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Resumen

Las nieblas de avalón

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Francisco Limonche Valverde
flimonche@coitt.es

Madrid a viernes, 04 de mayo de 2007


Uno de los lenguajes con los que se expresa la naturaleza es el simbolismo; otro la sincronicidad. De unos años a esta parte ambos se manifiestan de manera muy acelerada.

Las experiencias se agolpan y se nos presentan situaciones que no hace mucho llevaba años, decenios e incluso toda una vida en desarrollarse, pero que ahora eclosionan a velocidad de vértigo.

Las nieblas de Avalón son, entre otras, un símbolo. El símbolo de lo que está más allá de los sueños. Porque hay algo más allá de los sueños, que todos intuimos es lo más auténtico que hay en nosotros.

Hubo un tiempo en el que el hombre dejó de soñar. Para soñar más allá de los sueños era preciso ser valiente. Sin embargo, sucedió que las nieblas, una de las pruebas del alma, nos llenaron de temor y dejamos de hacerlo.

Tras las nieblas se halla el Rey Arturo y Merlín, Morgana, Ginebra y la Dama del Lago ¿Qué ocurrió para que Arturo tuviese miedo? Ginebra era católica; seguía las normas de la iglesia, pero delegó en otros la responsabilidad de sus sueños; temía a Dios y olvidó la Tierra. Cielo sí; tierra no. Arturo conectaba con la diosa, pero no con Dios. La dualidad envolvió con su niebla cerrada el corazón de los esposos. El alma conjunta que aspiraba a la unidad, se acuclilló temerosa en la dualidad. Arturo y Ginebra lucharon entre sí y perdieron. La magia de Avalón, con sus luces y sombras, se diluyó en el olvido.

Pero Avalón rebosa de nuevo luz; brota y pugna por hacerse visible una vez más. Se encuentra justo donde la dejamos la vez anterior; con sus caballeros y damas dormidos; con sus elfos, hadas y duendes sorprendidos de nuestro prolongado sueño.

Hay un jardín en Glastonbury, donde las hadas aletean y acarician con su brisa a los visitantes. Este jardín contiene un agua preciosa de sabor a hierro. El agua que vertió José de Arimatea, tío de Jesús, agua con la que lavó el cuerpo de Cristo. Beberla, es beber luz y despertar un poco más rápidamente.

Arturo existe y es al tiempo el Cristo que todos llevamos dentro. Es el cristal limpio, claro y de luz que brilla más que el sol, porque el sol es simplemente el espejo en el que Arturo se contempla cada mañana.

El amor de Cristo es un amor incondicional que da todo sin esperar nada a cambio. Apenas el postrer suspiro hubo sellado sus labios, comenzó de nuevo a iluminar con su luz el camino, que él mismo había recorrido, para ayudarnos a no caer en la enredadera de las malezas o para no golpearnos las rodillas al caminar de espaldas.

Arturo, rey, hombre, enamorado, cobarde y valiente a un tiempo, siguió durante un tiempo la luz; luego, acobardado por la niebla, prefirió la muerte a seguir soñando más allá de los sueños. Fueron él y sus doce apóstoles caballeros. Trece lunas y ningún sol.

Pero ya no es preciso experimentar dolor para dar con el sendero de Avalón. Es tan suave y ligera la carga, que basta con amar y ser amado, para que se ilumine todo el firmamento.

Glastonbury está llenos de leyendas; pero ¿qué son las leyendas?, ¿imaginación, meramente verbalizada?, ¿hechos que realmente sucedieron, magnificados por la fantasía adormecida? Sea como fuere, hay un lugar en el suroeste de Inglaterra, pleno de sincronicidades y de sucesos mágicos.

Los lugares nos llaman; no llegamos a ellos por casualidad. Para saber de las causas, basta con observar los efectos. El efecto en el jardín del cáliz es la paz en un alma inquieta, que se deja llevar del tierno abrazo del espino blanco o de cualquiera de los otros centenarios y bellos que le acompañan.

Cuando José de Arimatea llegó a Inglaterra, lo hizo apoyado en un cayado de espino. En una de las colinas que bordean Avalón, golpeó la tierra. De allí brotó un espino. De aquél espino los tres que ahora embellecen la ciudad.

Sin embargo, para este abrazo, ni siquiera es preciso llegar a Glastonbury, basta con dejarse llevar del propósito de despertar para ser consciente del maravilloso sueño que ha comenzado a emerger. Avalón ha regresado.

VIAJES SAGRADOS

http://www.viajessagrados.com/pageone.htm

JARDÍN DEL CÁLIZ

http://www.chalicewell.org.uk/home.html


Lunes, 29 de Octubre de 2007 09:08 Autor: Francisco Limonche Valverde. #. Tema: Narraciones No hay comentarios. Comentar.

San Virila y el tiempo acelerado

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SAN VIRILA Y EL TIEMPO ACELERADO

Martes, 06 de marzo de 2007


BREVE CUADERNO DE NOTAS DE MI ESTANCIA EN EL MONASTERIO DE LEYRE


http://www.geocities.com/flechaamarilla2001/leyenda10virila.htm

Leyenda de San Virila

El relato trascurre a finales del siglo IX, un poco más tarde que el descubrimiento de la tumba del apóstol Santiago, pero está reflejado literariamente en los medios cistercienses del siglo XII. Sucede en el monasterio de San Salvador de Leyre (Navarra). Era entonces un monasterio floreciente de gran observancia, que llamó la atención de San Eulogio en su viaje por los Pirineos, reconociendo que allí conoció a "... excelentes varones, temerosos de Dios”. Esto que sucedía hacia el año 850 indica la antigüedad del monasterio, atestiguado por los restos de una iglesia mozárabe conservada en el subsuelo de la actual iglesia románica.

El abad Virila nació en Tiermas en el 870 y murió en Leyre en el 950.
Mantenía el bueno del abad tremendas dudas sobre cómo sería el gozo de la eternidad. Es así que un día de plenitud primaveral se interna en el bosque cercano con estas meditaciones que leía en un libro.
En la espesura del bosque aparece un ruiseñor, que con sus trinos distrae su atención de la lectura, apartándolo hasta una fuente. Allí queda prendado del canto del pájaro, hasta que se adormece.
Cuando se despierta la naturaleza había cobrado nueva vida y no encuentra el camino de vuelta, hasta que al fin lo reconoce y al monasterio al fondo, que ahora es más grande, con iglesia mayor y nuevas dependencias que no comprende. Al llegar a la portería e identificarse, nadie le reconoce. Buscando en el archivo del cenobio encuentran un abad Virila " perdido en el bosque ", pero hace trescientos años.
Es entonces el monasterio una revolución por el milagro acaecido, y en pleno Te Deum de acción de gracias se abre la bóveda de la iglesia y se oye la voz de Dios " Virila, tu has estado trescientos años oyendo el canto de un ruiseñor y te ha parecido un instante. Los goces de la eternidad son mucho más perfectos”. Un ruiseñor entra entonces por la puerta de la iglesia con un anillo abacial en el pico, y lo coloca en el dedo del abad, que lo fue hasta que Dios lo llamó a comprobar la gloria eterna.
En los alrededores del Monasterio se encuentra la Fuente de San Virila.


Lunes, 26 de febrero de 2007, 18 horas

Me encuentro alojado en la celda número ocho. El viento mueve las copas de los árboles y silba. Hace unos minutos he contemplado un precioso arco iris. Me encuentro tranquilo. El viento continúa silbando, en gemido bronco y amenazador. Es apariencia. Podría hacer desaparecer el monasterio en un instante. Sin embargo, es el miedo, mi miedo, el que puede fortalecerle.

Suena una campana. El tang tang es rítmico. Llama; es como una voz humana. Probablemente sea la llamada a vísperas.

El sol acaba de ponerse justo frente a mi ventana, la única ventana de la celda. Una pincelada rojo anaranjada se desvanece por entre las nubes y deja atrás su estela dorada.

He explicado al Padre Oscar que el número ocho es el número del infinito.

Me encuentro tranquilo. He venido a Leyre sin expectativas. Tengo el móvil junto a mí. No he recibido ninguna llamada en toda la tarde. Hay un silencio envolvente que me agrada.

He ido a la iglesia. Los monjes cantan gregoriano a todas horas. Hay como una veintena. Cuidan de su alma, pero no descuidan el cuerpo. Su alimentación parece sana; sin concesiones a la gula.

Hace un rato acaba de incorporarse al retiro un chico de unos treinta años. El Padre Oscar le ha asignado la celda número tres.

Acabamos de cenar y hace justo también unos instantes que acabo de hablar con Sagrario. Estoy a la espera de la campanada que anuncie la llamada a Completas. Sagrario me dice que se está pensando venir el sábado.

De tanto en tanto se oye el gemido de un fraile enfermo. Tiene ochenta y seis años y se encuentra justo en la celda que hay debajo de la mía.



Martes, 27 de febrero de 2007, 15h 20 min.

He recibido un SMS de Sixto en el que dice “Ya ya llegado. Se llama Sara y está bien, como su madre”. He creído que Sixto ha sido abuelo. Le he respondido con otro SMS preguntándoselo. Me dice que no; que ha sido padre. Le llamo. Me confirma que él es el padre y que la madre es Patricia.

Comunico esta noticia a Sagrario. Reacciona con incredulidad.

Aún no digiero bien mis miedos. Los combato comiendo. He comido panchitos, un vaso de leche de soja y un puñado de cereales, justo antes de la cena, que ha consistido en espaguetis, tortilla española y mandarinas.

Eructo, a consecuencia de mis desajustes estomacales.

El doctor Carvajal dice que el reflujo estomacal es reflejo de aquello que la conciencia no puede digerir.

Esta mañana he dado un paseo con Arturo, el chico de la celda número tres. Hemos ido a visitar la fuente de San Virila. No la hemos encontrado. Sin embargo, el camino es precioso. Arbustos de boj, encinas centenarias, robles, rocas, cuevas, humedales.

He hablado con un fraile, que debe de tener unos setenta y cinco o setenta y seis años. Dice que estuvo en el Valle de los Caídos. Me comenta que Franco pretendió del monumento del Valle de los Caídos el símbolo de la reconciliación entre los españoles. Me parece que ninguno de los dos nos hemos oído o escuchado.

Una nueva puesta de sol. En esta ocasión una nube gris azulada le sirve de marco.

Acabo de mantener una prolongada conversación con el Padre Oscar. Arturo es testigo.

Tengo muy revuelto el estómago. El vino, las peras y el dulce de los frailes antes de la sopa, me han sentado fatal.

Aquietar la mente; aquietar el estómago. ¿De dónde me vienen las ganas de comer cosas que me sientan fatal? ¿De un deseo prácticamente irrefrenable de comerme mis miedos?


Miércoles 28 de febrero, 18 h 50 min.


Suena la campana que llama a Vísperas.

Hoy hemos ido Arturo y yo de nuevo a la fuente de San Virila. En esta ocasión sí que hemos dado con ella. He bebido de su agua fresca. Tres sorbos, uno por cada uno de mis hijos.

Declina el sol.

Me siento inquieto. Los salmos que cantan los monjes son cantos de guerra. Leyre está suponiendo para mí el descubrimiento de que la paz se encuentra en el corazón y no en los monasterios, con independencia del ruido y las prisas.

Se escuchan de tanto en tanto los lastimeros gritos del monje enfermo.

¿Cómo puede un hombre de paz no ser consciente de que canta oraciones ensalzando la guerra? Me entristece comprobar que durante siglos se hayan fortalecido mandatos tales como “vencer al enemigo”, “aplastar al que no es grato al Señor”

Esta tarde los monjes se han retirado a conferenciar. Barrunto que pueda tener algo que ver con la conversación que mantuvimos el Padre Oscar y yo, y que a mí me tuvo en vela prácticamente toda la noche.

Arturo me pregunta que por qué dejé de comulgar. He preferido no responderle. Aún siento el dolor. Amo a Dios y busco su amor y el brazo envolvente de su luz, pero prefiero no comulgar en estos momentos.

Hace años me hubiese gustado hacerlo. Ahora no siento lo mismo.

Bendito seas Dios mío; bendito en mis miedos, en mis experiencias, en mi dolor. ¡Ilumíname con tu linterna de amor¡

¿Qué espero?: luz en mi corazón, paz en mí alma, aquietamiento en la mente.

El símbolo de la cruz no debe de representar ya por más tiempo el dolor, sino la tierra y el cielo, oriente y occidente, el sol y el ocaso; arriba y abajo. La cruz es multidimensional, abarca con su abrazo al universo entero.

Dulce noche
Que llegas envuelta
En sonidos de silencio


Jueves 1 de marzo de 2007, 10 h

Bendito seas dulce Dios de jilgueros cantores.

EXTRACTOS DE SALMOS QUE ME HAN SORPRENDIDO


Salmo 54


Que los sorprenda la muerte
Que bajen vivos al abismo
Pues la maldad anida en ellos


Salmo 118


Soy pequeño y despreciable
Pero no olvido tus decretos

Salmo 21


Pero yo soy un gusano, no un hombre
Vergüenza de la gente, desprecio del pueblo

Salmo 51

Contra la violencia de los calumniadores

Pues Dios los destruirá para siempre
Te abatirá y te barrerá de tu tienda
Arrancará tus raíces del suelo vital

Salmo 53


Devuelve tú su maldad a mis contrarios
Y destrúyelos, por tu lealtad


Salmo 90

Caminarás sobre áspides y víboras
Pisotearás leones y dragones


Salmo 75

Con un bramido, oh Dios de Jacob, inmovilizaste carros y caballos


Salmo 5

Detestas a los malhechores
Destruyes a los mentirosos, al hombre
Sanguinario y traicionero
Le aborrece el señor

Salmo 175

El hirió a reyes famosos
Porque es eterna su misericordia
Dio muerte a reyes famosos
Porque es eterna su misericordia


Salmo 124

Y a los que se desvían por sendas tortuosas
Que los rechace el señor con los malhechores
¡Paz a Israel¡

Salmo 143

Con tu auxilio embestiremos al enemigo
En tu nombre pisotearemos al agresor

Tú nos das la victoria sobre el enemigo
Y derrotas a nuestros adversarios


Salmo 143

Señor ¿qué es el hombre para que te fijes en él?
¿Qué los hijos de Adán para que pienses en ellos?

Señor, inclina tu cielo y desciende
Toca los montes y echarán humo
Fulmine el rayo y dispérsalos
Dispara tus saetas y desbarátalos


Salmo 85


No tienes igual entre los dioses
Señor, no hay obras como las tuyas

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... (... continúa)
Lunes, 29 de Octubre de 2007 09:14 Autor: Francisco Limonche Valverde. #. Tema: Espiritualidad No hay comentarios. Comentar.

IV ENCUENTRO COITT Telecomunicaciones y discapacidad

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Resumen del:

IV ENCUENTRO COITT “TELECOMUNICACIONES Y DISCAPACIDAD”

Por

Francisco Limonche Valverde
PRESIDENTE COMISIÓN SOCIEDAD Y MEDIO AMBIENTE
COITT
flimonche@coitt.es


El día 27 de septiembre de este año de 2007 tuvo lugar, en el Palacio de Congresos de Feria de Barcelona, la sexta DIADA DE LAS TELECOMUNICACIONES EN CATALUÑA, organizada por el COETTC, http://www.coettc.com .

El IV encuentro de TIC y Discapacidad, organizado por el COITT http://www.coitt.es, fue incluido en la misma, como un activo de la ingeniería técnica de telecomunicación, en el propósito integrador y normalizador asumida por esta de las telecomunicaciones pensadas para todos.

Desde las 9.00 hasta las 20.00 horas, la Diada transcurrió tal como estaba previsto, en torno a 17 mesas redondas, que giraron alrededor de tres ejes temáticos: Telecomunicaciones y Discapacidad, “el sector TIC y sus profesionales”, y “la interactividad, un mundo de nuevas oportunidades”. Un total de 90 ponencias, con más de 2.700 asistentes acreditados, 20 stands de diferentes empresas y 2 exposiciones, configuraron el marco idóneo para que los profesionales y el público interesado en los temas del sector pudieran participar y compartir experiencias.

De entrada y analizados los resultados, podemos concluir que la Diada de les Telecomunicacions, que organiza el Col•legi Oficial d’Enginyers Tècnics de Telecomunicació de Catalunya, se ha convertido en una cita obligada en Cataluña y un referente en el resto de España.

Encuentros como este de telecomunicaciones y discapacidad, vinculando aspectos tan concretos, ya de necesidades inducidas ya de necesidades emergidas a raíz de la evolución técnica de los últimos años, no son muy frecuentes.

Fue Telefónica quien los inició en Madrid en 1996, continuando éstos en Hispanoamérica organizados por AHCIET http://www.ahciet.net, hasta el año 2001, con un vacío de dos años, para ser retomados de nuevo en España por el COITT en el año 2003.

En agradecimiento y testimonio de estos antecedentes, me permito transcribir mis propias palabras en el pequeño acto de bienvenida del encuentro.


Señoras y señores:

“Este IV encuentro del COITT tiene lugar en Barcelona, gracias a la amable invitación de nuestros compañeros del colegio oficial de ingenieros técnicos de Cataluña.

En tres minutos quiero hablarles de mi propia experiencia profesional, en el ámbito de la discapacidad, por cuanto entiendo que es relevante en lo que se refiere a los antecedentes de este encuentro.

He sido hasta mi prejubilación en Telefónica, hace ahora justo tres años, gestor de proyectos sociales y experto en TIC y Discapacidad.

Tuve la suerte de conocer el mundo de la discapacidad en 1994. Por entonces, sólo Telefónica se ocupaba de dar respuesta a las demandas de comunicación de las personas con discapacidad, entre otras razones obvias porque no había competencia.

Al principio fueron las cabinas adaptadas, allá por los sesenta. Luego fueron surgiendo adaptaciones e incluso simplemente explicaciones de uso de los teléfonos más polivalentes, ampliando el conocimiento de su potencialidad a personas con dificultades de audición o de visión. Pero habrían de transcurrir aún unos años más, hasta que en 1994, Cándido Velázquez Gaztelu, presidente de la compañía por entonces y concernido en lo personal, tuviera la intuición de las posibilidades de mercado de la discapacidad y de la diversidad de situaciones a las que nos enfrentamos las personas en nuestro día a día.

He vivido de manera apasionada el proceso de transformación en materia de discapacidad de la sociedad española en los últimos años. De los apenas 300 DTS para sordos, incompatibles entre sí en 1994, a los probablemente más de 15000 que existan en este momento y a las decenas de miles de móviles de los que hacen uso tanto las personas sordas como las personas del entorno de estas. De los apenas existentes servicios de telealarma y posteriormente servicios de teleasistencia no normalizados, a los más de 170.000 sólo en el ámbito de la financiación de las diferentes administraciones. De las personas gravemente incapacitadas en la movilidad, sin apenas posibilidades de comunicación, a ingeniosos sistemas de activación vocal, visual o de soplido.

Todo esto ha sido posible por varias razones. En primer lugar por el nivel de conciencia de todos; en segundo, por el empuje impagable de las propias personas con discapacidad.

De todo ello vamos a hablar en este encuentro.

Gracias a todos y bienvenidos”


1. – Desarrollo

El encuentro se ajustó con bastante rigurosidad a la agenda prevista. De los 19 ponentes, sólo uno de ellos no pudo asistir por encontrarse indispuesto:

Las empresas y/o instituciones representadas fueron:

- Telefónica Móviles
- Vodafone
- Orange
- Technosite
- Bioingeniería Aragonesa
- Indomo
- Inmomática
- Fiapas
- UPM
- UAB
- URJC
- Secretaría Telecomunicaciones Cataluña
- Fundación para la integración personas con discapacidad
- Instituto Biomecánica de Valencia

En el encuentro ha quedado de manifiesto que la discapacidad se puede entender desde todo punto de vista, incluido naturalmente el del mercado. ¿Cuantas personas con discapacidad reconocida hay en Europa? Tantas como para conformar un país de más de cuarenta millones de habitantes. Sin embargo, no es sólo eso. La discapacidad es una situación de diversidad, de las muchas que conforman la vida de las personas, en la que absolutamente todos nos podemos ver implicados. Es por ello, entre otras razones, por la que hay que tomar muy en serio la vinculación con las nuevas técnicas de comunicación.

La discapacidad se puede agrupar desde el punto de vista de las telecomunicaciones como:

- Discapacidad visual
- Discapacidad auditiva
- Discapacidad motriz
- Discapacidad cognitiva
- Personas de edad avanzada

En el año 2050 España será el país que tenga el mayor número de personas mayores del mundo (36%), con un 11% de personas mayores de 80 años. Empero vejez no es sinónimo de discapacidad. Lo cierto es que las personas vamos perdiendo capacidades según envejecemos: perdida de audición, visión y movilidad son prácticamente compañeras inseparables en nuestro caminar diario.

No obstante, el acercamiento de las personas con discapacidad y las personas mayores a las TICs es muy diferente. Las personas con discapacidad jóvenes aceptan la tecnología y la consideran como un factor muy importante de promoción de su autonomía personal. La aceptación de la tecnología por parte de las personas mayores es mucho menor, esta menor aceptación se achaca habitualmente a la dificultad de uso y la resistencia al cambio, si bien pudiera haber otros factores que juegan un papel de más importancia como la adecuación del diseño a las expectativas de este colectivo.

Sin embargo, uno de los tópicos es imaginar la discapacidad como una falta de capacidad para hacer algo. No es así. La capacidad tiene que ver con la voluntad y el propósito. Los medios y los instrumentos son las necesidades en función de la diversidad funcional de las personas.

Empero, como en todo, tal vez haya un exceso de novedades, simplemente por cuanto no hay sosiego para su asimilación: alfombras inteligentes, sin pilas, que detectan el estado de salud de las personas al entrar al cuarto de baño; textiles en las paredes de las casas que cambian de textura y de color en función del ambiente; teléfonos hiperinteligentes que controlan y supervisan nuestras constantes vitales, y avisan, advierten e incluso toman decisiones.

España está en todo. Tal vez se de un exceso de autocrítica, pero lo cierto es que se está en todo lo puntero y de manera determinante en ocasiones.

Probablemente el concepto que más haya calado y que de manera progresiva va tomando mayor fuerza es el de diseño para todos. Algo es accesible cuando se puede llegar a ello, y esto como es natural nos afecta a todos.

En España la penetración de la telefonía móvil es del 107%, y las líneas telefónicas móviles triplican a las fijas. El móvil no nos da mayor movilidad, pero sí nos da una mayor independencia. El móvil es justamente en este momento el centro de todo cuanto afecta a la diversidad funcional de las personas.

En el encuentro se ha puesto también de manifiesto el empuje de Telefónica, Vodafone y Orange en este sentido, con ingeniosas soluciones para personas mayores, niños, mujeres maltratadas, personas con movilidad reducida...

En este encuentro se nos ha vuelto a recordar la discapacidad tecnológica. En las empresas apenas se puede hacer ya nada sin el becario de 22 a 25 años, que hasta no hace mucho quedaba arrinconado haciendo fotocopias o trayendo el café. Ahora es imprescindible a la vez que objeto de deseo; un ordenador, un programa que se resiste. El becario al tiempo que escucha música, pone en marcha el programa que se desconoce, configura una nueva cuenta de correo, accede a la base de datos remota inaccesible para el veterano, por lo que:

Precisamos formación permanente

Para subsanar esta dependencia entre otros precisamos de formación permanente. El tiempo de formación de una persona desde la niñez a la universidad es de unas 60.000 horas, frente a las 1.500 que emplean como promedio las empresas para formar a sus empleados en toda la vida laboral de estos. Es imposible por tanto mantener a un profesional competitivo sin formación permanente. Conviene por tanto multiplicar al menos por tres el tiempo de formación, e incluir en ella la accesibilidad y el diseño para todos.

2 - Conclusiones

- Este es el primer encuentro en el que se pone de manifiesto el interés mayoritario del profesional de las telecomunicaciones en conocer el mundo de la discapacida

... (... continúa)
Lunes, 29 de Octubre de 2007 09:32 Autor: Francisco Limonche Valverde. #. Tema: TIC y DISCAPACIDAD No hay comentarios. Comentar.

EL CAMINO DE LA VIDA

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CUANDO CIERRO LOS OJOS, VEO MUY POCO
(verano de 1999)


Por:

Francisco Limonche Valverde


Cuando cierro los ojos me encuentro en oriente; cuando los abro, estoy en occidente.

¿Qué necesidad tengo de buscar la verdad, si cualquier acción a favor de los demás, contiene todas las filosofías; todas las religiones, el universo entero y al mismo Dios?

Vicente Ferrer, Andhra Pradesh – INDIA


1


Nada más descender del avión, me alcanza un golpe de aire caliente y plomizo. Hay calor acumulado, de atmósfera, de siglos y de personas. No hay piedad siquiera en los pasillos, pegajosos y agobiantes.

Tras más de doce horas de vuelo sin escalas, México me recibe con calor del Caribe.

Benito Juárez, aeropuerto de México D.F., un mundo de idas y venidas, de pasiones mexicanas y de temblor de esperas. De improviso me invade un súbito temor. Todas las reconvenciones y advertencias, de las que vengo sobradamente cumplido, hallan justificación, ante la heterogénea multitud, apenas contenida, de la muchedumbre expectante.

Dudo un momento, en decidirme a cruzar la línea de salida.

Lo hago, tratando de descubrir a Susana. No lo consigo. Venciendo la timidez que impone ser contemplado por tantas personas desconocidas, doy una descarada vuelta a lo largo del amplio semicírculo que forman las gentes.

Las gafas me resbalan; sudo. Apenas si distingo las figuras. Rostros expectantes, miradas de espera, miradas de amor contenido o de emoción sin reservas; miradas las más, que me confunden.

Un hombre de bigote generoso y sonrisa abierta llega hasta mí:

- Taxi, señor – me dice.

- No, gracias. Vienen a recogerme – respondo.

Sin embargo, Susana no llega, ni llegará. Una imprevista manifestación de protesta sindical, que corta el tráfico al aeropuerto, se lo va a impedir. Pero eso no lo sabré hasta tres horas después, acomodado ya en el Hotel Flamingos Plaza.

México D.F., es para mí el tópico de su gente, las rancheras, sus pirámides aztecas, la arquitectura colonial, sus satélites de telecomunicaciones; y, sobre todo, la Virgen de Guadalupe.

Quiero beber de la magia de los ojos de la Virgen Morenita: descubrir al indio Juan Diego en el fondo de su mirada; dejarme bañar por la luz de su manto y enredarme, henchido de amor, en el dulce sosiego de la protección divina.

Es este el viaje de mi vida, presuroso y con fecha de caducidad, pero no por ello con menor anhelo y gozo de futuro.

María, la Virgen Guadalupana, hace cosquillas en mi alma. La tengo en mí y quiero mirarla de frente, comérmela a besos y dejarme, al tiempo, seducir por este intenso amor que me quema los adentros.

Apenas llega Susana al hotel, lo primero que le pido, dada la profunda amistad que nos une, es que me lleve a La Basílica de la Virgen de Guadalupe:

- Quiero darle un beso a La Morenita. En todo el viaje no he hecho sino pensar en ello – le digo con vehemencia y emoción contenida.

Susana se sonríe:

- Chico, México D.F. no es Madrid. En esta ciudad circulan diariamente más de ciento veinte mil taxis, y unos cuatro millones de vehículos. La noche encierra peligros, y las distancias para ir de uno a otro lugar, se miden por horas. Además, a estas horas, La Basílica de Guadalupe se encuentra cerrada.

Finales de marzo de mil novecientos noventa y nueve. Llego a México, D.F. por razones profesionales, pero también a descubrirme por dentro. Sé que la Virgen me va a ayudar, de una vez por todas, a hallar el camino de mi vida. Ese camino, iniciado hace más de cuarenta y siete años, del que aún no he conseguido levantar siquiera un mapa trazado a mano.

En el fondo de mi ser, tan sólo pretendo hallar la senda que la mirada externa no percibe, y que preciso descubrir de una vez por todas, para no confundirme ni confundir, y para intentar salir, ya sea a tientas, de esta cueva que me oculta a la luz del día.

Bien es cierto que desde niño la bella madre me acompaña y me colma de amor. Ese amor que experimento en todo cuanto me rodea. Puedo apreciar el temblor de un sentimiento, dejarme llevar del dulce cascabeleo de una sonrisa. A veces, sin embargo, me cuesta quererme. Me cuesta ser sincero conmigo mismo. ¿No es absurdo ser enemigo de sí mismo o engañarse uno a sí mismo? ¿Cómo si no, justificar el absurdo de un dolor autoinfligido, por causas que no tienen otra razón sino temor a lo desconocido?

Confieso, no obstante, que este viaje hacia adentro me ocasiona una gran inquietud. La Virgen ha sido en cierta medida su inductora. Pero admito que latía en mí desde tiempo atrás. Ahora, llegado el momento, me temo que es cuando de verdad no sepa por dónde continuar.

Las prisas, incluso para morir, que parecen haberse adueñado de todos, ocultan antiguas tragedias, que se acumulan a las propias que se padecen.

Es tiempo de darse sosiego. Testimoniar nuestro amor a los que nos antecedieron, con la asunción de la causa de los antiguos dolores, aceptar sin más el nuestro, y llegar de una vez por todas a la paz.

Lloro por el dolor de los que ya se fueron y sufro por el de los que lo padecemos en estos momentos. Mis manos se contraen, compungido ante el espantoso silencio de la mirada de la muerte. Naciones, daos la paz, Tierra, llegad a la armonía. Niños, ¡dejad de sufrir¡, amores, ¡amaos¡, padres, ¡dad un beso a vuestros hijos¡ Hacerlo ya, no aguardéis otra eternidad. Vuestra ofuscación la estamos pagando con creces. Soy hijo de vuestros sufrimientos, como los míos los son de quienes me continúan. Pero hasta aquí hemos llegado. No doy un paso más sin saber qué se esconde tras este paraíso de dolor.

Voy a buscarte razón, como el crisol a la luz. He de hallarte de entre esta maraña de pensamientos, sensaciones, emociones y quejidos que me espantan. No me concentro; me miro y cierro los ojos, y aún sintiendo en mí las heladas manos del Padre Ferrer, me resulta del todo imposible hallar el oriente.

¿Cómo puede ser que, aún gozando del privilegio de los maestros, dude tanto y de tan continuo?

Empero, qué gran privilegio, beber de la sabiduría plena de amor de Vicente Ferrer. Tuve ocasión de conversar con él, durante el acto de su reconocimiento como mensajero de la paz, en Madrid, en mil novecientos noventa y ocho. Qué impacto tan duradero me produjo aquello.

Vicente Ferrer nos decía cosas sencillas, impregnadas de su magia de santo. La magia del que en realidad sabe que no sabe, y no obstante acepta en nombre de Dios todo cuanto intuye. Y esa intuición es la de la luz, la luz del amor que une en un todo a la eternidad y a sus humanas criaturas.

Vicente nos habló de los mayores, y de las personas que padecen de discapacidad, síquica, física, social o moral.

Vicente es tan tremendamente bueno, que acepta todo, incluso que tras esta no haya otra vida:

- Si es voluntad de Dios – dice.

Para mí, sin embargo, resulta de una provocación extrema, admitir que la persona que sufre de discapacidad o de dolor, encierre un diamante forjado en las manos del Creador. Porque de ser esto así, ese diamante se habría de hallar más oculto que el que de la luz de nuestros desvelos.

Es seguro que no complace al Cielo el sufrimiento; no obstante, esta vida no tiene otra razón de ser sino de búsqueda y perfección. A unos pareciera que la suya fuese una búsqueda sin complicaciones, dichosa incluso. A otros la búsqueda les implica un esfuerzo, que no se corresponde con la limitada capacidad asignada.

A veces no es posible dar un paso, por el dolor de la ausencia. Ausencia de los sentidos, ausencia de los abrazos; ausencia de la fuerza necesaria para caminar por este mundo, sin la ayuda precisa, que nos permita avanzar en el camino. Ese camino que de seguro nos ha de conducir al lugar al que todos debemos confluir, en algún momento a lo largo de nuestras vidas.

Vengo a México a encontrarme con gentes, que a su modo y manera, y tal como lo hago yo, se buscan a sí mismos a través de los demás. Son ellos, mis amigos hispanoamericanos, con los que en breve mantendré la dicha del encuentro, tan puestos, tan redichos, tan caballeros, tan señoras.

Nada ocurre porque sí. Lo he descubierto en el transcurrir de los años. El que yo y mis amigos hispanoamericanos nos dediquemos profesionalmente, a buscar soluciones que ayudan a las personas, no es algo que nos ocurra sin causa que lo justifique.

Toda mi vida la he pasado suplicando a Dios que me permita hacer algo útil por los demás. La ayuda al prójimo es un privilegio que hay que agradecer por partida doble. A Dios, en primer lugar, por tener la deferencia con nosotros, y a nuestros semejantes, en segundo lugar, por el honor que se nos otorga al compartir con quien de nosotros lo demanda.

La discapacidad no es algo que afecte a los demás. Afecta a todos. A quienes la padecen en mayor medida, y no ven, ni oyen, ni caminan o están locos o son viejos, o incluso todo a un tiempo. Afecta a todos, porque la peor de las discapacidades, es la del alma derrotada.

Susana sufre. Ella y yo sabemos porqué. Pero sublima su sufrimiento, en una atención sin límites hacia todos cuanto la rodean. Sufre por su pueblo mexicano, tan dispar, con gentes que padecen de raquitismo por una parte, o de las enfermedades del vecino del norte opulento, por la otra; con minusválidos que carecen de apoyo, con viejos a los que la ciudad mata de soledad; con la emigración, que hace de México, a pesar de ser el primer productor en plata y extremadamente rico en recursos mineros, el país del mundo en el que más gente sale fuera.

Y sufro, como ella, por no poder hacer algo más por mis semejantes. Colaboro con el sordo, mostrándole el teléfono de textos que le permite la comunicación

... (... continúa)
Lunes, 29 de Octubre de 2007 10:08 Autor: Francisco Limonche Valverde. #. No hay comentarios. Comentar.


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