de hombre que deba casarse. Me sorprende mi propia presunción al asumir esta idea.

No pienses que lamento pensar así. Tú eres mi ángel bueno y te amo tanto, que lo menos que puedo hacer es intentar cambiar por ti – sólo intentarlo -. !Si el leopardo pudiese cambiar sus manchas, pudiera haber un poco de esperanza en ello¡ Sin embargo, si el amor y los afectos pudiesen al tiempo reparar los defectos de mi carácter, te haría también la promesa de intentar cambiar a cualquier precio¡. Buenas noches, mi amor.

Tu Alec.

El Discurso Visible, la palabra hablada, puso a Alec en el camino de Mabel. A través del Discurso Visible, Ciencia de los Alfabetos Universales, establecido por Melville Bell, padre de Alexander Graham Bell, el inventor del teléfono hizo honor a la aplicación del método, como maestro de sordos y difusor de la palabra hablada. El amor fue la recompensa.

En el Discurso Visible de Melville Bell, los símbolos representan las posiciones que deben adoptar los órganos vocales, en la formación de los sonidos. Durante años, los padres de Alexander Graham Bell fijaron su objetivo en el análisis de los variados elementos, que conforman el sonido del idioma inglés y otros idiomas, para describir estos por medio de caracteres fisiológicos. De esta manera, los estudiantes deberían ser capaces de pronunciarlos, desde la descripción simbólica de las formas, sin necesidad de haber escuchado los sonidos previamente.

El padre de Alexander Graham Bell, fue un gran estudiante de filología. Su esperanza en el sistema de escritura visible, radicaba en que, a su través, pudiesen preservarse, en beneficio de futuros filólogos y lingüistas, los dialectos de Inglaterra y Escocia, por entonces en proceso de decadencia, a consecuencia de la expansión del ferrocarril, de los medios de vapor y otros medios de comunicación rápidos que proliferaron a lo largo del país. Descubrió que cuando se susurran ciertas vocales inglesas o dialécticas dispuestas de una determinada manera, parece existir una cierta relación musical con los elementos vocales de la escala. Alexander Graham Bell gozaba de un buen oído musical. Por esta razón su padre se interesó vivamente por su opinión respecto de los diapasones, en las diferentes vocales. En el oído de Alec las vocales daban la impresión de corresponder a una escala musical descendente. Sin embargo, para el padre, la sensación era justamente la contraria.

Durante un largo período de tiempo pareció imposible que llegasen a un acuerdo con los diapasones correspondientes a cada una de las vocales, excepción hecha de las vocales de abertura estrecha, hasta que vinieron a descubrir que cada una de las vocales se relaciona con un doble diapasón. Esto, referido a la escala de las vocales, justifica los diapasones ascendentes y descendentes de manera simultánea.
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Palabras, cadencia, teléfono. Palabras que transforman y cambian el mundo. El esfuerzo del padre, la dedicación y desvelos de un hijo. El teléfono llegaba desde el buen oído de Alexander y desde su fe en la ciencia como medio de ayuda a los desvalidos.

Nacemos de la palabra, crecemos en ella. La palabra nos hace partícipes de la naturaleza divina y nos revela al mismo Dios. Alec y Mabel pusieron su empeño en dar a conocer el beneficio de oír lo nombrado. La vida en la Tierra podría ser mejor de escuchar y no sólo oír a nuestros semejantes. A veces el sordo escucha mejor que el oyente. La palabra es patrimonio del alma. Los inventores, y todos cuantos gozan del privilegio de subsistir a su través, debieran hacer cuanto pudiesen, para revertir el desequilibrio que anida en los corazones y llegar a lo más profundo de las estrellas desde la profundidad del verbo.

Le dolía la cabeza; pero mañana sería otro día y podría filosofar con Mabel del poder de la palabra hablada...

Literatura, amor a lo dicho. Estoy aquí para beber de lo oído; para reflexionar sobre el alcance de lo hablado. Sin embargo, mañana será otro día y seguiré dedicándome a saborear, a través de lo bello, del agua de la sabiduría de la que antes otros se han saciado. Gracias Alexander. Gracias, amigos del Taller.

Madrid a martes 12 de junio de 2001

Biblioteca del Congreso de los EE.UU.
http://memory.loc.gov/ammem/bellhtml/bellhome.html